Las Damas de Blanco surgieron tras la Primavera Negra que llevó a la cárcel a 75 periodistas, bibliotecarios y activistas cubanos en 2003. Hoy siguen desafiando pacíficamente al poder del estado.
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Viernes, 09 de octubre 2026
Las Damas de Blanco surgieron tras la Primavera Negra que llevó a la cárcel a 75 periodistas, bibliotecarios y activistas cubanos en 2003. Hoy siguen desafiando pacíficamente al poder del estado.
Alvaro Vargas Llosa
Praga—Poco antes de venir a Praga, participé de una video conferencia con las Damas de Blanco, esposas y hermanas de los prisioneros de conciencia cubanos. No puedo contar los aspectos logísticos, pero estuvieron representadas por sus figuras más conocidas, incluidas Laura Pollán y Miriam Leyva, y acompañadas por ex prisioneros como el economista Oscar Espinosa. Se reunieron en algún lugar de Cuba para charlar con Mario Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner y yo, ubicados en una sala al otro lado del Atlántico.
Las Damas de Blanco surgieron tras
Durante la conversación, criticaron a los Castro con nombre propio. Explicaron que el gobierno ha enviado a sus familiares a prisiones remotas y describieron las horrendas condiciones en que los mantienen. Contaron, orgullosas, que los presos no han claudicado. Una de ellos, Fidel Suárez Cruz, se enfrenta constantemente a sus carceleros por las privaciones de sus compañeros.
Leyva y Pollán deploraron la reciente decisión de
¿Qué hay respecto de las reformas de Raúl Castro que permiten a los cubanos adquirir teléfonos celulares, computadoras y electrodomésticos, y hospedarse en hoteles turísticos? Se hablaba incluso de otorgar tierras a los agricultores para que pudiesen cultivarlas a título privado. “Las reformas han sido congeladas”, dijo Espinosa. “El gobierno está persiguiendo a los cubanos que se ganan la vida con negocios ilegales. No hay reforma. Hay una contrarreforma.” Las autoridades han impuesto más de 50.000 multas y clausurado decenas de fábricas clandestinas.
En respuesta, ha habido incidentes de violencia. “En algunos lugares, existe una situación casi anárquica”, según Espinosa, “con gente que arroja piedras a los autobuses, destruye teléfonos públicos y se roba cables de las torres de alta tensión”.
No hay forma de corroborar todos los datos, pero el Parlamento Europeo ha otorgado el Premio Sajarov a las Damas de Blanco por su coraje. Aun así, no han recibido el reconocimiento mundial que grupos similares cosecharon en otros países, incluidas las Madres de Plaza de Mayo en
Caminando por la plaza Wenceslao, en Praga, me detengo frente a dos placas que honran a las víctimas del comunismo checo. Una de ellas está dedicada a Jan Palach, el estudiante que se prendió fuego en 1969 para impugnar la ocupación soviética. El mastodonte totalitario checo se desmoronó gracias a personas cuyos pequeños actos de rebelión tuvieron un efecto acumulado que superó su impacto inmediato.
Ese efecto sólo se hace evidente cuando el colapso del sistema crea un vacío moral que alguien debe llenar. En tales momentos, los países recurren a su reserva moral. La reserva moral, en el caso de Checoslovaquia, era el grupo de intelectuales conocido como
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