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Victoria de Kast trasciende al electorado tradicional de derecha

La victoria de Kast: el 58 % y el inicio de un nuevo ciclo político.

13,4 millones de compatriotas concurrieron a las urnas el pasado domingo en una jornada eleccionaria ejemplar para manifestar -con un contundente 58% de las preferencias- un fuerte mandato de cambio, escogiendo como nuevo Presidente de la República a José Antonio Kast.

Fueron más de dos millones de votos los que distanciaron al líder republicano de la abanderada del oficialismo y del Partido Comunista, Jeannette Jara, quien con el 42% de las preferencias obtuvo el peor resultado histórico de la izquierda y la centroizquierda en una segunda vuelta presidencial. Por contrapartida, Kast logró imponerse de manera contundente en todas las regiones del país y en el 90% del total de comunas del territorio nacional.

Los resultados se explican tanto por una dimensión de voto castigo al Gobierno de turno, como por la capacidad y asertividad de la campaña de Kast para interpretar de manera nítida las principales preocupaciones, prioridades, anhelos, pero también angustias de la ciudadanía, concentradas
fundamentalmente en las áreas de seguridad y economía.

El concepto de “Gobierno de emergencia” logró sintetizar de manera eficaz un nuevo orden de prioridades, recogiendo temáticas de alta relevancia ciudadana que habían sido desatendidas en la hoja de ruta original del actual Gobierno o abordadas de manera deficitaria por él. Entre ellas destacan
el combate al crimen organizado, la recuperación del control de las fronteras, el impulso al crecimiento económico, la generación de empleo y la racionalización del gasto público.

La victoria de Kast tiene también como telón de fondo un nuevo alineamiento en la escala de valores de la sociedad chilena. Tras la prevalencia, desde el ciclo iniciado en octubre de 2019, de temáticas como el combate a la desigualdad, la denuncia de abusos en el plano del malestar subjetivo y la pulsión por el reconocimiento de demandas identitarias, los chilenos han ido convergiendo de manera sistemática hacia la restauración de valores fundamentales para el ordenamiento social, tales como el respeto por el orden y la autoridad, el mérito, el esfuerzo y la responsabilidad individual. Por ende, resulta miope concebir el amplio triunfo de Kast como un mero signo de oposicionismo o de oscilación pendular en respuesta al Gobierno de turno.

El triunfo de Kast encuentra, además, raíces más profundas en el conjunto de hechos concatenados a partir del estallido de violencia de 2019, los sucesivos procesos constitucionales y el devenir que tomó la administración de Gabriel Boric. Sin ir más lejos, la correlación de fuerzas observada en la segunda vuelta presidencial converge con la distribución de apoyos del plebiscito constitucional de 2022, donde la opción Rechazo obtuvo un 62% y el Apruebo un 38%.

Este clivaje, entendido como una fisura profunda a nivel sociopolítico, ha pasado a explicar una parte significativa del comportamiento electoral y coalicional de nuestro ciclo reciente. En este contexto, el Presidente electo, José Antonio Kast, incorporó rápidamente, tras la primera vuelta, a una serie de dirigentes y actores de partidos y movimientos como Demócratas y Amarillos, quienes, junto al respaldo natural de las agrupaciones de Chile Vamos y del Partido Nacional Libertario, se han plegado bajo la máxima de la unidad para colaborar activamente en el proceso de traspaso e instalación del
nuevo Gobierno. Independiente de si finalmente se constituye o no una estructura coalicional formal, lo cierto es que las primeras señales indican que el futuro Gobierno de Kast contará con un respaldo político más amplio que los límites naturales del Partido Republicano y Chile Vamos.

En esta misma línea, en su primera alocución como mandatario electo, Kast fue claro en mostrar un espíritu unitario y convocante hacia todas las fuerzas políticas que comparten los lineamientos centrales del Gobierno de emergencia. Asimismo, desarrolló su discurso en un tono de templanza y
moderación, reconociendo incluso el rol de su contendora, Jeannette Jara, y enfatizando la necesidad de respetar a los adversarios políticos. Estas señales contribuyen a desmantelar las caricaturas promovidas por sectores de izquierda que intentaron instalar su candidatura como la de un exponente
más de la “ultraderecha”.

Seguir leyendo el análisis completo en este enlace.

Informe preparado por el Programa Política y Sociedad Civil, Libertad y Desarrollo. Responsable: Rodrigo Ubilla rubilla@lyd.org

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