América

El chantaje “humanitario”

Es claro que en su dolor, las familias de los secuestrados traten de aprovechar cualquier luz que les de la posibilidad de vislumbrar el retorno de sus seres queridos a la libertad, luego de tantos años de maltrato, abuso y tragedia.


De hecho, hay que decirlo, en Colombia no hay 3.000 y tantos secuestrados, hay ese número y más, de familias secuestradas. Los padres, hermanos, hijos viven en una terrible zozobra diaria y en la angustia de saber por la suerte y el destino de sus parientes en manos de estas personas que han hecho del terror, el miedo y la barbarie su modo de vida.

Por fortuna, desde el 4 de febrero de 2008, la sociedad colombiana en general se sacudió y gritó en más de 120 ciudades del mundo: !No al secuestro, No a las Farc!. Fue como una catarsis, por medio de la cual, millones de colombianos y amigos de Colombia reaccionaron, por primera vez, en forma masiva y contundente frente a un largo secuestro al que, por extensión, había sido sometido este país.

Ese secuestro colectivo, de un país, se habia dado desde las épocas de finales del desgobierno de Samper, cuando los violentos creían que podían tomarse el poder y en cualquier carretera hacían retenes, paraban cientos de carros, hacían descender de los vehículos a las personas, los requisaban, les pedían documentos, y a los que se les antojaba se los llevaban para el monte. Todo ello en una maligna acción, que los medios masivos de comunicación, como idiotas útiles, le llamaban con el eufemismo de “pesca milagrosa”, y que le valió a uno de los bandidos, destacarse y volverse figura pública por su cinismo y desdén, el llamado “mono jojoy”.

Einstein afirmaba alguna vez que solo hay dos cosas sin límite en el universo, el universo mismo y la estupidez humana. Y agregaba que de la primera, incluso tenía sus dudas. Pues bien, la estupidez de los medios masivos de comunicación no tiene límite, pues en su competencia por titulares escandalosos terminan haciendo el juego a los torturadores, secuestradores, terroristas, y cuanto malandrin resulte en el camino. Es claro que las más anunciadas y publicitadas noticias son las entrevistas a cuanto individuo haya defraudado la confianza pública o haya cometido los más atroces crímenes.

Pues bien, el juego sigue. Los medios ahora repiten y repiten cuanta declaración se haga en torno de un “acuerdo humanitario” que no se ve en el camino, y no precisamente por culpa de las autoridades colombianas. Es evidente desde la época de Pastrana, cuando algún amigo suyo le vendió un cuento chino que se comió enterito. El cuento era que “tirofijo” y los jefes de la guerrilla estaban cansados de la larga “lucha” y querían terminar sus días tranquilos en una finca con vacas y gallinas y, que por tanto, estaban listos para hacer la paz, y encima de eso, que si lograba un acuredo con las Farc, podría ganar el Nobel de Paz y volverse el Mandela de America Latina.

Pues bien, quedó claro que no había con quién negociar, con la famosa foto de la “silla vacía” cuando el presidente Pastrana iba a tener un supuesto encuentro público con el jefe de los secuestradores. Es absolutamente elemental que para negociar se nececitan mínimo dos, y el gobierno no tenía con quien , no había el otro. Otra cosa es que se dieron parodias, mesas, reuniones, fotos, discursos, artículos, editoriales, videos, entrevistas y cuanta payasada se inventó cada cual, pero al final, todo vacío de contenido. Lo único que les interesaba era el alargue y alargue.

Nadie le dijo al gobierno que las Farc se sentían el ejército, la avanzada, la fuerza de punta de un proyecto latinoamericano llamado “Foro de Sao Paulo“, PSP, que se creó cuando Lula era el alcalde de San Pablo, en Brasil, que reunió las izquierdas para diseñar una estrategia de cómo llegar al poder en Latinomérica, luego de la caída del Muro de Berlin y el desplome del bloque comunista Soviético. En ese foro, año a año se siguieron reuniendo los partidos de izquierda de la región y representantes de los “alzados en armas”, incluida, por supuesto, las Farc.

En esos encuentros se diseñó la estrategia de tomarse el poder por la vía del voto popular, confrontando la clase política corrupta y aprovechando la necesidad de propuestas para la solución de los problemas urbanos y de pobreza, con tintes nacionalistas y anti-norteamericanos. Luego, controlar el legislativo y el aparato de justicia y reformar las institucuiones para relegirse, en lo posble indefinidamente.

Las Farc, entendieron su papel de fuerza armada de esa revolución y con el apoyo de recursos provenientes del narcotráfico y los contactos de amigos del foro, se incrustaron en distintos países, desde México a Argentina y Chile, a la vez que realizaban una diplomacia “paralela” en Europa, entre los nostálgicos izquierdistas que se habían quedao sin norte, sin rumbo y sin pretexto. Se mostraban como el ejercito del pueblo, liberadores de un país en manos de usurpadores y oligarcas.

