Esta noche juegan en el Santiago Bernabéu el Real Madrid y el Olympique de Marsella. Parece que sólo es el segundo partido de la fase de grupos de Champions League. Y es así excepto para un jugador: Fernando Morientes, que vuelve a una casa donde fue muy feliz durante siete años y consiguió los mayores logros de su carrera deportiva.
Por tercera vez equipo
En la temporada 1997-98 llegaba al Real Madrid un chaval de 21 años procedente del Zaragoza donde había 28 goles en 66 partidos. Se puso el mundo por montera y a base de tantos le quitó el pueso a Davor Suker.
Durante cinco años ganó dos ligas, tres Copas de Europas y fue la referencia que buscaron los demás para meter gol. Pero, de repente, llegó Florentino Pérez, se enramoró de Ronaldo, lo fichó del Inter y dio orden de que se apartara del equipo al Moro. Su sexto año fue un calvario.
Pero la pena se convirtió en alegría en el Monaco. Junto a Giuly formó una dupla atacante que dio miedo a toda Europa y por todos los campos por donde pasaban. Fue una pieza clave para que el equipo monegasco llegara hasta la final de la Champions.
Su nueva estancia en el Madrid duro seis meses porque Florentino seguía pasando de él. En enero, hizo las maletas y se marchó al Liverpool de donde había venido Michael Owen en verano. Regresó a España año y medio después para jugar en las filas del Valencia, pero algunas lesiones y la mala suerte le privó de tener más minutos.
Otra aventura gala.
El pasado verano fichó por el Olympique entrenado por su amigo Deschamps, entrenador en aquel Mónaco en el que estuvo el delantero. Hasta el pasado fin de semana no fue titular (lo agradeció marcando en el minuto 13) y no apunta a titular para hoy, pero con Didi en el banquillo todo es posible.
Amarago recuerdo.
Morientes ya visitó el Bernabéu con la camiseta de un equipo francés. Fue en la temporada 2003-04 y el Madrid ganó 4-2 anotando el español el segundo gol monegasco. Su participación será recordada amarga por ese gol y otro que marcó en al vuelta eliminaron a los blancos. Sin embargo, el Moro fue aplaudido en aquella ocasión y, si hoy juega, también lo será.
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