Política

Pascal Lamy y el desafío de asumir los retos de la OMC

“Los negociadores comerciales se consideran tipos de acción más que diplomáticos, pero la OMC se encuentra aún en el cocktail comercial y el circuito de conferencias. La persuasión puede llegar lejos. Pascal Lamy es persuasivo. Es por lo que ha emergido como favorito a ser declarado director general a finales de esta semana.”

Libre Comercio
MELBOURNE, Australia — Si
los cotilleos en los pasillos de Ginebra están en lo cierto, la OMC está a punto
de convertirse en la “ay vaya” o la “ups, allá vamos de nuevo” Organización
Mundial de Comercio. Parece probable que Pascal Lamy, el ex Comisario de
Comercio de la UE, sea seleccionado como nuevo director general de la
OMC. 
 

Aquellos cuyos intereses no serán
satisfechos con este director general — como la mayor parte de la economía
norteamericana — no están bloqueando el consenso para apoyar su candidatura. La
Oficina del Representante Comercial norteamericano debería estar
presionando.


 


Los negociadores comerciales se
consideran tipos de acción más que diplomáticos, pero la OMC se encuentra aún en
el cocktail comercial y el circuito de conferencias. La persuasión puede llegar
lejos. Pascal Lamy es persuasivo. Es por lo que ha emergido como favorito a ser
declarado director general a finales de esta semana.


 


Esto no es un abucheo. Lamy es
bueno. Tiene base. Pero es el tipo de base que mete en problemas constantemente
a Europa y que separa a Estados Unidos de Europa. Es uno de esos pensadores
europeos (no, francés) para los que los principios son un inconveniente
intelectual, no un punto de referencia.


 


El año pasado, Lamy redactó un
texto sobre política comercial que acomodaba la defensa de la globalización y la
acusación [contra ella]. ¿Cómo haces eso?. Crea una idea incoherente y afirma
que hace las dos cosas. Su idea era permitir que los gobiernos nacionales
dejaran a un lado los compromisos legales internacionales del libre comercio
cuando “las preferencias colectivas” de una nación, determinada no obstante,
decretaran que debe ocurrir así.


 


Este estilo de pensamiento no
parece importar en la UE. Adóptese una divisa europea. Fíjense reglas sobre la
cantidad de deuda que los países pueden contraer para no minar la divisa. A
continuación, ignórelas. Expándase la Comunidad Europea con su Mercado Único a
diez nuevos miembros. A continuación, niegue libertad a la mano de obra de esos
países para trabajar en cualquier país del Mercado Único.


 


Ir tirando es lo que importa en
Europa, no los principios básicos. Éste ha sido siempre el enfoque de la UE en
la OMC. Aprecia la OMC como organización que gestiona problemas comerciales
anacrónicos con grandes jugadores, como Estados Unidos, Japón, y ahora China, no
como organización que exige que los grandes jugadores se ciñan a las normas del
libre comercio.


 


Así que cuando la UE anima a
presionar desde el World Wide Fund for Nature para derrocar las normas del libre
comercio con el fin de utilizar la coacción comercial para forzar [la entrada en
vigor] de los estándares medioambien
tales o desde los sindicatos
organizados u Oxfam con el fin de utilizar la coacción comercial para forzar [la
entrada en vigor] de normas laborales, pide al resto del mundo que vaya tirando.
No dice a esas ONGs que las normas de la OMC impiden eso.


 


Así que, ¿por qué debería La
india, China o Estados Unidos estar satisfechos de tener a alguien que cree eso
como jefe de la OMC?.


 


La India y China pueden calcular
que Lamy se doblegará a sus intereses. Si lo hacen, cometerán un error garrafal.
Doblegarse bien puede significar acomodar políticas de ONG para castigar a los
países en desarrollo por no adoptar los estándares laborales o medioambientales;
o retractarse de compromisos de eliminación de aranceles sobre ropa y textiles;
o limitar la liberalización de la agricultura para cumplir los estándares
sociales europeos.


 


Tal vez calculan que debilitarán
la capacidad de la OMC para implementar los estándares de la propiedad
intelectual musical y excluir a los países en desarrollo de reducir los
impuestos aduaneros. Si su pista es acomodar, no aguantar, eso bien puede
suceder.


 


“Oh, vaya, la OMC” ciertamente
será el resultado. Todos pierden entonces.


 


Alan Oxley es ex presidente
del GATT y colaborador de la página de Asia-Pacífico de Tech Central Station.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú