Ucrania conmemora 20 años de la mayor catástrofe nuclear de la historia
“(Mijaíl) Gorbachov miente cuando dice que su gestión de la crisis fue transparente”, aseguró Alexéi Símonov, presidente de la Fundación de Defensa de la Glásnost, política de transparencia informativa propugnada durante la Perestroika. El primer y último presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, tardó tres semanas en hablar públicamente sobre el accidente en una intervención por televisión, ya que antes “no tenía claro qué es lo que había pasado”, aduce.
LA ALERTA SUECA
Símonov se pregunta qué hubiera ocurrido si las autoridades suecas, a más de mil kilómetros de distancia, no hubieran alertado 48 horas después a otros países occidentales sobre un aumento de la radiación por la cadena de explosiones sufrida por una central nuclear en Ucrania, en la frontera con Bielorrusia.
En un primer momento la televisión soviética rebatió los comentarios de la prensa occidental, que informaba de niveles de radiación 90 veces superiores a los documentados en Hiroshima 41 años antes, y mostró imágenes de la central en perfecto estado.
El diario “Izvestia”, antiguo órgano del Estado soviético, fue el primero en informar sobre la avería en uno de los reactores de Chernóbil con una escueta nota de ocho líneas del Consejo de Ministros de la URSS en una esquina de su primera página.
El uno de mayo, con ocasión del Día del Trabajo, decenas de miles de personas salieron a la calle en Kiev, a 140 kilómetros al norte de la planta, para manifestarse ignorando que la nube radiactiva ya sobrevolaba toda la región.
“Pravda”, antiguo órgano del Partido Comunista, acusó a Occidente el 4 de mayo de propagar “infundios” para desviar la atención de la comunidad internacional de “la política militarista de los imperialistas”. El 6 de mayo las autoridades soviéticas dieron la “buena nueva” de que la situación en relación a la “contaminación radiactiva” en Ucrania y Bielorrusia “se estabiliza con tendencia hacia la mejora” y aludieron por primera vez a una zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor de la planta. Al día siguiente, el Ministerio de Asuntos Exteriores cifró en dos los muertos por el accidente y en 204 los hospitalizados con “diversos grados de contaminación radiactiva”.
El 9 de mayo, en Ucrania se celebró una competición ciclista internacional, mientras decenas de miles de “liquidadores” -bomberos, estudiantes, soldados, funcionarios y voluntarios- fueron movilizados para combatir las secuelas de la catástrofe. Sin indumentaria ni aperos especiales, los “liquidadores” recogieron con las manos los restos de hormigón y grafito radiactivos del tejado y limpiaron con trapos húmedos el barro radiactivo en el interior de la planta atómica.
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