No existe una alternativa viable a las recetas y concepciones liberales. Ni en los países desarrollados ni en aquellos países que están en vía de desarrollo. Los ataques a un supuesto neoliberalismo de los partidos conservadores y liberales demuestra otra vez un dilema ya conocido: la falta de ideas y de creatividad de la izquierda.
HARALD KLEIN, DE LA FUNDACIÓN FRIEDRICH NAUMANN, EXAMINA EL FUTURO DEL LIBERALISMO
Después de que ciertos protagonistas de las diferentes izquierdas tratan desde hace un buen tiempo de demonizar a los partidos liberales, últimamente se escuchan en varias latitudes del mundo también comentarios absurdos acerca de partidos conservadores: Se les acusa de defender el “neoliberalismo”!
Parece muy extraño que p.ej. los socialdemócratas alemanes clasifiquen de neoliberales a sus aliados en el gobierno – los partidos Demócrata Cristiano (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU) – de “neoliberales”. Estos partidos nunca han sido “neoliberales”, quizás con la excepción de la persona de Ludwig Erhardt.
Vale la pena revisar cómo se ha entendido el término neoliberalismo en el pasado, antes de que los globalofóbicos y los enemigos del capitalismo – aquellos que han perdido su propia utopía -lo hayan escogido como un arma contra todo lo que les parece malo en el mundo.
La palabra “neoliberalismo” nació en el año 1938 en el marco de una conferencia en Paris, en la cual se habían reunido los intelectuales liberales destacados de la época. Entre ellos estaban el posterior premio Nóbel, Friedrich von Hayek, el “padre” del ordoliberalismo alemán, Walter Eucken y el Wilhelm Röpke, un economista y filósofo alemán muy destacado. Ellos pretendían renovar las ideas y valores liberales en un mundo dominado entonces por dictaduras, un mundo que había dejado atrás el libre comercio y que había caído en una crisis económica mundial. Desde su punto de vista, el liberalismo tipo “laissez-faire” de los siglos XVIII y XIX había fracasado por haber admitido la creación de un poder económico a través de monopolios y oligopolios, que a su vez aprovecharon su poder para corromper la política.
Según los criterios de estos “neoliberales”, el Estado no debería limitarse al rol de vigilante sino crear y garantizar las condiciones marco sin las cuales una comunidad libre de seres humanos no puede convivir en paz a largo plazo.
La acusación de la izquierda de que el “neoliberalismo” produce una contradicción artificial entre Estado y libertad, es absurda. Tales ideas a lo mejor son defendidas por unos cuantos libertarios radicales – especialmente en Estados Unidos –, los cuales confunden “libertad” con “anarquía”.
El liberalismo moderno necesita al Estado, pero no se trata de un Estado como lo conciben los socialistas o los socialdemócratas. El Estado liberal se encarga de crear un marco calculable, garantizando la seguridad jurídica y la libertad contractual, protegiendo la propiedad privada y la competencia, construyendo un sistema monetario estable y – en lo demás – el Estado liberal permite una amplia libertad de mercado.
No se encuentra a ningún representante liberal de importancia que rechace una protección financiera básica para gente que se encuentra en situaciones precarias. Con su concepto de la tributación negativa Milton Friedman dio un ejemplo de cómo podría funcionar esto.
No debemos olvidar de que el Estado liberal no es de ninguna manera una maquina redistributiva. Los que piensan que la solidaridad ciudadana crece cuando se le quita dinero a uno y se le da a otro están absolutamente equivocados. Al contrario: el Estado liberal es uno que respeta los derechos a la libertad dentro de un sistema establecido; no es un Estado que prescribe a sus ciudadanos en forma paternalista cómo deberían vivir.
Estas consideraciones muestran claramente que los partidos conservadores no son representantes del neoliberalismo. En la mayoría de los casos ellos tienen una alta responsabilidad en la creación de Estados sobredimensionados y altamente endeudados.
No existe una alternativa viable a las recetas y concepciones liberales. Ni en los países desarrollados ni en aquellos países que están en vía de desarrollo. Los ataques a un supuesto neoliberalismo de los partidos conservadores y liberales demuestra otra vez un dilema ya conocido: la falta de ideas y de creatividad de la izquierda.
————————-
Harald Klein – Director de la Oficina Regional para América Latina, Friedrich Naumann – Stiftung für die Freiheit
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR