“Baden-Württemberg es, además, uno de los estados más ricos y prósperos. Su espíritu emprendedor es proverbial. Tiene, por otra parte, un gran valor turístico con sus pueblos medievales, el lago Constanza al sur, la Selva Negra y balnearios como Baden-Baden, un importante centro turístico y cultural, que atraen a numerosos visitantes. La concesión en 1748 de un casino y la inauguración del hipódromo en 1858 dio a la localidad un gran impulso”.
Marcos Suárez Sipmann
Aunque habría muchos y buenos motivos para ello no voy a hablar esta vez de Alsacia sino de Baden-Württemberg, su vecina al otro lado del Rin.
Diez años después de haber estudiado dos semestres en la bonita y apacible ciudad de Heidelberg, tuve la suerte de poder volver unos meses a este Land, o estado federado, en el extremo sudoccidental de Alemania, para un trabajo periodístico.
Baden-Württemberg debe su existencia a un referéndum, realizado el 9 de diciembre de 1951, dos años después de la creación de la República Federal. Hasta esa fecha, la región estaba dividida en pequeños estados a menudo enfrentados. Los más importantes de dichos estados eran Baden y Württemberg.
Descubrí la inmensa tradición cultural y la variada oferta académica de esta región en conversaciones mantenidas, entre otros, con los rectores de sus universidades. Así, con el rector de la Universidad de Heidelberg, fundada en 1386 – apenas un siglo y medio después que la de Salamanca – pero también con los rectores en Tübingen, Freiburg y Karlsruhe, que se encuentran entre los centros más prestigiosos de Alemania.
Baden-Württemberg es, además, uno de los estados más ricos y prósperos. Su espíritu emprendedor es proverbial. Tiene, por otra parte, un gran valor turístico con sus pueblos medievales, el lago Constanza al sur, la Selva Negra y balnearios como Baden-Baden, un importante centro turístico y cultural, que atraen a numerosos visitantes. La concesión en 1748 de un casino y la inauguración del hipódromo en 1858 dio a la localidad un gran impulso convirtiéndola en la capital veraniega de Europa. Fue muy frecuentada por la alta sociedad rusa y numerosos artistas de esa nacionalidad como Gogol, Tolstói, Turguenev y Dostoiévsky a quien le inspiraría más tarde una de sus obras más célebres: “El Jugador”. Otros artistas como Delacroix, Víctor Hugo, Brahms, Wagner, Clara Schumann, Liszt o Berlioz también fueron visitantes asiduos.
Y es en la Selva Negra donde nace el segundo río más importante del continente después del Volga. El Danubio es el único río importante de Europa que fluye en dirección oeste-este. Todo un símbolo para superar una cruel división artificial y relanzar los lazos con esos otros europeos sometidos a largas décadas de dictadura e ignorados demasiado tiempo.
Próxima a la Selva Negra y con su famosa catedral gótica se encuentra la hermosa ciudad de Freiburg en cuya universidad se matriculó en 1899 la primera mujer alemana que accedió a estudios superiores. Y pocos años después de la de Freiburg se fundó en 1477 el centro académico de Tübingen cuya nómina de estudiantes ilustres incluye los nombres de Kepler, Strauss, Schelling o Hegel.
Karlsruhe (literalmente ´el descanso de Carlos´ ya que en su origen, en 1715, no fue más que un simple coto de caza), es la capital de Baden. Parcialmente destruida por los bombardeos en 1942 se decidió tras el conflicto que se integrase en el nuevo Land de Baden-Württemberg, cediendo la capitalidad a Stuttgart. A pesar de ello, Karlsruhe se ha mantenido como sede del Tribunal Federal Constitucional. Destaca, asimismo, su universidad técnica, la famosa “Friedericiana“, inaugurada en 1825, que se ha convertido en la primera universidad técnica del país.
La destrucción fue mucho mayor en Mannheim, la segunda ciudad más grande del estado y que es hoy un gran puerto fluvial e importante centro comercial. Fue en el Teatro Nacional de Mannheim donde se representó en 1782 la primera obra de Schiller, “Los bandidos”, que obtuvo un rotundo éxito. En este drama, Schiller, de cuya muerte se cumple este año el segundo centenario, atacó las instituciones de su tiempo.
En las afueras de la capital, Stuttgart, entrevisté en su casa, al que fuera su alcalde durante más de 20 años; concretamente de 1974 a 1996. Manfred Rommel, hijo del mariscal Erwin Rommel, conocido como el zorro del desierto, es un modelo de tolerancia y liberalismo. Político democristiano, su actitud conciliadora y su sentido del humor han hecho que su popularidad esté por encima de los partidos.
Uno de sus momentos más difíciles en la alcaldía fue al final de los años setenta, cuando Alemania sufría el azote de la banda terrorista Baader-Meinhof. En medio de los ánimos encrespados y cuando muchos trataron de negar el entierro en el cementerio de Stuttgart a los terroristas muertos en Stammheim (Baader, Ensslin y Raspe), Rommel dio la cara para decir que con la muerte se acaban los odios y accedió a la petición.
Además del interés histórico al evocar la figura de su padre, la conversación trató, sobre todo, de su labor al frente de la alcaldía y de la tarea desempeñada, a lo largo de nueve años, como presidente del ´Congreso de Ciudades Alemanas´. Ha sido el político municipal alemán más conocido, tanto dentro como fuera del país.
Entre 1996 y 1999 fue Coordinador de la ´Cooperación Franco-Alemana´ y ha venido realizando durante toda su carrera una importante labor en la reconciliación europea. Recuerda su buena relación con el veterano político francés Pierre Pflimlin, que fue durante décadas el alcalde de Estrasburgo, hermanada con Stuttgart. Pflimlin, de convicciones cristiano-demócratas, muy vinculado a su tierra de Alsacia, era un europeísta convencido y solía decir que era europeo porque era alsaciano. Fue presidente de la Eurocámara entre 1984 y 1987.
Rommel me enseñó algunas de las fotografías que guardaba con cariño, como una en la que aparece junto al Viscount Montgomery of Alamein, los hijos de los enemigos de antaño, dándose la mano delante del monumento a Churchill en Londres. O aquella otra donde recibe en Jerusalén, de manos de su alcalde, Teddy Kollek, la medalla de los Amigos de Jerusalén. La decisión de condecorarle se había adoptado prácticamente por unanimidad en el consejo municipal.
A lo largo de su trayectoria política y personal, Rommel ha encarnado a la perfección la figura del alcalde y ha mostrado lo que es capaz de lograr un buen político local. Hombres y mujeres como él han impulsado la vocación europeísta de Baden-Württemberg y la buena gestión de sus ciudades.
Es necesario potenciar el campo de acción de los municipios. La dimensión regional y local tiene que coexistir con la supraestatal y estatal. Sólo así podremos alcanzar una verdadera Europa de los ciudadanos. Hay que dotar, por tanto, de los medios suficientes al ámbito local para que la proximidad y la eficacia caractericen la gestión de los asuntos públicos.
Marcos Suárez Sipmann es politólogo y jurista, además de experto de relaciones internacionales. Su email es marcsip@telefonica.net