El gobierno español sigue empeñado en ayudar al gobierno de Cuba. Sin embargo, bajo las supuestas buenas intenciones, lo único que está consiguiendo es la perpetuación de una dictadura que lleva 50 años oprimiendo a su pueblo.
Editorial
El Castrismo no podrá tener quejas de cómo se ha portado el PSOE con ellos durante este año. Al principio, con declaraciones de apoyo que trascienden lo diplomático; más tarde, siendo un key player a la hora de que la UE levantara las sanciones a la isla, pese a la oposición de algunos socios comunitarios y de Estados Unidos.
El binomio Rodríguez Zapatero-Miguel Ángel Moratinos sigue sin entender que la situación precaria por la que atraviesa Cuba tiene como causa original la falta de derechos humanos, la falta de libertad. José Blanco, en su visita reciente a La Habana, aplicó bien el modus operandi de sus compañeros de filas, lo que se tradujo en omisión (¿o ninguneamiento?) a la disidencia.
Los socialistas españoles siguen empeñados en defender una tesis que la historia ha mostrado equivocada: que nuestra ayuda (económica) es clave para las reformas que se están llevando en la isla ¿?. Pérez Roque, con Moratinos delante, dijo que nada iba a cambiar en su país donde, añadió, no había presos políticos. Nuestro ministro de Exteriores y su silencio ante tal afrenta a la verdad, un claro de ejemplo de complicidad.
El Castrismo se perpetúa. España hace el trabajo de renegociar la deuda contraída, mientras la cooperación militar La Habana-Moscú se intensifica. Hace unos días, Rusia entregó un crédito de 20 millones de dólares para que comprara, sobre todo, material bélico…a empresas rusas. Al final todo queda en casa. Mientras tanto las necesidades básicas de los cubanos siguen sin satisfacerse. Siempre estará el bloqueo de Estados Unidos para echarle la culpa y practicar el victimismo, deporte favorito de los hermanos Castro, Pérez Roque…
Cuba ha recobrado la importancia que en el pasado tuvo para Rusia, algo que el propio Ministro de Exteriores del Kremlim, Lvrov, ha reiterado, aunque sin el protagonismo de la época de la URSS, entre otras cosas porque entonces no había gobiernos en Latinoamérica tan serviles hacia Moscú como lo son ahora los Chávez, Ortega, Morales.
Volviendo con España, el gobierno debería tener más sensibilidad con la población que sufre el Castrismo, tanto en la isla como fuera de ella. Hasta ahora, sólo los agravia. La Cuba de Castro no puede ni debe ser aliada de una España que se dice democrática y defensora de los derechos humanos.
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