Uncategorized

Alexander von Humboldt, ejemplo para Europa

“Se considera al ilustre científico y explorador alemán Alexander von Humboldt (1769-1859) un sabio universal. Sin embargo, esta eminente personalidad es prácticamente desconocida en Europa al contrario de lo que sucede en América Latina. En Alemania, el nombre de Humboldt se suele asociar, ante todo, al de su hermano mayor, Guillermo, pionero de la educación superior, y primer rector de la universidad de Berlín”.

Marcos Suárez Sipmann
Se considera al ilustre científico y explorador alemán Alexander von Humboldt (1769-1859) un sabio universal. Sin embargo, esta eminente personalidad es prácticamente desconocida en Europa al contrario de lo que sucede en América Latina. En Alemania, el nombre de Humboldt se suele asociar, ante todo, al de su hermano mayor, Guillermo, pionero de la educación superior, y primer rector de la universidad de Berlín.

Admito que ése fue también mi caso hasta mi primer contacto, hace años, con Venezuela. En una de las conversaciones mantenidas en Caracas, el Embajador alemán me explicó el prestigio del que goza y el cariño que se le tiene en Venezuela a Alejandro Humboldt. Tuve ocasión de comprobarlo a lo largo de toda mi estancia en aquel bello país, que fue el primero que el investigador visitó en su viaje de cinco años por tierras sudamericanas.

Humboldt había iniciado el viaje al Nuevo Mundo con su amigo y compañero, el botánico francés Aimé Bonpland, en junio de 1799 en La Coruña, a bordo del barco español Pizarro. Después de una escala en las islas Canarias, exploraron los territorios pertenecientes a los actuales Estados de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Cuba y México. El libro “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente”, confeccionado a lo largo de su recorrido por Sudamérica, despertó gran curiosidad e interés.

También Darwin se había aplicado en la lectura de libros como el mencionado para satisfacer su sed de conocimientos y se inspiró en ellos para su resolución de viajar al extranjero con fines de investigación. Cuando aparece el libro de Darwin “El origen de las especies” en 1859, fecha de la muerte de Humboldt, su autor diría de él: ´ha sido el científico explorador más grande que jamás ha vivido. Siempre le he admirado´.

Rebasa las posibilidades de este pequeño texto detenerse en los descubrimientos e inapreciables aportes a la física, geografía, mineralogía y geología de esos cinco años de exploraciones. Baste señalar que su gran significado para la ciencia le valió a Humboldt el pasar a ser considerado el fundador de la Geografía Física.

No obstante, me gustaría abundar algo más en otra faceta de este hombre eminente: la de diplomático. Sus brillantes aptitudes y su larga vida le permitieron conocer y tratar a una nutrida representación de las principales figuras que conformaron la política mundial; desde Napoleón a Metternich.

Ya había puesto de manifiesto su habilidad al iniciar su periplo en 1799. Una vez en España, consiguió llegar hasta el rey y someter a su aprobación un memorándum en el que se destacaban las potenciales ventajas de su expedición para la Corona española. Carlos IV, convencido de las buenas expectativas de descubrir minerales y sorprendido gratamente por su dominio del idioma español, concedió pasaportes con el sello real que permitían el acceso a cualquier lugar de las colonias españolas y el apoyo de los varios virreyes.

Humboldt viaja como europeo por colonias europeas y su percepción y observaciones son, al menos inicialmente, coloniales y eurocéntricas. Mas esto cambia a lo largo del viaje con lo que acaba por comprender y criticar este proceso. Encuentra nuevas formas – que podemos llamar poscoloniales – de describir lo “otro”.

Antes de regresar a Europa en 1804, donde en agosto le reciben y aclaman multitudes entusiasmadas en París, Humboldt visita durante unas semanas los Estados Unidos. Allí visita en su residencia de Monticello a Thomas Jefferson, tercer presidente de la joven nación y autor principal de la Declaración de Independencia. Ilustrados, librepensadores y partidarios de los derechos naturales del hombre, ambos eruditos pudieron dialogar sobre sus convicciones humanistas y republicanas.

Más allá de esto, lo que debió ser de gran interés para Jefferson fue poder recibir información relativa a los imprecisos y disputados territorios fronterizos con México. Con gran generosidad, su interlocutor puso a disposición de Jefferson sus conocimientos y útil material cartográfico. Es preciso recordar la operación de compra efectuada el año anterior, en abril de 1803, por los Estados Unidos a la Francia de Napoleón de los inmensos territorios situados hacia el Oeste, al sur del paralelo 33, conocidos con el nombre de Luisiana.

Conoció a Simón Bolívar, a quien lo unió una gran amistad que se mantuvo hasta la muerte del Libertador. Hubo dos encuentros, en 1804 en París y en 1805 en Roma. Humboldt apoyó la modernización del subcontinente si bien, en la correspondencia que mantuvieron en 1821, le recomendara moderación en su lucha. Bolívar solía decir de él que era “el descubridor científico del Nuevo Mundo”.

Humboldt fue, sin duda, un gran hombre. Su vida y su obra no merecen ser condenadas al olvido. Por ello es de apreciar el loable empeño de Hans-Magnus Enzensberger, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2002, cuando el año pasado presentó en Berlín una reedición de tres de sus obras más importantes: el tratado de ciencias naturales “Cosmos”, el libro “Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América” y “Vistas de la Naturaleza”, libro en el que describe la forma de Sudamérica.

Quisiera acabar con las palabras del presidente alemán, Horst Köhler, en referencia al valor de Humboldt como científico y como humanista cosmopolita: “representa como pocos lo mejor de Alemania, de sus posibilidades y aptitudes. Realmente necesitamos hoy a personas como él”.

Creo que esto es extensible a Europa y a la imagen que queremos que tenga nuestro proyecto común. Para ello es necesaria una política exterior abierta y multilateral que incorpore la cultura como elemento indispensable.

Marcos Suárez Sipmann es politólogo y jurista, además de experto de relaciones internacionales. Su email es marcsip@telefonica.net

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú