La voz de las víctimas del 11-M en el Congreso, Pilar Manjón que perdió a un hijo en los atentados, ha sido una de las protagonistas de este año, no sólo por lo que representa, sino por su discurso en la Comisión de Investigación.
LOS PERSONAJES DE 2004
Pilar Manjón se ha convertido en una de las protagonistas de este recién acabado
2004 muy a su pesar. La primera razón por la que esta mujer de 46 años no
hubiese querido llegar a ser “famosa” es porque ha sido a costa de su hijo
Daniel, una de las víctimas de los atentados del 11 de marzo.
La segunda
razón es porque ella ponía voz, en la Comisión de Investigación del 11-M, a
todas las víctimas de esa masacre. A todos los muertos, a todos los heridos, a
todos los que les querían y a todos los que vivieron directa o indirectamente
aquel jueves de marzo.
Pilar Manjón participó como comisionada en la
Comisión de Investigación del 11-M a mediados del mes de diciembre en
representación de todas las víctimas. Hasta casi el último momento los
comisionados no se pusieron de acuerdo sobre si procedía que las víctimas
participasen o no en esta acción.
Al final se decidió que sí y lo que
dijo Manjón en el Congreso dejó helado a más de uno, y seguro que hizo
recapacitar a todos. Manjón leyó un texto preparado por 12 personas de la
asociación de víctimas del 11-M en el que se reprocho a sus señorías muchas
cosas.
El perdón de todos los
grupos
Se echaba en cara que, en ciertos momentos de la
investigación, el interés se centrase más en intereses políticos que en
determinar lo que pasó ese 11 de marzo y depurar posibles responsabilidades. Se
acusaba de usar a las víctimas como arma arrojadiza, se culpaba de usar a los
muertos y heridos, en demasiadas ocasiones, como una imagen más.
Manjón
fue capaz de arrancar de todos los representantes políticos de la Comisión unas
palabras de perdón y arrepentimiento por haber olvidado en último término que
allí se debatía sobre si se podía haber evitado que 192 personas muriesen en los
trenes de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia.
Pero la representante de las
víctimas también tuvo palabras de esperanza y consuelo. De esperanza sobre una
clase política en la que espera seguir confiando y el consuelo de pensar que,
ojalá, lo que ocurrió el 11 de marzo de 2004 no se vuelva a repetir jamás.
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