El escritor Mario Vargas Llosa insistió en que es preferible una democracia con defectos a una dictadura y reiteró su rechazo a los gobiernos presididos por el dictador Fidel Castro en Cuba y Hugo Chávez en Venezuela. Lamentó el hecho de que, “por culpa de los sentimientos nacionalistas,” Latinoamérica no haya logrado forjar “un bloque unido, político y económico,” y en este sentido no haya llegado al nivel de respeto que goza la literatura del subcontinente.
Vargas Llosa confiesa que odia los gobiernos de Castro y Chávez
“La peor de las democracias es preferible a la mejor de las dictaduras”, dijo en una conferencia desarrollada en Amán denominada “Confesiones de un novelista”, organizada por el Instituto Cervantes y la embajada de España, en Lima, Perú.
El reputado escritor también lamentó el hecho de que, “por culpa de los sentimientos nacionalistas,” Latinoamérica no haya logrado forjar “un bloque unido, político y económico,” y en este sentido no haya llegado al nivel de respeto que goza la literatura del subcontinente.
“La emergencia de la literatura latinoamericana en el mundo se debió a razones políticas más que culturales,” dijo tajante, y agregó que “la revolución cubana actuó como un catalizador para la literatura en aquellos días, porque los europeos, y en especial los franceses, y aún más la izquierda francesa, concedía una atención particular a la revolución cubana como si fuera algo legendario,” afirmó.
El evento, centrado en la forma como los acontecimientos políticos influyen en la literatura, sirvió para que el novelista descargara nuevamente sus baterías contra los gobernantes a los que cuestiona habitualmente.
“Odio las dictaduras como las de Castro y Chávez”, enfatizó, pese a que reconoció que la Revolución Cubana tuvo esa influencia positiva en la literatura y consideró que la emergencia de la literatura de América Latina en el mundo se debió a razones políticas más que culturales.
“La Revolución Cubana actuó como un catalizador para la literatura latinoamericana en aquellos días, porque los europeos, en especial los franceses y aún más la izquierda francesa, le concedía una atención particular, como si fuera algo legendario”, argumentó.
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