“Tal vez sea hora de congelar la ronda de “liberalización” comercial de Doha. Esa es la conclusión a la que he llegado como consecuencia de una reunión de ministros de comercio en Dalián, China, dirigida a sacar del atolladero las negociaciones iniciadas en el 2001 en Doha, la capital de Qatar. Entonces, el objetivo era reducir las barreras comerciales en cuatro años. En Dalián, la esperanza era llegar a alguna conclusión en el 2006″.
Alan Oxley
Tal vez sea hora de congelar la ronda de “liberalización” comercial de Doha. Esa es la conclusión a la que he llegado como consecuencia de una reunión de ministros de comercio en Dalián, China, dirigida a sacar del atolladero las negociaciones iniciadas en el 2001 en Doha, la capital de Qatar.
Entonces, el objetivo era reducir las barreras comerciales en cuatro años. En Dalián, la esperanza era llegar a alguna conclusión en el 2006.
Sólo que las conversaciones no lo hicieron. No hay a la vista ninguna reducción significativa de las barreras comerciales mundiales. La elección de la Organización Mundial de Comercio es acordar hacer muy poco, o bien acordar no hacer nada. Mejor congelar las cosas como están que encubrir el fracaso de derribar las barreras comerciales con infraestructura burocrática, como quedó patente en Dalián.
Los ministros de comercio allí, por ejemplo, informaron: “Tenemos la estructura mínima necesaria del pilar de competición en la exportación preparada”. Traducción: La Unión Europea y los Estados Unidos abandonarán directamente los subsidios a las exportaciones de productos agrícolas”. Suena bien, considerando que los países en desarrollo han dicho que los subsidios agrícolas en la UE y en Estados Unidos estaban dañando su comercio agrícola, ¿no?
Sólo que la UE y Estados Unidos ya no practican un gran subsidio a las exportaciones directamente más. En su lugar, emplean billones de dólares en subsidios generales a los granjeros. Y no hubo acuerdo en Dalián acerca de hacer algo serio con respecto a eso.
No me entienda mal. El proteccionismo comercial está extendido, particularmente en el mundo en desarrollo.
El Banco Mundial informa que los aranceles a los bienes industriales en el comercio mundial son aproximadamente tres veces superiores en el mundo en desarrollo que en los países ricos, el 15% en comparación con el cinco por ciento. Sería bueno derribar estas barreras.
Pero reducir estos aranceles ni siquiera se debate directamente en la ronda de Doha, como si fuera vergonzoso, como un invitado que eructara en la mesa. En realidad, estas negociaciones comerciales son descritas como lo que no cubre la “NAMA” – Acceso al Mercado No Agrícola. (Nunca he dilucidado porqué).
¿Y cómo van las cosas allí? Más jerga de Dalián: “Hacia el final del debate, hubo algunas indicaciones de que podría explorarse en profundidad la posibilidad de una fórmula suiza con un par de coeficientes que acomodaran las preocupaciones específicas”. ¿Qué? El significado de esto: las cosas no están yendo a ninguna parte. Los “coeficientes” para “acomodar preocupaciones específicas” se resumen en que un gran número de países en desarrollo creen que no deberían recortarse las barreras comerciales – en resumen, no a la liberalización comercial, el tema completo de las conversaciones – en absoluto.
Estos países, apuntalados por Oxfam entre otras ONG anti-comercio, argumentan una creencia mercantilista de que reducir las altas barreras comerciales en los países ricos es la clave del crecimiento de los países más pobres.
Eso simplemente no es así. Los países pobres no incrementarán su comercio a menos que puedan competir. Como ha demostrado la reciente apertura de los mercados textiles y de consumo en la UE y en Estados Unidos, a menos que sean tan competitivos, China incrementará el comercio. Y sus barreras comerciales evitan que sean competitivos.
Un sector de servicios competitivo – transporte eficaz, distribución, telecomunicaciones y banca — es cada vez más importante para el crecimiento. La mayoría de los países en desarrollo simplemente no lo pillan. En su lugar, creen que las barreras tienen sentido completamente, tras la pista de la reciente insistencia de Francia en que el programa interno de la UE para liberalizar los servicios se congele.
No hay duda de qué concluyeron acerca de esto los ministros en Dalián, en quizá su declaración más clara: “las ofertas (para reducir las barreras) hasta el momento están aún por debajo de nuestras expectativas”.
¿Pero qué es nuevo, en realidad? Las cosas en las negociaciones de la WTO de Doha llevan saliendo mal desde que comenzaron. Los negociadores han intentado crear dispositivos de procedimiento para sacar adelante las cosas junto con una reunión de los ministros de la WTO programada para diciembre en Hong Kong. Se suponía que la reunión de Dalián iba a dar forma a una “aproximación” a un acuerdo que zanjaría la nueva ronda comercial a finales del 2006.
En lugar de hacer eso, ha retrocedido a la jerga de que significa en sí misma una erosión de la mera idea central y el propósito de la WTO – liberalización comercial. En lugar de pedir eso, la declaración de Dalián afirma, “La dimensión del desarrollo debería integrarse sustancialmente en todo área de negociación”.
¿Y cuál es “la dimensión del desarrollo”? Para un gran número de países en desarrollo, y para los miembros africanos de la WTO en particular, significa “no reduciremos las barreras comerciales”.
Desafortunadamente, los países ricos cortejan este proteccionismo y sentimiento mercantil tolerándolo. Dan a los países pobres “acceso preferencial” a sus mercados. Pero en lugar de ayudar a los países pobres, tal acceso preferencial les perjudica. Lleva a ajustes económicos en los países pobres que les lleva a pasar a ser tan ineficaces como las industrias que protegen los países ricos. En conjunto, la expansión de la ineficacia hace más pobres a todas las naciones.
El director general de la WTO, Supachai, debería manifestarse contra esta “dimensión del desarrollo”, pero en su lugar se informa que dialoga con ONGs como Oxfam o la Third World Network, que impulsan la idea, dándoles acceso a la jefatura de la WTO.
El problema básico de la WTO es que no hay negociación en lo que importa – reducir la protección. En su lugar, engaña y brinda una plataforma para hacerlo a aquellos que quieren engañar. Hasta que quede claro que hay una verdadera disponibilidad a liberalizar el comercio, no a gestionarlo, la ronda de Doha debería congelarse. Ningún resultado sería peor que el pobre resultado “de integrar la dimensión del desarrollo” en acuerdos e impulsar el proteccionismo en lugar de reducirlo.
Alan Oxley es editor de la página de Asia Pacífico de Tech Central Station y ex embajador ante la GATT, predecesora de la WTO.
Fuente: TechCentralStation