Política

Cuba: Zapatero y Rajoy deben ponerse de acuerdo

“Zapatero, Rajoy y Oswaldo Payá pueden tener en Madrid una reunión con luz y taquígrafos y adoptar una posición común sobre el futuro de Cuba basada en la defensa de los derechos humanos”

ANÁLISIS


Algún día contaré mi primer y único viaje a la Isla invitado por Cáritas
Cuba. Era la primera legislatura del gobierno Aznar. Entonces, también el
gobierno cubano denegó -en suelo español- mi visado de turista que
había sido tramitado por la agencia de viajes. Los argumentos fueron dos:en Cuba
no existía “oficialmente” la organización Cáritas Cuba y un díputado español (yo
lo era entonces) no podía ir con un simple visado de turista. El buen secretario
de estado de cooperación del momento, Fernando Villalonga, resolvió el tema y el
gobierno cubano me facilitó -en Madrid- un visado, dijeron que “especial”. Todo
se resolvió con discreción. Pude hacer el viaje. Un viaje que estuvo
“perfectamente” controlado y en el que sucedieron muchas cosas que, cómo he
dicho, algún día contaré. Ahora no vienen al caso.

Acababa de tomar
posesión el nuevo embajador de España en la Habana, el diplomático Junco,
despúes de un largo año donde nuestro encargado de negocios, Javier Sandomingo,
había hecho un extraordinario trabajo al frente de la embajada. Castro había
denegado el placet al embajador Coderch, propuesto por el primer gobierno de
Aznar. Lo que había dado en llamarse “la diplomacia de la corbata” llegaba a su
fin. Cuba y España “normalizaban” sus relaciones. Pude dar una rueda de prensa
en el hotel Nacional y anunciar que ese año los presupuestos españoles
aumentaban los fondos para la cooperación con Cuba. Pude decir también -pero no
tuvo mucho eco- que la intención del gobierno español era la de ayudar al pueblo
cubano directamente y que el tradicional programa de ayuda (aceite y leche para
madres embarazadas) se haría con la directa intervención y supervisión de la
iglesia católica cubana y no con las autoridades del régimen.

Me reuní
con muchas personas y autoridades políticas, religiosas, universitarias. Pasaron
muchas cosas y algunas no precisamente agradables. Vi como se despilfarra y
tira el dinero de la cooperación española. También pude comprobar dónde y cómo
se utiliza con cierta eficacia. Recabé mucha información y me volví a
España sabiendo con claridad sólo una cosa: las relaciones de España con Cuba
deben ser muy estrechas e intensas pero de igual manera firmes e independientes.
La política de grandes gestos, declaraciones, encuentros y desencuentros sirve
muy bien al interés político de unos y otros. Allí dentro y aquí fuera. Pero
afecta, y de que manera, a personas con nombre y apellidos que sufren cada día
en su libertad y derechos los rigores del escenario cubano actual. Personas allí
y personas aquí.

Por eso que, el gobierno Aznar,  de los iniciales
gestos (necesarios para muchos y muy bien entendidos dentro de la Isla en
determinados sectores), pasara a buscar con eficacia una posición común europea
firme, clara y coherente, fué una buena noticia para todos ellos. En los últimos
años, el proyecto Varela impulsado por Oswaldo Payá recibió el respaldo del
gobierno de España y me consta que sus promotores no quiseron hacerlo exclusivo
de nadie y que buscaron con gran generosidad e inteligencia el apoyo del
entonces lider de la oposición José Luis Rodriguez Zapatero.

Ahora el
escenario político español es bien distinto. Vivimos momentos tumultuosos y
un sin fin de declaraciones confusas, contradictorias y carentes de todo
sentido. Todo se ventila de cara a la galería y se discute en ese patio de
vecinos en el que se ha convertido la política patria. Pero, como decía la
coplilla, el patio de mi casa es muy particular y ahora los grandes temas de la
política exterior ocupan a los vecinos. Estamos, como dicen, en la aldea
global.

No estoy muy seguro que a la mayoría de los españoles de hoy les
ocupe mucho tiempo el tema de Irak, las elecciones norteamericanas, la
constitución europea, etc. Es evidente sin embargo que para nuestra actual clase
política, unos y otros, el escenario actual de poder y oposición, es
consecuencia directa de ese gran asunto: la guerra de Irak y todas sus
derivaciones. No les falta razón. Como consecuencia de ello, el actual
gobierno toma decisiones en cascada orientadas por esa de retirar las tropas.
Qué se me perdone el atrevimiento, pero se están equivocando. Parece que la
consigna es hacerlo todo distinto y que todo tiene que ver con aquello. A la luz
de esa decisión que yo considero errónea (lo digo con respeto, pero también con
miedo, espero que se me permita pensar distinto) se toman todas las demás: Cuba,
el Sahara, las relaciones con Estados Unidos, el desafortunado asunto del
desfile e incluso hasta el RIP, digan lo que digan, al pacto de estabilidad en
Europa.

