El financiamiento político de los candidatos presidenciales en Estados Unidos está tomando dimensiones extraordinarias, no solo por las cifras que ya se invirtieron en las campañas, sino también por la extensa duración.
Gabriel S. Zinny
América Votes que nuclea a más de 40 organizaciones demócratas, se prepara para gastar más de 80 millones de dólares a favor del candidato de su partido. Entre ellos, la poderosa Moveon.org planea desembolsar $10 millones para acercar ciudadanos de áreas suburbanas a votar, y “Women Voices Women Vote Fund” invertirá $30 millones en registrar madres solteras para que puedan participar de la elección.
Estos son únicamente algunos de los muchos grupos que se están involucrando en la campaña presidencial de Estados Unidos y contribuyendo a un creciente debate sobre el financiamiento político, convertido en un enorme desafío, particularmente en el partido demócrata, debido a lo prolongado de la campaña, que ya ha durado más de 16 meses.
Durante el proceso presidencial del 2004 se construyó una estructura nacional de organizaciones, fuera de las partidarias, las cuales abogaron por las agendas de derecha e izquierda, sin necesariamente apoyar al candidato de su partido. Son los denominados grupos “527”, en referencia a la sección del código impositivo reglamentado por la ley McCain-Feingold, aprobada en el 2002, que buscaba limitar el gasto en procesos electorales, creando por otro lado la posibilidad de fundar grupos de interés que participen en las campañas y puedan apoyar ideas y propuestas políticas, pero sin coordinar con los respectivos partidos, ni apoyar o atacar la elección de un candidato específico.
Estos grupos se están creando no solo para apoyar determinados intereses ideológicos o políticos, sino para poder obtener dinero de donantes que ya han llegado a su límite apoyando a un determinado candidato.
Pero el donante más importante en la campaña presidencial ha pasado a ser el contribuyente de 200 dólares, que puede dar una y otra vez. Barack Obama, desde enero del 2007 hasta febrero del 2008, ha recibido el 41% de su dinero de 1.5 millones de donantes de $200 dólares o menos. El máximo que un ciudadano puede donar en una campaña presidencial es de $2300, tanto para la primaria como para la general. El total en todo el proceso electoral presidencial es de $4600 por individuo. En el caso de McCain, el 43% de sus donantes ya le han dado al menos $2300.
En el caso de los Grupos “527”, no existe ningún límite a las donaciones, siendo el más famoso el caso de George Soros, que contribuyó más de 20 millones de dólares a través de estos grupos en la campaña presidencial del 2004.
El financiamiento ha sido un factor crítico en las primarias demócratas, donde Obama superó a Hillary por casi el doble en los últimos meses, permitiéndole desplegar una mayor utilización de televisión y radio para difundir sus mensajes. Este desafió será mayor en la campaña general, que de acuerdo a los últimos cifras, Obama supera en casi 5 veces lo que está recaudando el Senador McCain. Es muy probable que el candidato republicano tenga que recurrir al financiamiento del gobierno, que ofrece $85 millones de dólares para el periodo Septiembre – Noviembre, pero impidiéndole entonces recurrir a donantes privados sino únicamente limitarse a fondos públicos. En este caso la diferencia con el Senador Obama que esta recaudando más de 50 millones de dólares al mes, sería bien significativa.
Se estima que finalmente entre ambos partidos las elecciones de noviembre estarán costando más de 1 billón de dólares, una cifra astronómicamente alta. Sin embargo, muchos analistas coinciden que no lo es tanto, si se considera que se está eligiendo el CEO de la economía más grande del mundo, de 14 trillones de dólares, y al Comandante en Jefe del ejercito más poderoso del planeta.
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