El estudio realizado por Guadalupe Fernández Ariza, de la Universidad de Málaga, alude a la síntesis de tradición y modernismo que impregna la obra del escritor. “En Vargas Llosa se desarrolla la tradición literaria hispanoamericana de fin de siglo y el comienzo de la modernidad”, afirma.
El estudio sobre su obra se ha presentado en Málaga
El ensayo “La morada del fantasma. Itinerarios artísticos de Mario Vargas Llosa“, de Guadalupe Fernández Ariza, enmarca al autor peruano en la tradición de la literatura hispanoamericana de finales del siglo XIX y el comienzo del modernismo, que vinculó a la pintura y la literatura.
El estudio, presentado en Málaga, ha sido prologado por el propio Vargas Llosa, y se centra en las obras “Elogio de la madrastra”, “Los cuadernos de don Rigoberto” y “El paraíso en la otra esquina”, explicó Fernández Ariza, profesora de Literatura de la Universidad de Málaga.
Estas tres obras “encuadran este tipo de hacer literario, que Vargas Llosa desarrolla extraordinariamente, en la tradición de la literatura hispanoamericana de todo el fin de siglo y del comienzo de la modernidad”.
Arte y literatura, inseparables
En aquellos momentos, “este modelo se impuso con vigor en obras excelentes en las que arte y literatura corrían de la mano y eran inseparables”, añadió la autora del estudio, en cuya edición ha colaborado Fundación Unicaja.
El origen de esta tendencia en Vargas Llosa está en el “estudio profundo” que hizo de la obra de Rubén Darío, sobre la que versó su tesis de grado.
La presencia de esta tradición en el escritor de origen peruano supone la “continuidad de la línea tan extraordinaria que el modernismo fijó como canon literario”, según el cual “la marca de la excelencia de una obra era la integración de las artes”, ha añadido la autora.
Un héroe enfrentado a la sociedad
Al mismo tiempo, esa corriente “genera otras caracterizaciones del personaje literario” a la que se ha regresado a finales del siglo XX.
Ese personaje es “un héroe enfrentado a la sociedad, como el típico héroe de finales del siglo XIX y principios del XX, que inventa diversas formas de utopía y reniega de la sociedad, se aísla y la literatura le sirve como evasión”.
Vargas Llosa se pregunta frecuentemente la función de la literatura y “siempre contesta que sirve para evadirse, soñar e ir a mundos que la realidad tediosa no nos ofrece”, según Fernández Ariza.
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