América, Economía y Sociedad

Uruguay expande su industria celulósica

La nueva planta apunta a producir y exportar a comienzos de la década de 2020, y a generar unos 8.000 nuevos puestos de trabajo digno.


Uruguay tiene un importante sector industrial dedicado a producir celulosa, papel y cartón. El mismo creció fuertemente a partir de la instalación de una moderna planta de pasta de celulosa emplazada en la localidad de Fray Bentos. Se trata de una inversión finlandesa que originalmente estuvo en manos de la empresa Botnia, y que hoy es de propiedad de otra empresa, también finlandesa, denominada UPM. Esta planta genera aproximadamente el 1% del PBI uruguayo. A ella se agregó luego una segunda planta denominada Montes del Plata, de propiedad de inversores españoles. Su impacto en el PBI uruguayo es del orden del 0,6%.
 
Si miramos a UPM solamente, la empresa pastera opera con 235 empresas contratistas y 580 proveedores, que generan más de 3.700 empleos directos. Estos deben sumarse a los 560 empleos directos de la propia UPM y a otros 1.687 empleos inducidos por UPM. Ello arroja un total del orden de los 6.000 puestos de trabajo, cantidad muy significativa en el espectro del empleo industrial uruguayo.
 
La planta de UPM ha sido constantemente objeto de ataques y protestas fantasiosos por parte de algunos movimientos ambientalistas de la República Argentina. No obstante, la planta de UPM no ha contaminado las aguas del río Uruguay. Para no alimentar controversias con los ambientalistas, las autoridades argentinas –durante los años de populismo kirchnerista- han obstaculizado la transparencia de la información producida por el monitoreo ambiental conjunto de las aguas del río Uruguay. Esto ha contribuido a que las protestas persistan, sobre todo en torno a la ciudad de Gualeguaychú, del lado argentino del río Uruguay. Los movimientos sociales de Gualeguaychú protestan ruidosamente, pese a que la industria radicada específicamente en esa localidad es altamente contaminante de las aguas del río Uruguay. Sobre eso “no se habla”.
 
El conflicto en torno a la papelera finlandesa instalada en la costa uruguaya del río internacional fue arteramente acicateado por los gobiernos populistas de los Kirchner, cuyas relaciones bilaterales con todos los países vecinos fueron siempre tensas y ríspidas. Para distraer, obviamente.
 
No obstante, para Uruguay, país pequeño, el trabajo de la industria de la celulosa tiene una enorme relevancia relativa. Por esta razón, el gobierno uruguayo acaba de anunciar la construcción de una nueva planta de celulosa, a cargo también de UPM.
 
Se trata de una inversión total del orden de los 5.000 millones de dólares. Los primeros mil millones de dólares deberán dedicarse a edificar la infraestructura necesaria, lo que incluye 224 kilómetros de rutas, vías ferroviarias y modernizar el puerto de Montevideo. La planta en la que se invertirán los 4.000 millones de dólares restantes, se localizará en el interior del Uruguay, en la zona del Río Negro, y su producido saldrá por el mencionado puerto de Montevideo, de aguas profundas. Estará ubicada a 25 kilómetros al oeste de la localidad de Paso de los Toros, en la orilla norte del río Negro (Tacuarimbó) o en la orilla sur (Durazno).
 
Como ha sido constante hasta ahora, la preservación del medio ambiente es una de las prioridades del nuevo proyecto. Cabe destacar que la actual planta de UPM aporta el 8% de la energía eléctrica que consume Uruguay. La nueva planta aportaría el doble.
 
La segunda planta de UPM apunta a producir y exportar a comienzos de la década de 2020, y a generar unos 8.000 nuevos puestos de trabajo digno. Se estima que ella agregará nada menos que un 2% adicional al PBI uruguayo. Se trata de un emprendimiento público-privado y las autoridades uruguayas apuntan a que también haya inversores privados en los caminos y vías férreas que deberán construirse.
 
Como la nueva fábrica estará lejos de las fronteras de los países vecinos, todos confían en que su actividad no generará mayores conflictos. Se estima que la nueva planta de UPM sería, tecnológicamente, la más moderna del mundo.
 
Lo que finalmente cabe destacar es que Uruguay no se amilanó nunca frente a las intimidaciones y amenazas que llegaban desde las autoridades kirchneristas que gobernaron por 12 años a la República Argentina.
 
El tesón con que Uruguay apoyó el crecimiento del sector celulósico papelero está transformando a ese país en uno de los más modernos en esa particular actividad.
 
La llegada del gobierno de Mauricio Macri parece haber distendido un tanto las tensiones que se habían acumulado. No obstante, todavía el gobierno argentino mantiene un grado lamentable de opacidad sobre los resultados del monitoreo ambiental conjunto de las aguas a la altura de Fray Bentos.
 
Como siempre cabe esperar, aquellos a quienes mueve la irracionalidad o la pavura presumiblemente continuarán sus muestras de descontento. Aunque lo cierto sea que años de actividad ininterrumpida de la planta de UPM sobre el río Uruguay demuestran sustancialmente que la planta no ha sido contaminadora.
 
Una Argentina más racional podría permitir que los productores forestales argentinos comiencen –ellos también- a suministrar materia prima forestal a las plantas uruguayas y se integren de ese modo al ciclo de actividad económica que éstas últimas generan. Por esto cabe aplaudir la reciente conversación entre los presidentes de Argentina y Uruguay durante la cual Mauricio Macri habría manifestado no tener objeciones a la nueva planta de UPM, que estará emplazada lejos del río Uruguay.
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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