Política

Nuevas preguntas para la Sociedad Islámica

La fecha era el 28 de octubre del 2000. El lugar, Lafayette Park, en Washington, D.C. En una concentración en contra de la política americana en Oriente Medio, Abdurahmán Alamoudi cogía el micrófono. “¿Alguien apoya a Hamas aquí?”, gritó al tumulto enfervorecido.

Jeff Jacoby
En aquel momento, Alamoudi era uno de los asiduos de Washington y uno de los musulmanes más prominentes de América. Había asistido a reuniones de la Casa Blanca con Bill y Hillary Clinton, organizada la primera cena de final del Ramadán del Congreso, y dado conferencias en el extranjero para el Departamento de Estado. Había fundado la Sociedad Islámica de Boston en 1982, en 1990 ayudó a lanzar el Consejo Musulmán Americano, y se convirtió en su principal recaudador de ingresos. 3 días después de los ataques terroristas del 11 de Septiembre, se unía a George W. Bush en un servic
io religioso dedicado a las víctimas.
Pero como sugería su abierta declaración de apoyo a organizaciones terroristas como Hamas o Hezbolá, Alamoudi no era exactamente el emblema de la mentalidad cívica tolerante. En 1996 dijo ante una convención musulmana en Chicago, “Yo creo que si estamos fuera de este país, podemos decir ´Oh, Alá, destruye América”; y 3 meses más tarde de su aparición en Lafayette Park, se encontraba en Beirut para una cumbre terrorista con representantes de Hamas, la Jihad Islámica, Hezbolá y Al Qaeda. En el 2004, Alamoudi se declaraba culpable de cargos relativos al terrorismo, y admitía conspirar con el dictador libio Moammar Gadafi para asesinar al príncipe de la corona de Arabia Saudí. Según el Departamento de Hacienda de Estados Unidos, “Alamoudi tenía una relación próxima con Al Qaeda”, y recaudó un millón de dólares para ella en el 2003.

Actualmente está cumpliendo una pena de 23 años en una prisión federal. De modo que cuando el Boston Herald informó en octubre del 2003 de que la Sociedad Islámica de Boston tenía “vínculos con solera” con Alamoudi, la Sociedad Islámica de Boston quiso comprensiblemente distanciarse de él.

El abogado de la Sociedad, Albert Farrah, reconocía que Alamoudi había sido el fundador de la entidad, pero insistía en que “no había tenido ningún papel en, o afiliación con, la Sociedad Islámica de Boston en aproximadamente 20 años”. Una declaración colocada en la página web de la Sociedad sostiene que “Alamoudi se fue de Boston en 1984 y desde aquel momento no ha tenido ningún contacto con la Sociedad Islámica de Boston”.

Desde entonces, la Sociedad Islámica de Boston ha lanzado una demanda por difamación contra el Herald y una docena de organizaciones y particulares que han expresado preocupación por sus probables conexiones con islamistas radicales.

En el curso del litigio, ha continuado insistiendo en que no ha tenido noticias de Alamoudi ni por activa ni por pasiva. Yousef Abú-Alabán, presidente de la junta directiva de la Sociedad, afirmaba en una declaración bajo juramento que “desde 1992 al menos, la fecha en que me relacioné por primera vez con la Sociedad Islámica de Boston, Alamoudi no ha tenido ningún papel o relación con la Sociedad”. La ex asistente del director, Salma Kazmi, manifestaba que “cuando Alamoudi se declaró culpable de actividades criminales en el 2004, no había tenido ninguna relación con la Sociedad en años”. Otro abogado, Howard Cooper, declaraba al The Boston Globe en diciembre de 2005 que estaba enfurecido con la vinculación de Alamoudi con su cliente. “Este hombre no ha tenido absolutamente ninguna conexión con la Sociedad Islámica en 15 o 20 años, pero ellos intentan vincular a ambos”, dijo.

Cooper también dice que solamente personas con “una actitud intolerante hacia los musulmanes” plantearían cuestiones sobre los vínculos de Alamoudi con la Sociedad Islámica de Boston. Pero entre aquellos firmantes de una petición online instando al juez del distrito Claude Hilton a liberar bajo fianza a Alamoudi en el 2003 — y describiendo a Alamoudi como “el líder de nuestra comunidad” — aparece Osama Kandil, de Herndon, VA, el presidente de la junta de la Sociedad Islámica de Boston.

A continuación aparece otra curiosidad: pruebas de un pago de noviembre de 2000 realizado a la Sociedad Islámica de Boston para una conferencia de Alamoudi. El cheque cobrado, extendido a Light Star Travel y firmado por el ex directivo de la Sociedad Islámica Walid Fitaihi, incluye una línea de recordatorio que reza “Gastos de viaje para el conferenciante Abdurahmán Alamoudi — 11/10/00 – 11/12/00”. Light Star Travel está ubicado en Falls Church, Va., donde residía Alamoudi antes de ingresar en prisión. Forma parte del Grupo Safa, un conglomerado de empresas radicado en Virginia del que los agentes federales sospechan que está implicado en “proporcionar apoyo material a terroristas, lavado de dinero y evasión de impuestos”, según una declaración jurada del agente especial David Kane, del Departamento de Seguridad Nacional.

Podría haber, por supuesto, una explicación inocua para este pago. O la Sociedad Islámica de Boston podría dejar de mantener su declaración de no tener “absolutamente ninguna relación” con Alamoudi durante muchos años. Pero cuando planteé a la portavoz de la Sociedad Islámica de Boston, Jessica Masse, éstas y otras cuestiones que han aflorado en las últimas semanas, respondió para mi sorpresa que tales preguntas “no reflejan una posición de investigación imparcial”, y solamente deberían ser respondidas “por nuestros abogados ante el tribunal”.

Conforme avanza la demanda de la Sociedad Islámica de Boston contra aquellos que han tenido la temeridad de criticar o cuestionar sus procedimientos, la lista de preguntas sigue creciendo. En un momento en el que islamistas radicales de todo el mundo están llamando a una jihad antiamericana, es fácil comprender el motivo por el que se están planteando tales preguntas. Mucho más problemático es el motivo por el que no se están respondiendo. Jeff Jacoby es columnista de The Boston Globe.

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