Alberto Acosta, el asambleísta que desde este jueves preside la Constituyente ecuatoriana, es un economista de izquierda, amigo entrañable del mandatario Rafael Correa y nervio de las reformas más radicales a la Carta Política propuestas por el gobierno.
Un amigo del presidente Correa
Alberto Acosta tiene 59 años empezó su carrera política aliado al movimiento indígena Pachakutik, con el que intentó sin éxito llegar a la Asamblea que redactó la Constitución de 1998, a la que atacó ferozmente por su “inspiración neoliberal”.
Casi una década después se cobró revancha convirtiéndose en uno de los gestores de la llegada de Correa al poder en noviembre de 2006. Con el mandatario comparte las críticas al libre mercado, la dolarización de la economía -vigente desde 1999- y el pago de la deuda externa en detrimento de la inversión social.
Ocupó el Ministerio de Energía y Minas durante los primeros cinco meses del gobierno socialista sin ocultar nunca su desacuerdo con la minería a cielo abierto o la explotación petrolera en parques naturales.
Acosta impulsó una de las tesis más innovadoras del Ejecutivo sobre la materia: dejar enterradas las mayores reservas de petróleo de Ecuador, ubicadas en el parque amazónico Yasuní, para evitar que su explotación dañe al medioambiente.
A cambio, Ecuador –el miembro más pequeño de la OPEP– espera que la comunidad internacional le restituya 50% de los ingresos (un total de 700 millones de dólares anuales) que dejaría de recibir por mantener en tierra el crudo, su principal fuente de financiación.
Cinta negra en karate, Acosta habla pausadamente. Pocas veces se le ha visto exaltado, aunque es vehemente en sus críticas al neoliberalismo y dentro de sus propuestas caben desde la expropiación de tierras baldías hasta la confiscación de bienes a los corruptos.
El mandatario Correa dejó su cargo a consideración de la Constituyente para legitimar los plenos poderes de esa Asamblea, que al tiempo que lo ratificará en la presidencia cesará al Parlamento, dominado por la oposición.
Aun cuando son más sus coincidencias con Correa, el jefe de la Asamblea discrepa con uno de los puntos cruciales de debate: la reelección presidencial.
Mientras Correa es partidario de que la nueva Constitución le permita aspirar a un segundo mandato consecutivo, Acosta asegura que preferiría ampliar los mandatos de cuatro a seis años antes que una reelección.
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