En pocos meses, la popularidad de Evo Morales bajó del 80 al 55 por ciento. Y uno de los temas más problemáticos de su gestión es la legalización del cultivo de coca, el sello distintivo de su trayectoria.La Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico de Bolivia ha detectado que los laboratorios se han duplicado desde que Morales asumió el poder
En pocos meses, la popularidad de Evo Morales bajó del 80 al 55 por ciento
El gabinete de Morales descubrió rápidamente que la legalización de la coca, materia prima de la cocaína, ponía al Gobierno en abierto conflicto con Naciones Unidas, es decir, prácticamente con toda la comunidad internacional.
Durante su campaña, Evo creyó que oponerse a la legalización era una posición mantenida principalmente por Washington y algunos países europeos, pero que Naciones Unidas iba a terminar apoyando el proyecto.
Sin embargo, el problema es mayor y más complejo. Bolivia es país signatario de los tratados internacionales sobre prohibición de estupefacientes. Esos tratados incluyen los productos de donde se extraen las sustancias narcóticas o enervantes. Por eso, Naciones Unidas teme que la comercialización de derivados de la coca incremente peligrosamente la cosecha cocalera andina y aumente también la elaboración ilícita de la cocaína.
Durante sus años en la oposición, Evo Morales insistió en que los campesinos cocaleros entendían perfectamente el problema e iban a reducir voluntariamente la producción de coca en exceso.
Según la visión del ahora presidente y sus seguidores, los campesinos que siembran coca incrementan las cosechas para satisfacer la comercialización lícita de derivados de la coca, pero no iba a excederse ya que supuestamente no querían alimentar la producción de cocaína. Esa óptica se desvaneció rápidamente.
Por caso, la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico de Bolivia ha detectado que los centros de refinamiento de la cocaína (los “laboratorios”) se han duplicado desde que Morales asumió el poder. En el 2005, ese grupo de elite destruyó 2.575 “laboratorios”, pero en los primeros seis meses del 2006 descubrieron más de 2.000.
Mientras Evo destaca que el incremento es fruto de un esfuerzo gubernamental mayor contra el narcotráfico, los agentes antinarcóticos discrepan de las conclusiones oficiales.
Morales confía ahora en que un gravamen a la coca va a controlar el exceso de producción y va a impresionar además a la comunidad internacional.
Sin embargo, la realidad indica que la producción de coca se disparó en Bolivia y consecuentemente se disparó también la elaboración de cocaína. Esas son malas noticias para la comunidad europea y para los Estados Unidos.
Evo teme,según la cronica del periódico argentino Info Bae.com, que el exceso de cocaína fuerce a Washington a “desertificar” a Bolivia, es decir, dejar de considerar a su gobierno como aliado en la lucha contra las drogas, decisión que conllevaría a la pérdida de la condición especial que hoy disfrutan las exportaciones textiles bolivianas.
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