Ahora, en varios países africanos se han puesto de manifiesto estallidos sociales y revueltas de magnitud insospechada hasta hace relativamente poco tiempo
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
Martes, 21 de julio 2026
Ahora, en varios países africanos se han puesto de manifiesto estallidos sociales y revueltas de magnitud insospechada hasta hace relativamente poco tiempo
Salvo Sudáfrica, que en gran medida ha sido tocada por instituciones civilizadas (especialmente post apartheid), en el resto del continente africano las personas viven como animales, menos los gobernantes que se desenvuelven en la opulencia fruto del latrocinio y la rapiña (el ejemplo más difundido es el de Idi Amín Dada de Uganda, “el primer caníbal con refrigerador” como lo denomina Paul Johnson debido a los humanos que engullía, cuyo patrimonio neto ascendía a ocho mil millones de dólares).
Paradójicamente, África cuenta con los recursos naturales más abundantes del planeta pero los regímenes prevalentes se sustentan en aparatos estatales que esquilman a todos en base a empresas expropiadas, precios controlados, reformas agrarias, manipulación monetaria extrema (el signo monetario de Zimbawe cuenta con el billete de mayor denominación: cien trillones de dólares de ese país), impuestos asfixiantes, inexistencia de justicia, fuerzas armadas y policiales al servicio del saqueo, crímenes políticos permanentes, constantes asaltos gubernamentales a quienes se consideran “súbditos-rebeldes”, todo lo cual se refuerza en grado sumo con las carradas de dólares provistos por entidades nefastas como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que resultan un estímulo colosal para continuar con regímenes corruptos.
Esa vasta tierra misteriosa de la cual todos los humanos provenimos, tal como, entre tantos otros, explica Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford en su fascinante obra titulada The Journey of Man editada por Princeton University Press, por esa razón la sentimos de algún modo como propia. A menos que se suscriba la absurda lacra del racismo, la suerte de esos parientes lejanos no se debe a otra cosa que al sistemático y horroroso desenfreno del Leviatán que no da respiro para una vida propiamente humana, en donde las pestes, las hambrunas y la más sórdida de las condiciones se imponen a familias que en algún momento han debido soportar la cacería esclavista con la repugnante complicidad de sus propios compatriotas. El colonialismo de Inglaterra, Bélgica, Francia, Alemania y Portugal no son justificativos para la pobreza puesto que EE.UU. y otros muchos lugares también fueron colonias y progresaron. En el caso que nos ocupa las pesadas botas de los soviéticos se ocuparon de contratar energúmenos que infectaron mentes a su paso en el sentido señalado al comienzo.
Ahora, en varios países africanos se han puesto de manifiesto estallidos sociales y revueltas de magnitud insospechada hasta hace relativamente poco tiempo. Algunas giran en torno a nuevos autoritarismos militares con rostros renovados, otros reclaman teocracias totalitarias y, finalmente, los hay quienes, hartos de mandones, quieren vivir en libertad. Por el momento, desafortunadamente, estos últimos reclamos constituyen minorías frente a las turbas enfurecidas que conducen sus acciones y manotazos de ahogados para desembocar en un cambio de amo (aunque mientras escribo estas líneas bien dice Jean-Daniel Bensaid de Le Nouvel Observateur que de todos modos estas sublevaciones “han producido una enorme fisura en la autoridad simbólica”).
En lo que sigue de este artículo me baso en el formidable libro de Ryszard Kapuscinski titulado Ébano, que al leerlo uno se sumerge profundamente en el continente negro de treinta millones de kilómetros cuadrados y es trasportado a vivir con lujo de detalle en África como probablemente ningún otro libro sea capaz de hacer con tanta fuerza y asombroso realismo. Al leerlo se olfatean las aromas de dátiles, almendras, hojas de laurel, plátanos, naranjas y azahares, se escuchan las voces, los ruidos y las músicas descriptas, se enfrasca uno en el húmedo calor diurno, dan vértigo los inmensos espacios abiertos, asustan las acechanzas de animales de todo tipo y especie y hasta se sienten en carne propia los dolores y las alegrías de que nos habla tan elocuentemente el autor. Sobre todo sobresalen los dolores espantosos en medio de una riqueza natural casi sin parangón. El libro pone al descubierto con contundencia que el marco para la vida es del todo propicio, las condiciones exteriores para la felicidad están concedidas pero el hombre es grandemente desdichado por sistemas siniestros que establece los cuales más que anulan las bendiciones exteriores que ha recibido en el contexto de una vegetación exuberante y siempre generosa y bien dispuesta. En los tramos más sobresalientes del libro se describe la desgracia humana y su incapacidad de rectificar el rumbo macabro que ha decidido emprender y mantener a rajatabla para la desdicha más brutal de quienes tienen sentido de dignidad y autoestima.
Salvo acotaciones marginales y una nota final, todo lo que escribo a partir de ahora en este artículo son reflexiones y observaciones del gran Kapuscinski. No intento condensar sino apenas ilustrar con solo algunas muestras su magnífica obra publicada por Anagrama, en Barcelona, a través de los siguientes puntos, aunque el autor aclara que sobresimplifica para reflejar comportamientos y costumbres lo cual no debe conducir al estereotipo ya que las personas son todas distintas.
Decimos nosotros que en verdad constituye un atraco al sentido común el despilfarrar tantos dones naturales a manos de castas de forajidos que se reiteran para aplastar de modo inmisericorde cualquier signo de creatividad debido a la destrucción más completa de los más elementales derechos, desafortunadamente con el apoyo directo o indirecto de otras naciones que en lugar de enfatizar la necesidad de establecer marcos institucionales civilizados, proponen la profundización de las políticas estatistas que demuelen toda posibilidad de progreso. Como queda dicho, todos venimos de ese continente: aunque más no sea por amor a ese lejano terruño, todos deberíamos contribuir a reencauzar los valores y principios que, en otras partes, han sido capaces de convertir desiertos en vergeles.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
// EN PORTADA
// LO MÁS LEÍDO
// MÁS DEL AUTOR/A