América, Política

Continúan las penurias del pueblo de Venezuela

El enorme y perverso drama de Venezuela sigue su desgraciado curso. Nicolás Maduro y sus correligionarios (y socios) siguen destruyendo a su país y empobreciendo a su pueblo.


 
Vestido de impecable traje blanco, a la manera de Radamés Trujillo, Nicolás Maduro se muestra frente a las cámaras de la televisión de su país cuidando infructuosamente de disimular su vulgaridad. Esas cámaras estatales -siempre cuidadosamente instruidas de no perder detalle alguno de sus movimientos- procuran endiosarlo, tarea esforzada que no es nada sencilla.

Mientras tanto, su pueblo sufre toda suerte de escaseces y privaciones y pasa muchas horas, todos los días, haciendo colas interminables para tratar de proveerse de lo que necesita. Ese es el “milagro” bolivariano. Cada vez más parecido al “milagro” cubano, que -sabemos- no se ha concretado nunca a lo largo de en un interminable medio siglo de erróneas recetas socialistas.

 Venezuela vive en “estado de excepción” para que su gobierno pueda violar -constante e impunemente- los derechos humanos y las libertades civiles y políticas de su pueblo. Está, por lo demás, sumida en la acelerada inflación, que ya es de tres dígitos, razón por la cual el último mes los alimentos básicos aumentaron un 40% respecto del mes anterior;y enterrada en el desabastecimiento. Todo lo contrario al“paraíso” prometido, entonces. El 30% de los venezolanos, o sea casi una tercera parte, no tiene siquiera una cuenta bancaria. Nada.

 Su Banco Central ya no cumple con las líneas de crédito abiertas por sus pares de la región, que las están cerrando. Ni con los compromisos de pagar,en tiempo y forma, las obras de infraestructura ya realizadas en gran medida por contratistas brasileños.

 Ocho personas que estaban en detención “preventiva” han muerto en lo que va del año, en prisión. Y a nadie se le mueve un pelo. Parece “normal”. A los familiares de los presos, sus custodios les cobran por entregarles los alimentos que les llevan. Y tampoco pasa nada.

Canadá, país prudente y sensato, acaba de imponer sanciones al presidente de Venezuela y a otros 39 funcionarios públicos venezolanos. Por su “comportamiento antidemocrático”, lo que es un eufemismo. Les ha congelado activos e impedido que hagan negocios con los ciudadanos de su país. Mientras tanto, el gobierno de Nicolás Maduro apunta contra los activistas en derechos humanos, a los que les prohíbe salir del país, encarcela y tortura. Europa, en cambio, arrastra los pies en este preocupante tema y nada hace. Venezuela no es, para el Viejo Mundo, prioridad.

Hasta el pequeño Paraguay, preocupado con razón por la situación venezolana, ha ofrecido alimentos y medicamentos. Mientras insiste, con buen criterio, en que se libere a los presos políticos.

El enorme y perverso drama de Venezuela sigue su desgraciado curso. Nicolás Maduro y sus correligionarios (y socios) siguen destruyendo a su país y empobreciendo a su pueblo. A lo que suman la tarea de ordeñarlo, para así seguir sosteniendo al régimen de Cuba, que hoy parecería ser el verdadero “dueño” de Venezuela. Como si ese fuera su derecho. El de “amo y señor”. Ante el silencio complaciente de buena parte de la izquierda latinoamericana.
 
 
Emilio J. Cárdenas.
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

 

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