Política

Variaciones sobre un tema de Oriana Fallaci (II): Multiculturalismo

Oriana Fallaci, autodenominada atea cristiana, fue periodista y cubrió las guerras de Vietman y Líbano., realizó entrevistas a decenas de personajes famosos

Tomas G. Muñoz

Entre una multitud de interpretaciones,  muchas contradictorias entre sí,  tal vez la más clara y sucinta es que “el multiculturalismo es una ideología que mantiene que la sociedad debería consistir de grupos culturales distintos… todos con un status de igualdad.”


Muy al contrario, en Estados Unidos se produce la asimilación de los miembros de esa sociedad en un gigantesco crisol −melting pot− del que acuñan su lema nacional, E pluribus unum (De muchos, uno), base del American Way of Life.  Siglos después,  y cocido en las ollas  del laborismo británico, aparece el multiculturalismo: sabe a  curry, tandoor o a carnaval de  Notting Hill.  Los chistosos le endilgan el  lema de  E uno pluris, (De uno, muchos), que, al pretender reconocer las diferencias de los ciudadanos, de hecho crea fronteras según sus orígenes nacionales, etnias, o religiones.  Todos son iguales, pero el multiculturalismo los incentiva a permanecer diferentes.  No hay crisol en que amalgamarse.


El terror del 7-J apaga las calderas de los políticos: los autores no son extranjeros  sino nativos británicos de ancestro medio-oriental, todos islámicos, angloparlantes  como cualquier  nacional. Y, en 2005-6, las encuestas celebradas entre este segmento de la población arrojan que, mayoritariamente, se sienten islámicos  o  sikhs primero, pakistaníes  o lo que sea después, y finalmente, británicos.  Al menos en el Reino Unido, el multiculturalismo es un fracaso, tanto que todo el país ha condenado duramente a  Rowan Williams, Arzobispo de Cantorbery y  primado de la Iglesia de Inglaterra por su reciente y desafortunado comentario que “la adopción de partes de la shari´ah dentro del derecho inglés es inevitable.”


Vale la pena hacer algunas reflexiones,


·         Una reciente investigación (Septiembre de 2007) del londinense The Times revela que, al menos la mitad de las mezquitas de Gran Bretaña están bajo control de facciones islámicas extremistas, cuyos líderes llaman a los musulmanes a la yihad.


·         En Inglaterra, durante  la  semana, puede  verse cómo las señoras musulmanas llevan a sus hijos a la escuela, o hacen la compra cubiertas de pies a cabeza con sus negras batas que permiten sólo una apertura para sus ojos.  Y los domingos por la tarde aparecen en Hyde Park con el mismo atuendo.   Aunque no hay estadísticas,  parecería  que sus maridos son albañiles, camareros, oficinistas, etc. que trabajan dentro de la amplia gama del proletariado inglés.   O sea, que Inglaterra y el resto de la Europa occidental generalmente consiguen atraer este tipo de mano de obra barata y poco cualificada.


·         Esto contrasta con un reciente estudio de JWT, una de las mayores agencias    publicitarias del  mundo: en los Estados Unidos, los aproximadamente seis  millones de musulmanes  son más ricos y mejor educados que el común de la población.  En el 66% de los hogares musulmanes, se registran entradas de más de US$ 50,000 al año, y un 25% gana más de US$ 100,000 (US$ 42,000 es la media nacional).  Y el 66% de los musulmanes estadounidenses son  graduados universitarios, contra  el 47% de la población en general.  O sea, que donde el crisol funciona,  Al-Qaeda y sus hermanas tienen pocas posibilidades. 


·         En los países islámicos  salvo los productores de petróleo, que acusan notables diferencias de riqueza entre los que tienen y los que no el resto son pobres, poco desarrollados, corruptos, y con problemas de deuda externa que aparentemente no interesan   a sus hermanos ricos.

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