El espectáculo reciente de esto viene de Birmania, donde el deseo del pueblo de libertad de largas y asfixiantes noches de control totalitario es una vez más aplastado de manera brutal.
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Jueves, 21 de mayo 2026

El espectáculo reciente de esto viene de Birmania, donde el deseo del pueblo de libertad de largas y asfixiantes noches de control totalitario es una vez más aplastado de manera brutal.
Salim Mansur
Una y otra vez somos testigos de brazos armados de sociedades en las que la fuerza está aplastando el deseo de libertad. Una y otra vez somos testigos de deseos de libertad sofocados, pero reuniendo fuerza de nuevo para ser escuchados a pesar de la predecible respuesta de tiranos y dictadores.
El espectáculo reciente de esto viene de Birmania, donde el deseo del pueblo de libertad de largas y asfixiantes noches de control totalitario es una vez más aplastado de manera brutal. Los monjes budistas de cabeza afeitada vestidos con túnicas azafrán, comprometidos a una vida de pobreza y libres de deseos terrenales, tomaban las calles de Rangún, capital de Birmania, en pacíficas protestas contra los incrementos de cinco en cinco en los precios de bienes esenciales que castigan a la población general que vive en su mayoría en condiciones económicas miserables.
Elijo mantener los nombres de “Rangún” o “Birmania” en solidaridad con los birmanos que buscan la libertad, en lugar de utilizar los nombres “Yangon” y “Myanmar” adoptados en 1989 por los criminales Generales en el poder.
Estas protestas recientes encabezadas por los monjes coincidían con el décimo noveno aniversario del movimiento popular del 8 de agosto de 1988 contra el colectivo criminal militar en el poder. El movimiento de 1988 también fue organizado por monjes y estudiantes, y condujo a una demanda cada vez más intensa de libertad y democracia. El levantamiento fue aplastado por el ejército al mes siguiente con una pérdida de vidas humanas estimada por colectivos de derechos humanos en más de 3000.
Pero el movimiento de 1988 en favor de la democracia trajo a la primera línea política a Aung San Suu Kyi, de 43 años entonces, e hija del héroe nacional de Birmania asesinado Aung San. Igual que Nelson Mandela pasó a ser la cara de la lucha por la libertad de Sudáfrica, Aung San Suu Kyi ha llegado a ser la cara de los sacrificios de Birmania por la libertad frente a las enormes inclemencias en casa y la falta de preocupación internacionalmente por un país distante del que no se sabe mucho.
El movimiento de 1988 aplacó en parte al colectivo militar en el poder y los generales organizaron unas elecciones en 1990, en las que Suu Kyi, a pesar de encontrarse bajo arresto domiciliario, ganó holgadamente encabezando su partido, la Liga Nacional por la Democracia (NLD). La élite militar, sin embargo, rechaza reconocer los resultados electorales, mantiene bajo arresto domiciliario a Suu Kyi, y con el estratégico apoyo de China, sigue haciendo de los birmanos presos en su propio país.
En 1991 a Suu Kyi le fue concedido el Premio Nobel de la Paz, pero los generales permanecieron impasibles. El jefe de la junta militar, el General Than Shwe, de 73 años, y sus socios, siguen decididos a negar a Suu Kyi y a la Liga Nacional la posibilidad de liberar a Birmania de sus presentes cadenas. Demostrar que sus palabras de apoyo no son simplemente vaguedades sin importancia depende de las democracias de Occidente mientras Birmania es estrujada en los puños de tiranos, dado que Naciones Unidas es una asamblea fachada en las que los sinvergüenzas del mundo se reúnen con impunidad y ridiculizan a las democracias. El Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, tiene una oportunidad de oro para emular al ex primer ministro Brian Mulroney y su papel a la hora de lograr que Mandela caminase libre de nuevo. Harper podría dar la cara para encabezar una campaña encaminada a cubrir las necesidades de Birmania.
A los canadienses les cabe esperar que tal dirección dé lugar a un esfuerzo coordinado por parte de las democracias para suspender todos los lazos externos con los generales birmanos, imponer la influencia de Occidente sobre China y Rusia y los vecinos de Birmania para romper las paredes carcelarias de Aung San Suu Kyi y su pueblo, y repetir el papel de Canadá en el logro de la libertad de Sudáfrica. El Dr. Salim Mansur es profesor residente de Ciencias Políticas en la Universidad de Ontario y director de la sede en Canadá del Centro para el Pluralismo Islámico.
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