Política

Vice Fox busca sofocar una violenta protesta en el Sur

respuesta al recrudecimiento de la violencia en la ciudad mexicana de Oaxaca, en el sur del país, donde desde hace cinco meses docentes y activistas mantienen una férrea protesta callejera en reclamo de mejoras salariales y de la renuncia del gobernador estatal, el presidente Vicente Fox ordenó ayer el envío de fuerzas federales a esa convulsionada región.

Envió fuerzas federales para detener la revuelta en Oaxaca. Máxima tensión en México
En un clima de máxima tensión, el gobierno mexicano exigió a los manifestantes “la entrega inmediata de calles, plazas, edificios públicos y bienes de propiedad privada” que ocuparon a medida que sus protestas fueron ampliándose. Al cierre de esta edición, los activistas movilizados rechazaron el ultimátum oficial y repudiaron públicamente la llegada de las fuerzas de seguridad.

Tras la muerte anteayer de tres personas en un tiroteo en Oaxaca, Fox decidió tomar cartas en el asunto y poner fin al creciente conflicto que azota al sur mexicano, cuando sólo le queda un mes de mandato.

Según un comunicado del gobierno, estaba previsto que las fuerzas de seguridad federales se fueran “concentrando en la capital del estado”, aunque no se precisó qué contingente iba a ser enviado ni cuál sería su papel inmediato en el conflicto político-social que paraliza al estado sureño de Oaxaca desde el 22 de mayo. Una radio local indicó que se pensaba desplegar un conjunto de 3750 policías federales, apoyados por militares.

Informes extraoficiales indicaban que en el aeropuerto de Oaxaca, que fue cerrado a las operaciones comerciales, habían aterrizado en la jornada de ayer por lo menos seis aviones Boeing y cinco helicópteros ligeros tipo Bell, así como equipos antimotines. Por otra parte, la agencia oficial Notimex informó que elementos federales fueron concentrados en la ruta que une a la capital mexicana con la ciudad de Oaxaca y en algunos poblados aledaños a la zona de los enfrentamientos.

Reclamos crecientes

La crisis en Oaxaca se inició como un conflicto entre sindicatos docentes y organizaciones civiles de izquierda contra el gobernador Ulises Ruiz por reclamos de mejoras salariales y alcanzó su punto más crítico el viernes último cuando civiles armados atacaron barricadas de los manifestantes a balazos y mataron en distintos puntos de la región a un periodista norteamericano independiente, Bradley Will, y a dos miembros de las protestas.

En los últimos cinco meses los manifestantes sumaron apoyo de otros sectores sociales y aumentaron sus demandas, entre ellas la dimisión de Ruiz, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), a quien consideran “un represor y un corrupto”.

La ciudad de Oaxaca amaneció ayer entre llamados de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO, una agrupación de organizaciones sociales creada en apoyo a la huelga de los docentes) a reforzar las barricadas y sobrevuelos de helicópteros, aparentemente de la Policía Federal Preventiva, que comenzaron poco después del anuncio de Fox.

Mientras tanto, en la Ciudad de México, mantuvieron largas reuniones los ministros de Gobernación (Interior), Carlos Abascal; de Defensa, Clemente Vega, y de Marina, Marco Antonio Peyrot, así como el director del Centro Nacional de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Eduardo Medina Mora.

En pie de guerra

El pico de tensión de ayer fue el corolario de una semana marcada por frecuentes tiroteos en las calles de la ciudad colonial, donde ayer se estaba a la expectativa del momento en que pueda empezar un operativo por parte de las fuerzas federales, que comenzaron a desplegarse en algunos puntos estratégicos de Oaxaca.

“No son bienvenidos”, dijo el vocero de la APPO, Florentino López, en referencia a los policías federales.

El paisaje de la ciudad estaba marcado por los cientos de barricadas hechas con vehículos quemados, piedras, sacos de arena, láminas de metal y madera que se mantienen en toda la metrópoli y que podrían impedir la entrada de la policía.

También se escuchaban tiros aislados en la ciudad, famosa por su creativa cocina, artesanía indígena y arquitectura de la época colonial.

“La gente está muy lastimada, la gente necesita levantarse con dignidad. Pero sentimos una gran impotencia porque no tenemos armas”, dijo la activista de la APPO Araceli Gaytán, de 40 años y madre de dos niños.

Los manifestantes acusan al gobernador de implementar tácticas represivas contra la disidencia, cuyas protestas han ahuyentado el turismo, que es una de las principales fuentes de ingreso económico de la ciudad, ubicada cerca de ruinas prehispánicas.

Fox, que prometió solucionar el conflicto antes de terminar su mandato, el 30 de noviembre, ha estado bajo presión en las últimas semanas para enviar fuerzas federales para poner fin a la crisis, pero hasta el momento había optado por buscar una solución a través de negociaciones políticas. El jueves, los docentes habían decidido levantar la huelga, que tiene paralizado al sistema educativo del estado desde hace 164 días, pero aún no determinaron cuándo volverán a comenzar las clases.

Fox suspendió su descanso de fin de semana para mantenerse al tanto de la crisis en el estado de Oaxaca, que tiene 3,5 millones de habitantes, la mayoría indígenas, y es uno de los distritos más pobres del país.

Agencias AP, AFP, EFE y ANSA

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