El presidente estadounidense, George W. Bush, se dirigió por primera vez directamente al dictador norcoreano, Kim Jong-Il, para exigirle que respete sus compromisos en materia de desnuclearización
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Jueves, 29 de octubre 2026

El presidente estadounidense, George W. Bush, se dirigió por primera vez directamente al dictador norcoreano, Kim Jong-Il, para exigirle que respete sus compromisos en materia de desnuclearización
POLITICA-ASIA
Bush le escribió el sábado a Kim Jong-Il, dirigente de un país al que en 2002 ubicó entre los miembros del “eje del mal”, y a dirigentes de los otros cuatro países implicados en la desnuclearización de Corea del Norte (Corea del Sur, Rusia, China y Japón), indicó la Casa Blanca.
En su carta a Kim Jong-Il, Bush lo urge a que emita una declaración completa de los programas nucleares de su país, como se acordó con los otros cuatro paíeses, dijo la administración.
Altos funcionarios dijeron que por lo que saben la iniciativa de Bush no tenía precedentes.
Bush parece haber motivado la preocupación de que Corea del Norte no suministre la declaración completa de sus actividades ante del final del año, como se había establecido.
Tal falta expondría al gobierno estadounidense a nuevas críticas a una diplomacia controvertida. Para anticiparse a esos ataques, la secretaria de Estado Condoleezza Rice justificó ese posible retraso por problemas técnicos, y no por falta de cooperación de Corea del Norte.
Esta última ingresó en octubre de 2006 en el reducido círculo de las potencias atómicas militares al realizar un ensayo nuclear e ignorar un acuerdo que había aprobado en setiembre de 2005 durante las negociaciones entre los seis y por las cuales aceptaba abandonar su programa.
Sin embargo, volvió a la mesa de negociaciones tras su ensayo nuclear y el 13 de febrero volvió a aceptar renunciar a sus actividades a cambio de una ayuda energética vital para ese país aislado que sufre de penurias crónicas, pero también de la perspectiva de normalizar las relaciones con la comunidad internacional y Estados Unidos en particular.
Luego, el régimen comunista ofreció muestras de buena voluntad al cerrar su principal instalación, el reactor de Yongbyon. También aceptó desmantelar todas sus instalaciones y declarar todos sus programas nucleares antes de finales de año.
Los interlocutores de Corea del Norte, entre ellos Estados Unidos, comenzaron a entregar la ayuda energética prometida. Una nueva entrega está supeditada a la desactivación y la declaración norcoreanas, esperadas para antes de que termine el año.
En tránsito hacia Europa, Rice reconoció y minimizó el hecho de que Corea del Norte pueda no respetar el plazo: “el esfuerzo exigido para que todo se realice antes de fin de año es monumental, mientras que esto ocurra o no el 31 de diciembre no me preocupa”.
Hizo referencia a las irreductibles exigencias técnicas de la desactivación. Pero “todo el mundo estima que la cooperación es muy buena”, dijo Rice tras haber conversado con el negociador estadounidense, Christopher Hill.
Según el propio Hill, Corea del Norte está dispuesta a enviar su declaración, pero “querríams que la declaración sea buena”.
Esas palabras reflejan cuán fuerte apuesta Bush, en un momento en el que su política frente otro desafío nuclear, el que plantea Irán, sufre un intenso cuestionamiento.
Bush fue acusado antes de octubre de 2006 de haber empujado, gracias a su diplomacia, a Corea del Norte al campo de las naciones nucleares. Desde entonces los más conservadores lo responsabilizan de premiar el mal comportamiento de un país que amenaza con volver a abusar de la confianza internacional.
Bush cuenta con un éxito diplomático en relación con Corea del Norte antes de abandonar la Casa Blanca en enero de 2009. Acaba de comprometerse asimismo en la resolución del conflicto israelo-palestino.
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