Rajoy a pedido a Zapatero un gran acuerdo en política exterior.
Ha hecho bien. Es una actitud responsable. Si se llegara a alcanzar el
improbable acuerdo el actual gobierno saldría fortalecido. Siempre sucede así.
Tener, por ejemplo, unas buenas relaciones con Estados Unidos nos beneficia a
todos y la actual deriva de declaraciones, gestos y actitudes por parte del
gobierno no camina en ese sentido. Incluso si gana Kerry. El gobierno lo
sabe. La iniciativa de Rajoy debe ser considerada e impulsada.

Esta
iniciativa tiene dos inconvenientes graves para salir adelante, en mi opinión.
El primero afecta al propio presidente del gobierno. Debe abandonar la
“comodidad” de su actual posición, entendida en términos electorales
internos, derivada de su decisión de retirar las tropas de Irak y frenar
radicalmente esa incotrolada cascada de declaraciones, gestos y
decisiones que aquello ha provocado. Debe hacerlo con firmeza y decisión. Debe
hacerlo con rapidez. Esa comodidad se terminará y llegará el momento en que deba
tomar decisiones que, no estando reñidas con las convicciones y los principios
(lo sabrá en su momento), estén dictadas por el interés general.
Llamazares no puede ser su consejero en la sombra por más que quiera disputarle
el espacio de los antiglobalizadores.

El segundo incoveniente, no menor,
es la actitud del Partido Popular y sus dirigentes. Rajoy es una persona muy
prudente y sensata, yo lo se bien. El partido popular tiene un suelo electoral
sólido. Las elecciones europeas demostraron eso. Sin la matanza del 11 M, hoy
sería presidente del gobierno. Eso es seguro y lo sabe todo el mundo. Sin el
brutal atentado del 11 M, que estuvo pensado para derribar un gobierno  -se
demuestre o no y esto lo sabe también todo el mundo- los efectos colatelares de
la guerra de Irak no hubieran sido suficientes para desalojar a un gobierno y a
un partido que presentaba un balance muy positivo. Pero el partido popular, que
puede reivindicar sin complejos una muy buena gestión de los asuntos de
España, incluso en política exterior, no puede dejarse llevar por los escenarios
fáciles que facilitan las contradicciones y errores iniciales del actual
gobierno. Debe hacer gestos para que su propuesta de acuerdo sea creible.
Debe tener una intensa presencia internacional y pedir a sus colaboradores que
faciliten eso.

La actitud de Castro con Jorge Moragas y sus acompañantes
es impresentable, pero era la esperada. Me atrevo a decir, incluso, que estas
cosas siempre le vienen bien al regimen castrista. Si no, nos las haría. El
suceso, removerá de nuevo las conciencias de los convencidos y la denuncia, la
protesta y las repercusiones del hecho son legítimas, justas y necesarias. Nunca
diría yo lo contrario. Pero no se moverá ni un milímetro la actual situación
cubana como consecuencia de ello.

El asunto de Cuba es una oportunidad
para Zapatero y Rajoy. Los dos deben apoyar sin fisuras a Oswaldo Payá y el
proyecto Varela. Me atrevo a sugerir la estrategia: Rajoy debe pedir a Zapatero
que exiga a Castro deje salir a Payá de Cuba. El presidente del gobierno debe
propiciar una reunión en Madrid con Oswaldo Payá y el propio Rajoy. Luz y
taquígrafos para una posición común sobre Cuba, firme, coherente y de futuro.
Una política de estado para Cuba con un planteamiento muy claro y contundente:
Los derechos humanos siempre están por encima de la estrategia política, se
llame esta diálogo o de cualquier otra manera.

Será dificil un gran
acuerdo en España sobre política exterior, tal y como están las cosas. Podemos
intentar resolver problemas uno a uno. Cuba puede ser el primer paso. Además,
para los españoles ¿es Cuba una cuestión de política exterior o es también
un tema de “interior”, tan personal y tan propio…? Algunos piensan
que Cuba no es sólo una cuestión de política exterior para España. Esto, aunque
discutible, puede, entiendo, facilitar el acuerdo y no alejarlo.

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