El hallazgo sin vida de Cecilia Cubas luego de una búsqueda de casi cinco meses significó lamentablemente el triunfo del crimen organizado, esta vez con fines políticos subversivos como apuntan las evidencias, que mediante el secuestro extorsivo no ha dudado en segar la vida de una joven inocente.
Conmoción en todo el país
Este hecho, deleznable y condenable desde todos los sentidos, significa además un baldón para el sistema de la seguridad pública del Paraguay en su cometido de hacer frente a esta clase de delincuentes, por cuanto que la banda asesina logró su objetivo de cobrar un rescate y, aun así, mató a su inocente víctima en forma despiadada.
La nueva modalidad delictiva que está asomando en nuestro país y que, según los datos que se manejan, tiene todas las características del crimen político organizado debe obligarnos a todos los paraguayos de todas las clases sociales a cerrar filas en torno a un objetivo absolutamente prioritario: el establecimiento de un sistema de seguridad capaz de hacer frente al avance de individuos, corrientes o grupos que emplean como método de su accionar modalidades aberrantes como el secuestro extorsivo.
De nada valdrá la marea de indignación como la que hoy conmueve a nuestra sociedad por la pérdida de vidas inocentes si las autoridades no asumen sin demora la responsabilidad que les corresponde y la ciudadanía no se moviliza y se hace sentir, para rechazar el cinismo de enmascarar ciertas conductas violentas y con objetivos bien definidos que actúan bajo el rótulo de “luchas sociales”.
La inseguridad ciudadana ocasionada por la delincuencia común hoy ya es de por sí agobiante para la población. Si a ello se agrega la otra que, bien mimetizada, persigue fines políticos adoptando como método el terrorismo o la guerrilla como ocurre en otros países, el Paraguay ingresará -como se ha venido advirtiendo desde hace tiempo- a un escenario mucho más grave, pues esas nuevas modalidades de violencia aumentarán la angustia de la población, hoy ya suficientemente golpeada por la pobreza que afecta a más de la mitad de los habitantes.
Como primer paso para hacer frente a la situación, se debe admitir que un nuevo mal, la violencia política, ya se ha instalado en nuestro medio y que debe ser combatido sin hipocresía y sin enmascarar acciones como si fueran “defensa de los derechos humanos”, que hasta ahora solo ha beneficiado a demasiados delincuentes.
Pero, sobre todo, si el Paraguay en la búsqueda de un futuro con mayor bienestar pretende enfrentar con éxito la criminalidad de todo tipo y si quiere salvar en el futuro a víctimas inocentes, como Cecilia Cubas o el niño Amín Riquelme, es absolutamente necesario que su sistema de seguridad y las leyes que lo respalden estén a la altura de los desafíos que le presentan las nuevas circunstancias y que la ciudadanía, como cuerpo social, además de exigir, preste una activa colaboración. De lo contrario, los criminales comunes o políticos que han perdido todo respeto por la ley y han hecho un vil negocio de la vida humana seguirán triunfando, con grave riesgo para la convivencia y la paz social.
Fuente: ABC (Paraguay)
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