Eso del FSP, nadie se lo contó a Pastrana. En consecuencia, luego del fortalecimiento ante el desmadre institucional que resultó del cuatrienio de Samper y los cuatro años de visibilidad permanente en los medios de comunicación nacionales e internacionales, las Farc se creían en condiciones de producir una seria fractura del país, si es que no lograban el poder. El miedo colectivo impulsó en meses a Alvaro Uribe, quien se posicionó con la promesa de cerrar la zona de diálogos que en el “Caguan” les había entregado el gobierno Pastrana y añadió, que se convertiría en el primer soldado de la nación. Entre tanto, los guerrileros habían usado ese espacio además, como refugio, campo de entrenamiento y zona segura para llevar secuestrados de regiones vecinas.

Una vez Uribe en el poder, gracias al fortalecimiento de las fuerzas armadas que había iniciado Pastrana con el “Plan Colombia” y la estrategia de combate frontal a los grupos armados, llamado “Seguridad Democrática” que diseñó su Ministra de Defensa Marta Lucía Ramírez, empezó un inevitable repliegue de las Farc, hacia las zonas de frontera. Las continuas derrotas a manos de las fuerzas de seguridad del Estado, el permanente rosario de deserciones, el trabajo de inteligencia y las delaciones, le dejaron como opción a las Farc, utilizar en inhumano botín de los secuestrados.

La guerrilla, que hace mucho tiempo perdió su horizonte de lucha por las necesidades “del pueblo”, que se volvió narcotraficante, terrorista, secuestradora, asesina y torturadora, hoy podría decirse que no existe. Es posible pensar que las Farc no existen; que, lo que hay, es una serie de grupos armados, regados por distintas zonas del país, dedicadas a amenazar, secuestrar, extorsionar, cuidar cultivos de droga, vender kilos de coca o intercambiarlos por armas, armar carros-bomba, a enterrar “minas quiebrapatas”, en fin. Y todo ello, afirman todavía, en nombre del “pueblo”.

No parece haber unidad de mando. Pues tienen serios problemas de logística y comunicación, por lo que más que una organización centralizada, parece una federación de bandas armadas, en la que cada una actúa por su lado y se amparan con la franquicia de la muerte, “Farc”.

Así las cosas, no parecerían quedarle más que dos opciones “racionales”:

1. Lograr algún tipo de acuerdo con el gobierno para tener una “salida digna” e insistir en algún tipo de negociación, para no aparecer como derrotados. Lo que seguramente no les apetece mucho, pues sería como una especia de “claudicación”, justo cuando sus camaradas obtienen el poder y se atornillan en buena parte de los países de la región.

2. Dedicarse al terrorismo y el chantaje, para reubicar en la primera plana de los medios la agenda del terror y poner condiciones, insinuando que los logros obtenidos por las Fuerzas Armadas y el gobierno no les han hecho suficiente daño.

La una, significaría el tránsito hacia el postconflicto, de manera que el país se dedicara a la recuperación de la confianza, la justicia y la institucionalidad y se pudiera ocupar de afrontar los desafíos de la globalización, el desarrollo y la crisis economica financiera mundial. La otra, mantener el círculo de violencia, terror y miedo. De esa manera, podrían influir el proceso electoral venidero en dos sentidos, justificar una nueva reelección de Uribe o convencer a la gente que todo el gasto y esfuerzo de ocho años no los pudo acabar, derrotando lo que representa Uribe y sus amigos más cercanos.

En ese juego, sus jefes visibles y “autorizados”, envían comunicaciones reclamando el “Acuerdo Humanitario”, y que recogen intelectuales, familiares de los secuestrados y politicos de “buena fe”. Mientras, asesinan indígenas y campesinos con alevosía y publican cínicos comunicados en que tratan de justificar su acción.

Y ahí vamos. Lo último es quitar el velo. Ya quedó claro que lo que buscan no es el tan cacareado “Acuerdo Humanitario”, sino un “acuerdo da canje” entre miembros de la fuerza pública secuestrados, alrededor de veinte, y los guerrilleros detenidos en las cárceles de Colombia. Y el resto de los miles, nada. Seguirán siendo la cruel e inhumana “carnada” para manipular a las familias, los intelectuales, los politicos de buena fe, los medios de comunicación, con una táctica macabra, soltar uno a uno en el método “gota a gota”.

Asi pues, no hay tal acuerdo humanitario sino, apenas, un chantaje “humanitario”. ¿Hasta cuando?

Fuente: nuevapolítica.net

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