En el segundo trimestre del año en curso la economía chilena creció a un ritmo anualizado del 5,3% del PBI.
Chile es claramente el país más moderno de la región. Camina hacia su futuro confiado y con buen ritmo. Para su población esto supone contar con un nivel de vida superior al de sus vecinos.
La marcha no se ha interrumpido. En el segundo trimestre del año en curso la economía chilena creció a un ritmo anualizado del 5,3% del PBI. Ese es el mejor desempeño desde el tercer trimestre de 2012.
Los resultados superaron las expectativas y mostraron que la inversión continúa dinamizando el desarrollo de Chile, con un aumento de 7,1% en la formación bruta de capital fijo. El crecimiento es ciertamente evidente en la industria manufacturera. Pero también en el comercio y en el sector de los servicios. Lo mismo sucede con el sector agropecuario y con la actividad pesquera. En paralelo, hubo menor impulso en el sector minero y en el de la construcción.
El factor más importante en el crecimiento sigue siendo la demanda interna, tanto de bienes como de servicios. Las importaciones como las exportaciones chilenas continuaron también en aumento. Ahora, con las importaciones creciendo algo más fuerte que las exportaciones.
El ahorro de los chilenos es bien importante y se ubica en un saludable orden del 22,2% del PBI.
Si bien la balanza comercial de Chile continúa siendo superavitaria, la cuenta corriente resultó deficitaria en un 2,4% del PBI en el segundo trimestre, proyectando un déficit anualizado del 1,2% del PBI chileno. Muy tolerable, por cierto.
El éxito chileno debe ser atribuido a la adopción de la economía de mercado y a la actitud de apertura con el resto del mundo, mantenidos sin claudicaciones. En pocos años Chile ha logrado consolidar una economía robusta y un crecimiento sostenido.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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