El Gobierno de Sudán ha firmado un acuerdo de paz con los rebeldes para poner fin a uno de los conflictos más largos y sangrientos que ha sufrido el continente africano. Con el secretario de Estado de EE.UU. como testigo las dos partes firmaron un documento que acabará con 20 años de guerra civil.
Con EE.UU e Italia de testigos
Después de 20 años de guerra civil que se han cobrado la vida de más de dos
millones de personas, ayer el vicepresidente de Sudán, Alí Osman Mohamed Taha, y
el principal líder de los rebeldes, John Garang, firmaron un acuerdo de paz con
el firme objetivo de poner fin al conflicto más largo que ha sufrido el
continente africano.
El acuerdo ha necesitado de más de dos años de
negociaciones que ayer se plasmaron en una rúbrica en Nairobi (Kenia), donde
tuvieron lugar las conversaciones. El documento firmado busca garantizar que el
Gobierno y los rebeldes del sur compartan el poder político, y resuelve el
estatus y administración de las montañas de Nuba, el Nilo Azul y Abyei, las tres
regiones disputadas desde que se iniciara el conflicto en 1983.
El jefe
de Estado del país anfitrión (Kenia), Mwai Kibaki, y el de Uganda, Yoweri
Museveni, que actúa como titular de la Autoridad Intergubernamental para el
Desarrollo, una de las organizadoras impulsoras del proceso de paz, fueron los
testigos de honor del acuerdo. El jefe de Estado de Sudán, Omar Hassan
el-Bashir, participó también en el acto y se colocó entre Kibaki y Museveni.
Testigos de honor fueron el secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, y el
ministro italiano de Asuntos Exteriores, Gianfranco Fini. Ambos suscribieron el
documento como testigos en representación de los donantes que han respaldado las
negociaciones de paz. Otros nueve líderes africanos asistieron a la ceremonia,
incluyendo al presidente sudanés, Omar el Bashir, y al presidente de Nigeria y
la Unión Africana, Olusegun Obasanjo. Además estuvo presente el secretario
general de la Liga Arabe, Amre Mussa.
La guerra entre norte y sur ha
enfrentado desde 1983 al Gobierno sudanés islámico con los rebeldes en su lucha
por una mayor autonomía y un mayor reparto de la riqueza del país para la amplia
población animista del sur. El conflicto se ha cobrado más de dos millones de
vidas, principalmente por la hambruna y las enfermedades que han ocasionado la
guerra.
Gracias a este acuerdo de paz, se abre la esperanza que este fin
de la violencia se traslade también a la región occidental de Darfur, donde un
conflicto racial ha llevado a la población a sufrir la mayor crisis humanitaria
de la actualidad.
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