Su predicamento ante tantos norteamericanos tiene mucho que ver con las promesas de carácter económico.
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Martes, 21 de julio 2026

Su predicamento ante tantos norteamericanos tiene mucho que ver con las promesas de carácter económico.
Siempre es prematuro hacer predicciones. Lo que sí es pertinente es señalar las consecuencias de una victoria de Donald Trump en las presidenciales del martes. Se calcula que unos sesenta millones de norteamericanos le van a votar. No es un fenómeno marginal. Indica cómo el mensaje xenófobo, populista, con mentiras gordas no desmentidas, ataques a minorías, a las mujeres y a los hispanos ha calado en una sociedad que también se deja arrastrar por los impactos de los argumentos simples.
Las elecciones americanas son un espectáculo. Pero también señalan qué dirección tomarán las relaciones internacionales según quien ocupe la Casa Blanca. Lo más enigmático es la relación casi amical con Vladimir Putin que está ganando la batalla militar y diplomática en un punto tan explosivo como es la guerra de Siria.
El presidente controla el ejército más poderoso del mundo y tiene la facultad de controlar y en su caso accionar el botón rojo del armamento nuclear. Que un hombre del perfil que hemos visto tenga en sus manos la posibilidad de activar las armas nucleares es muy inquietante.
Su retórica no resiste las estadísticas ni la verdad. No le preocupa el medio ambiente. Bajaría los impuestos a los más ricos y sería proteccionista lo que aumentaría los precios para los más necesitados. Su predicamento ante tantos norteamericanos tiene mucho que ver con las promesas de carácter económico. Puede que no les guste, incluso que le teman, pero las líneas generales del liberalismo económico les pueden satisfacer.
Hillary Clinton tiene más experiencia, conoce más los temas, conoce la trayectoria de la política exterior americana en los últimos cien años. Pero no tiene empatía. Su figura es controvertida. No tanto por lo que ha hecho sino por cómo es percibida por amplios sectores de la opinión pública norteamericana. El conflicto de los correos electrónicos tiene una relativa importancia. El problema es ella, su carácter y su posición respecto a su marido, Bill Clinton, mientras fue gobernador de Arkansas y presidente de Estados Unidos.
Pero es la opción más conveniente para el mundo y para Estados Unidos. En el ámbito americano se le acusa de izquierdosa pero, como dice The Economist esta semana, en Gran Bretaña se situaría en la centralidad del partido conservador y en Alemania cabría perfectamente en el partido de Angela Merkel.
Ganará o perderá porque es la más idónea y no por que es mujer. En esto se ha avanzado mucho. Barack Obama ganó dos veces porque era el más adecuado y no por ser negro. En dos días se habrán despejado las incógnitas.
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