Uncategorized

Los primeros pasos hacia una reconciliación entre Turquía y Armenia

En su libro de viajes, Rumbo a Tartaria, Robert D. Kaplan hace una descripción de esta problemática y nos recuerda las dificultades que plantea la organización ´ex novo´ de un estado y la implantación de un sistema democrático. La exposición contiene mucha información para el lector interesado, aunque quizá su realismo a veces se tiña de un excesivo pesimismo en lo que al futuro de esos estados se refiere.

Marcos Suárez Sipmann


Hasta 1991, la fragmentada región del Cáucaso se encontraba enteramente en la Unión Soviética cuya frontera se extendía hasta Turquía e Irán.


 


Tras el colapso soviético en 1991, la situación geoestratégica en la zona cambió de forma radical al independizarse los tres estados transcaucásicos, Georgia, Azerbaiyán y Armenia.


 


Estallaron entonces una serie de conflictos latentes y largamente reprimidos. Su complejidad – histórica, étnica, religiosa – tan sólo permite aquí una somera enumeración.


 


Así en el Cáucaso norte, que quedaba dentro de la Federación de Rusia, los deseos de independencia de Chechenia han llevado a una guerra atroz que, lejos de solucionarse, extiende su horror a las repúblicas rusas vecinas de Daguestán e Ingushetia.


 


Los nuevos estados independientes en el Cáucaso sur tienen que luchar con la herencia soviética que se presenta en forma de corrupción, mafias y autoritarismo. Georgia tiene, además, problemas con las regiones secesionistas de Abjazia y Osetia del Sur fronterizas con Rusia y que son territorios controlados por grupos étnicos no georgianos (musulmanes en Abjazia y cristianos de lengua farsi-iraní en Osetia del Sur).


 


Entre Azerbaiyán y Armenia tuvo lugar la guerra por el enclave de Nagorno Karabaj (“Jardín negro y montañoso”) habitado mayoritariamente por armenios. A pesar del alto el fuego vigente desde 1994 las tensiones y la indefinición caracterizan este enclave. A su vez, Azerbaiyán teme por la población azerí que habita en Nakhichevan, exclave azerí consistente en un pequeño territorio separado del nacional por una franja de soberanía armenia. Las zonas caóticas mencionadas son una advertencia del peligro tantas veces constatado de las fronteras artificiales.


 


En su libro de viajes, Rumbo a Tartaria, Robert D. Kaplan hace una descripción de esta problemática y nos recuerda las dificultades que plantea la organización ´ex novo´ de un estado y la implantación de un sistema democrático. La exposición contiene mucha información para el lector interesado, aunque quizá su realismo a veces se tiña de un excesivo pesimismo en lo que al futuro de esos estados se refiere.


 


En otra obra anterior, El Imperio, sobre la extinta Unión Soviética, el periodista Ryszard Kapuscinski incluye relatos sobre su estancia en estos estados en el momento de la independencia.


 


Por si los problemas de la región no fueran suficientes, este año se conmemora el 90 aniversario del genocidio del pueblo armenio. En 1915 el Gobierno de los Jóvenes Turcos – revolucionarios en el poder desde 1908 –ordenó el arresto y asesinato de la élite armenia a la que siguió la deportación y matanzas masivas del pueblo armenio otomano en el imperio. Casi la mitad de la población armenia de Turquía; más de un millón de personas, murió a consecuencia de ello. Y las pérdidas en el legado cultural, espiritual y material han sido incalculables. Lo que es considerado el primer genocidio del siglo XX fue novelado por el escritor Franz Werfel en 1933 en Los cuarenta días del Mussa Dagh. Werfel concibió el proyecto en 1930, en un viaje a Siria, al ver las condiciones en que subsistían los armenios sobrevivientes de las matanzas y conocer la historia de la resistencia de los habitantes de seis pueblos en el macizo del Musa Dagh (la montaña de Moisés) que, tras cuarenta días de asedio por el Ejército turco, fueron salvados por barcos de guerra aliados. Para el lector el libro tiene el mérito de haber sido el primero en erigir un monumento a las víctimas del genocidio armenio, pero también es cierto que, en ocasiones, incurre en generalizaciones injustas y simplistas.


 


La actual Armenia ortodoxa – límite suroriental de la cristiandad en Eurasia – ha sido mutilada territorialmente en todas direcciones. Con una extensión similar a la de Bélgica, Armenia es el más pequeño de los tres estados caucásicos rodeado por todos lados de “enemigos históricos” (turcos de Anatolia, turcos azeríes y georgianos).


 


Turquía reconoció en 1991 la independencia de Armenia, pero hasta el día de hoy entre los dos países vecinos no existen relaciones diplomáticas. A Turquía no le gusta que la Declaración de Independencia armenia se refiera a la región de Anatolia oriental (hoy parte integrante de Turquía) como Armenia occidental y, sobre todo, que en esa Declaración se aluda al genocidio armenio que Turquía se empeña en negar.


 


La frontera común que separa Armenia y Turquía deja el monte Ararat, símbolo nacional de Armenia, hoy en territorio turco. La montaña sagrada donde según la tradición bíblica, encalló el arca de Noé, puede divisarse desde la capital armenia, Ereván.


 


Aún queda mucho camino por recorrer para la reconciliación y al final del mismo debe figurar un reconocimiento de aquellos crímenes por Turquía. Pero a pesar de las dificultades se están dando los primeros pasos para un acercamiento. En 2001 se estableció la Comisión de Reconciliación Turco-Armenia (TARC) que rompió el tabú que existía sobre este tema en Turquía. Se consiguió generalizar una serie de contactos entre numerosas asociaciones civiles y políticas de ambos países.

Marcos Suárez Sipmann es politólogo y jurista, además de experto de relaciones internacionales. Su email es marcsip@telefonica.net

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú