Política

La lección de Rainiero de Mónaco

De una roca construyó uno de los lugares más glamourosos del mundo. Su receta de desarrollo merece ser validada.

EDITORIAL
El príncipe Rainiero de Mónaco ha fallecido ayer debido a afecciones bronco-pulmonares, cardiacas y renales en el Centro Cardio-Torácico después de una agonía de 16 días. A Rainiero lo sucede en el trono su hijo, el príncipe regente, bajo el nombre de Alberto II. De esta manera, la dinastía Grimaldi seguirá su reinado que se remonta a principios del siglo XIII cuando Francisco Grimaldi inició la generación real. El Principado de Mónaco nació en el siglo XIII, el 10 de junio de 1215, cuando la familia genovesa de los Gibelinos puso la primera piedra de lo que hoy es el Palacio principesco.

El esplendor, el glamour y la fantasía que posee el principado es obra en gran parte de Rainiero. Su matrimonio con la actriz estadounidense Grace Kelly, en 1956, puso a Mónaco en la tapa de todas las revistas del corazón del mundo entero. A partir de allí, Rainiero mediatizó su reinado al tiempo que se ocupaba de hacer de una roca diminuta del tamaño del Central Park de Nueva York una de las bellezas de la costa sureste de Francia. Su receta fue favorecer fiscalmente a sus propietarios y visitantes reduciendo impuestos abusivos y agilizando la entrada de capitales extranjeros.

Asimismo, Rainiero tenía ojos para los negocios. Heredó un trono en bancarrota y, lejos de amilanarse, tomó las riendas económicas de Mónaco, que se hallaban desde finales del siglo XIX en manos de la Sociéte des Bains de Mer, una empresa constituida por capitales privados franceses y la utilizó, con la asesoría del millonario griego Aristóteles Onasis, para incentivar la inversión extranjera. Luego abrió en 1960 la Oficina Monegasca de Inversiones Inmobiliarias, que se tradujo en múltiples compras de terreno. Ahí se construyeron gigantescas urbanizaciones, lujosos hoteles y complejos turísticos

En sus 56 años de reinado, Rainiero solucionó el problema de su carestía de territorio expandiendo sus dominios. Entre sus grandes victorias está haber hundido la estación del ferrocarril para construir edificios donde antes pasaban las vías férreas, y a punto de mazo y martillo levantar el dique más grande del mundo para ganar unas 34 hectáreas de terreno.

Hoy sus 32 mil habitantes tienen uno de los ingresos per cápita más altos de Europa, disfrutan de uno de los más famosos casinos del mundo, de una de las más célebres carreras de Fórmula Uno y de las joyerías más exclusivas. Según un estudio privado, entre 1975 y 1995, los ingresos de la economía del principado se multiplicaron en 10 veces.

Ayer Rainiero abandonó este mundo dejando una fortuna que se estima en 700 millones de euros. Amó y sirvió a su pueblo, que hoy lo llora y le rinde tributo. De este monarca podrían tomar nota muchos demócratas.

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