América, Política

Apuntan contra “El Comercio” de Lima

Uceda arremetió -duro y de frente- contra “El Comercio”, argumentando que en el mercado de medios impresos peruano hay “una alta concentración”, que “necesita regularse”,

La noticia salió, sorpresivamente, esto es repentinamente, en el buen diario peruano: “La República”. Concretamente, en el ejemplar del 15 de noviembre pasado. Como ya sucedió en la Argentina en la embestida contra el “Grupo Clarín”, en el Perú parece haberse comenzado a cocinar -a fuego lento- una acción similar que apunta contra “El Comercio”, de Lima.
 
En efecto, el “constitucionalista” César Landa Arroyo, con dos periodistas actuando de oportunos y convenientes “laderos”: Ricardo Uceda y Augusto Álvarez Rodrich, organizó una reunión que tuvo lugar en la propia Facultad de Derecho de la Pontifica Universidad Católica del Perú (donde Landa Arroyo es, cabe apuntar, el Decano) sobre el alcance de la norma contenida en el Artículo 61 de la Constitución del Perú, cuyo texto prohíbe las posiciones monopólicas y de acaparamiento en los temas de comunicación, aunque tanto por parte del Estado, como de los privados.
 
Durante su transcurso, el mencionado Uceda arremetió -duro y de frente- contra “El Comercio”, argumentando que en el mercado de medios impresos peruano hay “una alta concentración”, que “necesita regularse”, eufemismo utilizado presumiblemente para sugerir que se le corten las alas a “El Comercio”. Tan es así, que Uceda además sostuvo que ese medio es “un protagonista excesivo en el debate político”.
 
Álvarez Rodrich lo apoyó sosteniendo que ello “afecta al pluralismo”, ergo presuntamente a la democracia. El pecado mortal a corregir es -pretendidamente- que “con la compra del conglomerado de diarios de Epensa, el “Grupo El Comercio” tiene actualmente el 78% del mercado de los diarios. Lo que, para Landa Arroyo “podría impedir la comunicación y circulación de ideas”.
 
Como si no hubiera sino exclusivamente medios de comunicación impresos, en un mundo en el que, en todo caso, la electrónica crece vertiginosamente y las radios y las televisiones también crecen, en sus respectivas audiencias, de modo vertiginoso, a diferencia de lo que sucede con los medios impresos, que están estancados en materia de lectores.
 
El objetivo del ataque, a mi modo de ver, está meridianamente claro: cercenar la circulación de “El Comercio”. El mandante oculto, aún no. Pero hay sospechosos que hay que observar de cerca.
 
Ojalá me equivoque y esto no sea así. Aunque me temo que esa -y no otra- es la “línea de acción”. El tiempo dirá, como ocurre siempre. Pero es necesario estar muy alertas, porque puede bien haber comenzado una nueva maniobra orquestada, como en el caso del “Grupo Clarín”, con el objetivo central de lastimar a uno de los principales medios independientes de nuestra región.
 
Curiosamente, en la extensa cobertura de la noticia -a la que “La República”, pese a ser ella esencialmente de naturaleza académica, dedica sugestivamente toda una página- nada se dice del aspecto del tema enunciado al comienzo: esto es sobre el uso indebido, por parte del Estado, de los fondos públicos (esto es del dinero de todos) para construir con ellos inmensos multi-medios estatales, como ha sucedido y sigue sucediendo en la Argentina, conformados tanto por los medios de propiedad del Estado, como por los medios fácilmente colonizados (esto es sometidos) a través del uso abusivo y torcido de la publicidad oficial como herramienta para construir aplausos y silenciar las críticas. Esto es, en rigor, para poder perpetuarse en el poder y lograr una absoluta impunidad. Con los dineros de todos, reitero.
 
El gran tema, sin embargo, no se discute. Se silencia. Se disimula. Se esconde detrás de cortinas de humo. ¿Cuáles son los límites del gasto publicitario de los gobiernos? ¿Cuáles deben ser las pautas de la distribución de ese cada vez mas grande flujo de dinero? ¿Sobre qué temas, y en qué circunstancias, se puede o no hacer publicidad oficial? ¿Pueden usarse, sin límites, los dineros de todos para construir verdaderas máquinas permanentes de aplaudir y disimular? ¿Cómo se deberían distribuir objetivamente los gastos en materia de publicidad oficial? ¿Pueden usarse los medios que son de propiedad del Estado, como ocurre en la Argentina, con el mayor atrevimiento y un tremendo desparpajo, para aplaudir al gobierno y fustigar permanentemente a la oposición? ¿Es ello democrático? ¿Y legítimo? ¿Para qué son o deben ser los medios de propiedad del estado? ¿Puede el sector privado competir lealmente con los gobiernos, cuando éstos usan dineros públicos, sin límites ni pautas o criterios de ninguna naturaleza, para distorsionar la información y atacar a los medios y periodistas independientes?
 
Esta últimas son ciertamente las verdaderas cuestiones a debatir, si de preservar sinceramente la libertad y la democracia se trata. No otras. Porque las otras que se proponen son solo meras cortinas de disimulo, que solo procuran que nadie advierta lo que efectivamente está sucediendo: esto es la manipulación constante de la opinión pública por parte de los gobiernos, que se hace y financia con los recursos tributarios y los de las tesorerías públicas en general. Con la plata de los demás. Sin que esta práctica -claramente anti-democrática- haya por ahora generado la reacción pública que debería haberse producido.
 
Estas últimas preguntas tienen que ver con la verdadera “madre del borrego” a analizar. Allí es donde la sociedad debe pensar en como poner límites a los gobiernos, esto es a sus hombres y mujeres, para tratar de evitar que ellos se conviertan en Estados Policiales y algunos se afinquen eternamente en el poder imposibilitando la alternancia, sin la cual la democracia se desnaturaliza y el autoritarismo aparece con vocación de reemplazarla.
 
Esta es la urgencia. Este es el imperativo de la hora. Este es el camino a recorrer ya mismo para defender la libertad y no caer ante las trampas y disfraces que tan solo procuran fortalecer a un Estado al que hay que limitar cuando trata de manipular la opinión pública a su favor. Porque en ello nos va la libertad a todos.
 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas. 

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