Todos condenan el secuestro de Betancourt
Álvaro Uribe, el presidente de
Colombia, siente que es el momento de asestar el golpe definitivo a las
FARC, y no parará “hasta que todos los rehenes queden
liberados”.
La muerte de “
Tirofijo“, de
Raúl
Reyes, la entrega voluntaria de “
Karina“, la falta de
liderazgo de “
Cano“, las infiltraciones del ejército
colombiano, los datos que, públicamente, les han relacionado con
ETA y
Gadafi, y le han quitado la careta a sus
aliados encubiertos, los populistas
Chávez,
Correa
y
Ortega.
El 2008 ha sido el peor de los 44
años de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el
mejor año de la política de seguridad democrática del presidente
Álvaro
Uribe Vélez, puesta en marcha en 2002.
Apoyo desde los
cinco continentesEl ex presidente español
José María
Aznar afirmó este jueves que “es un gran día para la causa de la
libertad” y para quienes creen en la “derrota del terrorismo” y “nunca lo han
hecho en la claudicación, las políticas de apaciguamiento y la negociación
política con los terroristas”.
Aznar felicitó al
presidente de
Colombia por una operación militar que, en su
opinión, demuestra que se puede vencer al terrorismo con “determinación, firmeza
y aplicando con todo rigor la
ley”.
Naciones Unidas y la
Unión
Europea han pedido la liberación incondicional de todos los
prisioneros. El Alto Representante de la
Unión Europea,
Javier Solana, ha expresado igualmente su deseo de que “todos
los secuestrados sean puestos en libertad cuanto antes”.
En
Estados Unidos,
John McCain ha anunciado que
“ahora debemos renovar nuestros esfuerzos para liberar a todos los otros rehenes
inocentes”, y
Barack Obama ha prometido que “haré todo lo
posible para asegurar el éxito de futuros esfuerzos para liberar a los rehenes
de las
FARC y para derrotar a esta organización
terrorista”.
García y
Calderón,
presidentes de
Perú y
Colombia, han mostrado
su apoyo sin fisuras a
Colombia.
García avisa
de que “frente a la violencia no hay negociación posible” y
Calderón ofrece su reconocimiento a la estrategia “para
afianzar la legalidad y el orden, lo cual fortalece la vida democrática y la
convivencia social de Colombia”.
El presidente de
Venezuela,
Hugo Chávez, también parece haber
dejado de lado los permanentes desplantes a
Colombia y ha
felicitado a
Álvaro Uribe por el rescate de los secuestrados.
Finalmente, Colombia no ha necesitado de la mediación de
Chávez
para liberar a
Betancourt, quien hace dos años
aprovechó esta excusa para llegar a acuerdos con el grupo
terrorista.
Betancourt: emocionada e
institucional
Las primeras declaraciones a los medios de
Ingrid Betancourt fueron sencillas, casi frágiles. “Acompáñenme
primero a dar gracias a Dios, a la Virgen, mucho me imaginé este momento con mi
mamita… no más llanto. A Dios primero; segundo, a todos ustedes que me
acompañaron en mis oraciones, que pensaron en mí, que me tuvieron en sus
oraciones, que de pronto tuvieron compasión de nosotros los secuestrados, que
nos hicieron vivir en sus vidas a todos ustedes colombianos, que rechazaron el
que la única solución fuera esperar”.
Pero en pocos minutos, una
Ingrid Betancourt con mejor aspecto de lo que se había visto en
las fotos, donde exhibía una delgadez extrema, cambiaba su gesto para dirigir
unas palabras casi institucionales. “La operación fue perfecta. Les pido a los
colombianos que creamos en este Ejército nuestro, porque nos va a llevar a la
paz” y se refirió “al presidente Uribe, que supo jugársela por
nosotros”.
Ingrid Betancourt reclamó al presidente
ecuatoriano y al venezolano “que ayuden a construir vínculos de confianza” y
conseguir “liberaciones unilaterales”.
Según los ordenadores de
Raúl Reyes,
Rafael Correa recibió 100.000
dólares de las
FARC para su campaña electoral y
Hugo
Chávez pagó a los terroristas colombianos 300 millones de dólares para
que entrenasen a sus paramilitares y les proporcionó dos puertos francos, el del
Orinoco y el de Maracaibo, para que pudieran recoger las armas
que les enviaban unos traficantes australianos.
Cuando
Ingrid
Betancourt vio a sus hijos después de seis años no pudo dejar de
reconocer que había sido a “algo parecido al paraíso”. “Doy gracias a Dios por
este momento tan bello…Son mis niñitos, mi luz, mi luna, mis estrellas. Por
ellos seguí con ganas de salir de la selva”, afirmó Betancourt visiblemente
emocionada.
Hacía mucho tiempo que
Lorenzo y
Mélanie no veían a su madre. Ella definió el momento como “el
más feliz”, pero no dejó de recordar que el “combate por la libertad” no ha
hecho más que comenzar. Junto Mélanie, llegó su primer marido
Fabrice
Delloye y después se incorporó el actual,
Juan Carlos
Lecompte y su hermana
Astrid.