La entrega de los resultados del Sistema de Medición de Calidad de Educación (SIMCE) en Chile confirmó que no hay avances en la calidad de la educación. Los puntajes de octavos básicos se mantienen estancados en un pésimo nivel y se aumentó la brecha que existe entre los colegios públicos y privados.
Análisis del sistema educativo del Instituto liberal Libertad y Desarrollo
Así lo sostuvo la investigadora de LyD, María de los Ángeles Santander, quien
además advirtió que de las 4 materias evaluadas, sólo se observa una mejora
significativa a nivel nacional en “comprensión de la naturaleza”. (Las otras
tres – matemáticas, sociedad y lenguaje – no presentan cambios significativos)
Por otra parte, señaló la investigadora, se puede ver claramente cómo
las personas de mayores recursos tienen acceso a una educación de mayor calidad.
El nivel socioeconómico bajo y medio bajo no presenta mejora en ninguna de las
cuatro áreas. Sólo el nivel socioeconómico alto presenta un avance en
matemáticas, lo que produce un distanciamiento entre la educación privada y la
pública.
Además, del 100% de los alumnos que obtuvieron puntajes sobre
300 puntos, el 55% de ellos pertenece a la clase alta, mientras que sólo el 7% a
la clase baja. Los niños que reciben educación dependiente del Estado están
recibiendo una educación deficiente. Es inaceptable que por el sólo hecho de
nacer en una familia de menos recursos, se tengan menos posibilidades de acceder
a la universidad.
Si bien el nivel socioeconómico puede ser un factor
importante a la hora del aprendizaje de los niños, los resultados muestran que
no es decidor. Este 7% de los alumnos de nivel bajo obtuvo más de 300 puntos en
la prueba SIMCE. “A pesar de ser un porcentaje muy bajo, demuestra que alumnos
de familias de muy pocos ingresos pueden obtener buenos resultados si se les da
más independencia a los colegios para llevar a cabo la gestión que consideren
adecuada y se incluye en el proceso de aprendizaje a los apoderados, profesores
y estudiantes”, señaló la investigadora de LyD.
Por otra parte, la
mayoría de los padres tienen expectativas de que sus hijos lleguen a la
universidad. En el nivel socioeconómico bajo y medio bajo, esta proporción es de
16% y 25% respectivamente. En el caso de los alumnos, sus expectativas son
incluso más altas: 28% de los alumnos del nivel bajo (A) espera llegar a la
universidad, y 42% del nivel medio bajo. Esto, según la experta de LyD, entrega
una responsabilidad enorme al Gobierno “¿podrán esos niños llegar a la
universidad si mantienen el rendimiento que obtuvieron? De no hacerlo, se
produce una enorme frustración en los estudiantes a lo que se agrega además que
muy pocos tendrán la posibilidad de hacerlo dado que los créditos son
insuficientes”, sostiene.
Cabe destacar que este año la medición entregó
antecedentes nuevos como las expectativas de los profesores y alumnos, la
selección de alumnos por parte de los colegios, la porción del currículo que se
pasa en clases y las diferencias de puntajes dentro de los establecimientos.
Finalmente, María de los Angeles Santander sostuvo que si bien se
celebra el que tanto este año como el pasado se haya comenzado a distribuir un
folleto con información especial para los padres y apoderados, es indispensable
que éste llegue directamente a todos los padres del colegio (y no solamente a la
escuela para que ésta los distribuya). Los padres tienen el derecho de estar
informados de la calidad de educación que están recibiendo sus hijos y la mejor
manera de hacer eso es recibir la información directamente.
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