Les cuento: el otro un día buen amigo, de los de verdad, pero con espíritu atlético, es decir, colchero, rojiblanco, un poco antimadridista, como corresponde a los del manzanares y honrado, muy honrado en sus apreciaciones y comentarios, estuvo comiendo en el restaurante “Lago de Sanabria”
Di que sí
Yo ya lo sabía, para nosotros, los madridistas, es normal lo que para los atléticos es excepcional. Les cuento: el otro un día buen amigo, de los de verdad, pero con espíritu atlético, es decir, colchero, rojiblanco, un poco antimadridista, como corresponde a los del manzanares y honrado, muy honrado en sus apreciaciones y comentarios, estuvo comiendo en el restaurante “Lago de Sanabria”, a donde llegó a eso de las 14:00 horas y mientras degustaba una cerveza y unas gambas a la plancha, de aperitivo, observó, con un poco de admiración, aunque no lo quiera reconocer, que entraban dos clientes.
Uno era, ni más ni menos, que Raúl González, el 7 del Real Madrid y otrora de la Selección Española, acompañado por Javier García Coll, denominado cariñosamente como “El Rata“, que es el delegado de jugadores del quipo blanco. Raúl destacaba entre los comensales encorbatados y trajeados, por su vestimenta, más sencilla: pantalones vaqueros y camisa de cuadros.
La entrada fue ruidosa porque una parte de la parroquia del restaurante se sintió solidario con el gran jugador madridista y le sorprendieron con ese grito que, en Madrid es muy conocido, de “Raúl selección”.
Mi amigo observó con detalle los movimientos del astro madrileño y me contó, con un poquito de envidia al no tener la garantía de que ninguno de los jugadores de su atlético pueda hacerlo, que Raúl bajó y subió, los 22 peldaños que separan la zona de las mesas con la de los lavabos, con gran velocidad y agilidad, demostrando su forma física y su gran profesionalidad al hacerlo sin regatear un segundo de esfuerzo.
Rául, hombre sencillo y con buena capacidad para las relaciones humanas, agradeció a los presentes la cortesía del recibimiento, con algunas sonrisas y acercándose a las mesas. Mi amigo pensó en pedirle un autógrafo o decirle alguna gracia, pero de repente, se acordó de ese compromiso rojiblanco que le obliga a rechazar cualquier acción madridista, aunque, como en este caso, sea un regalo para lo cotidiano.
¿A quién no lo gusta comer con Raúl, aunque sea en otra mesa y con otros contertulios? Pues eso, que mi amigo comió con el crack del Real Madrid aunque fue dos mesas más allá, desde donde se percibe también una sonrisa de complicidad. Pero eso si, yo no le diré a nadie que a él, con su espíritu y sus señas de identidad mezcladas entre el blanco y el rojo, le gustó estar cerca de Raúl.
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