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Karl Popper

Karl Popper

Argentina: la política en crisis…

Los políticos,  en Argentina,  han perdido credibilidad,  se los rechaza. Gracias a los medios modernos de comunicación la gente se entera de cómo actúan, indigna el circo en que se ha convertido el Congreso.  Cuesta saber qué es verdad y qué mentira, no hay dialogo racional, todos creen que tienen la verdad absoluta. Es por eso que intentaré,  someramente,  resumir  el pensamiento de uno de los filósofos que más ha trabajado el tema de la verdad: Karl Popper. Tal vez sirva para aportar un granito de arena a la disminución del fanatismo y la intolerancia.

Define  Popper al conocimiento como la búsqueda de la verdad,  nos dice que muchas veces nuestras teorías pueden ser  verdaderas pero,  aunque lo sean,  nunca podremos saberlo con certeza.  Lo que sí podemos,  aunque el conocimiento se base en conjeturas,  es progresar: existe un criterio racional en la búsqueda de la verdad, y por lo tanto un criterio de progreso científico.

La ciencia es una actividad crítica: se examinan las hipótesis a fin de encontrar errores y eliminarlos para llegar más cerca de la verdad. Las nuevas hipótesis deben  intentar explicar las cosas que no pudieron ser explicadas,  o predichas, mediante las antiguas hipótesis.  Si las pruebas críticas resisten, se supone que se está más cerca de ella, en el rumbo correcto. El conocimiento, entonces, es labor de conjetura disciplinada por la crítica racional.

Las ciencias naturales  tienen un criterio de progreso objetivo y no ideológico, de progreso hacia la verdad. Es, nos explica el gran maestro, lo que ha determinado el desarrollo de las ciencias naturales desde Copérnico, Galileo, Kepler, y Newton, desde Pasteur y tantos más. Este criterio no es siempre aplicable, pero los científicos naturales, excepto cuando han sucumbido a  las modas, generalmente lo utilizan de forma confiada y  sensata. En las ciencias sociales está mucho menos asegurado el poder de este criterio racional, por eso  surgieron las teorías de moda y el poder de las grandes palabras, unidas a la oposición a la razón y a la ciencia natural.

 La significación de una observación o un descubrimiento depende,  por lo general,  de si  permite modificar las teorías existentes. Ni la observación, ni la razón, advierte el gran maestro,  constituyen una autoridad. Otras fuentes como la intuición  y la imaginación son muy importantes, pueden mostrar cosas con mucha claridad, son las mayores fuentes de nuestras teorías, pero la gran mayoría de ellas son falsas.

La función más importante de la observación y el pensamiento lógico, pero también de la intuición y de la imaginación, es ayudarnos con el pensamiento crítico de aquellas teorías osadas que se necesitan para adentrarnos en lo desconocido. Si podemos,  explica Popper,  admitir que no hay autoridad que esté fuera de la crítica en el ámbito de nuestro conocimiento, por mucho que nos hayamos adentrado en lo desconocido podemos retener, sin riesgo de dogmatismo, la idea de que la propia verdad está por encima de una autoridad humana; en realidad,  sin la verdad no puede haber avance hacia lo desconocido ni búsqueda del conocimiento.

Lo anterior, nos señala Popper,  nos obliga a luchar contra todo dogmatismo y considerar un deber la modestia intelectual. Los más importantes científicos, tal como Newton, Einstein percibieron que ante cada solución emergen muchos problemas nuevos y no resueltos, nuestro conocimiento se vuelve más consciente y preciso cuanto más conocemos del mundo,  aunque  también  percibimos que todos somos iguales en nuestra infinita ignorancia.

Siguiendo lo que explica Karl Popper, para que los argentinos  podamos ir tras la verdad,  necesitamos volver a elevar el status de los partidos y de los gobernantes. Muchos en nuestro país apuestan a darles muerte. Con ello se derrumba la democracia porque los partidos son uno de los componentes de una democracia firme, junto a políticos profesionales, opinión pública institucionalizada,  y mercado del voto.

En la actualidad,  vemos que se prefieren gobiernos de caudillos de formas autoritarias de gobierno,  debido, justamente,  al desprestigio de la política y de los políticos. Por un periodo prolongado  los partidos no han funcionado como debían,  nuestros representantes dejan tanto que desear que han logrado la animadversión de casi toda la sociedad.

La verdad ya no es un objetivo a alcanzar, la mentira alcanza un lugar primordial, el fanatismo y el dogmatismo que no le hace sombra,  impiden la crítica racional a la que alude el  filósofo.  Las más locas teorías  de diputados y senadores se escuchan en el Congreso, sin que se les mueva un pelo. No perciben que se cavan su propia fosa: sin la búsqueda  y reconocimiento de los errores no hay progreso que valga. Las mejoras vendrán si se eleva el nivel de eficiencia y seriedad que muestren en su desempeño.  Solo de esta forma regresará el respeto de la ciudadanía, lo que no excluye la crítica.

Termino con una cita  del excepcional filósofo que los visitó hoy. Le viene como anillo al dedo a la mayoría de los políticos: Jenòfanes,  hacia el año 500 a.C  ya sabía, lo que hoy muchos parecen olvidar al creer que el hombre es omnisciente:

“Los dioses no nos revelaron, desde el principio,

Todas las cosas a los humanos; pero en el curso del tiempo,

Podemos aprender indagando, y conocer mejor las cosas.

Por lo que respecta a la verdad certera, nadie la conoce,

Ni la conocerá; ni acerca de los dioses,

Ni tampoco de todas las cosas de las que hablo.

E incluso si por azar alguien llegase a la verdad perfecta, lo desconocería:

Pues todo no es más que una tela tejida por conjeturas.”

 

Elena Valero Narváez. Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro  del Instituto de Economía  de la Academia de Ciencias. Morales y Políticas. Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas). Autora de “El Crepúsculo Argentino” (Ed. Lumiere, 2006).

 

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