Política

Maria San Gil

Ante la última manifestación del terror etarra, las declaraciones de la presidenta del PP del País Vasco, María San Gil, cobran especial valor.

editorial
El coche bomba cargado con 40 kilos de explosivos que estalló en el barrio
vizcaíno de Las Arenas, en Getxo, ha sido un lamentable recordatorio de dos
sucesos muy recientes.

Por un lado, subrayó brutalmente las palabras del
parlamentario de Sozialista Abertzaleak, Arnaldo Otegi, quien advertía poco
antes del atentado que “el proceso de paz no existe” y que en Euskal Herria “el
conflicto sigue”. Por otro lado, ETA le envía un atemorizante mensaje al fiscal
de la Audiencia Nacional española, Juan Moral, por haber solicitado al juez
Baltasar Garzón que procese por “integración en ETA” a 35 personas que, en algún
momento de su trayectoria política, han formado parte de las estructuras
organizativas de la ilegalizada Batasuna.

En medio del rechazo y la
indignación de la sociedad española ante esta nueva manifestación del terror
etarra, cabe valorar las declaraciones de la presidenta del PP del País Vasco,
María San Gil, al condenar el atentado de Getxo afirmando que “quienes con una
mano han votado el plan (Ibarretxe) con la otra mano han puesto una bomba”, en
alusión a Batasuna y a ETA. La presidenta de los populares vascos insistió en
señalar que quienes se escudan en el Plan Ibarretxe, “el único lenguaje que
saben hablar, es el de las bombas”.

Por este motivo, la presidenta del PP
vasco opinó que “la firmeza democrática sigue siendo absolutamente necesaria en
estos momentos” y agregó que “no se puede seguir intentando crispar y romper a
la sociedad ni por medio de un plan que divide a los vascos ni por medio de
bombas que generan miedo e incertidumbre”. Y es que, como lo señala San Gil, no
hay sitio para las falsas expectativas creadas por la semántica terrorista del
lendakari sobre un posible “cambio de escenario”.

Las declaraciones de
San Gil merecen ser consideradas por varias razones. En primer lugar, les recuerda
a quienes todavía no lo tienen del todo claro que el Plan Ibarretxe está escrito
con la sangre de los muertos de ETA y que por esa razón debe ser combatido desde
la firmeza y la legalidad de la Constitución de 1978. En segunda lugar, su
llamado a no claudicar frente a la ilegal propuesta de ruptura nacional del
nacionalismo vasco debe ser apoyado y en tercer lugar, porque asume el protagonismo que le
corresponde en las filas de los populares vascos.

De ahí que sería
loable otros líderes del PP la apoyaran reforzando su liderazgo y su presencia
pública. El coraje y el trabajo de San Gil y sus compañeros lo merecen, como
también lo merece la memoria de ese gran político popular vasco que fue Gregorio
Ordoñez, de cuyo asesinato cometido por ETA se van a cumplir este mes diez años.
Entonces, la sociedad vasca intuyó que la alternativa democrática estaba ahí.
Por eso Eta le mató. María San Gil tiene ahora el testigo. Necesita todo el
apoyo y todo el protagonismo.

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