En Venezuela, la clausura de algunos periódicos emblemáticos por la escasez de bobinas de papel importado es una realidad. De acuerdo con una información publicada en el diario El País, medios como El Sol de Maturín, La Hora y, varios otros, se han visto obligados a sus puertas definitivamente.
Mientras en el resto del mundo la prensa en papel sigue su lucha particular con los diarios digitales para tratar de sobrevivir, en Venezuela ocurre lo mismo, pero por motivos diferentes: existe una fuerte falta de papel para poder imprimir los diarios, según informa El País.
Desde comienzos de agosto, al menos tres diarios del interior del país cerraron operaciones, incluyendo a dos decanos de la prensa del oriente venezolano, como lo eran El Sol de Maturín, Estado de Monagas, y Antorcha de la población de El Tigre, en el Estado de Anzoátegui. Otras cabeceras de la región, como las de los diarios La Hora y El Caribazo del Estado de Nueva Esparta, han reportado dificultades para seguir trabajando por fallas en el suministro de papel.
Desde finales del pasado año, ha habido escasez de varios productos en Venezuela, y
los problemas de abastecimiento se están convirtiendo en una rutina. En casos como el
papel higiénico o la leche en polvo, entre otros bienes de consumo de primera necesidad, sus intermitentes ausencias de los mercados han generado situaciones de los que la prensa internacional se ha hecho eco.
Sin embargo es el turno del papel para la prensa. Nicolás Maduro ha estado relacionando la falta de algunos productos primarios a la “guerra económica” que existe contra su país, y de momento no ha mostrado ningún interés en tratar de solucionar la falta de abastecimiento en Venezuela. De hecho, el gobierno contribuyó a esas dificultades, desde que en 2012 retiró el papel imprenta de la lista de bienes de importación prioritaria.
Entre los más afectados por esta escasez se encuentran los diarios de provincia, que por lo general cuentan con inventarios más limitados. Fuentes aseguran que desde hace dos meses no entra al país ni una bobina de papel importado. Mientras desaparecen veneradas cabeceras de la prensa regional, otros medios tratan de adaptarse, cambiando la compaginación de sus ediciones o la frecuencia de publicación.
Esta crisis puede llegar a afectar a 6.000 personas, que son los profesionales que trabajan en la prensa regional. Además otro problema grave, es que el hecho de que desaparecieran tantas cabeceras supondría que dejaría al público venezolano sin información independiente. El gobierno, entre tanto, parece desentenderse del asunto, si acaso no pondera en secreto las ventajas de un mecanismo oblicuo para controlar a la prensa que le resulte impertinente.
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