Dicho informe resaltaba las necesidades de los trabajadores de mayor edad, puesto que su tasa de desempleo se había duplicado, con una gran incidencia del desempleo de larga duración.
Un mes después de la publicación del estudio del GAO, una investigadora del Manhattan Institute for Policy Research publicó otro estudio en forma de respuesta. En él, se afirmaba que “son los trabajadores jóvenes, y no los mayores, quienes han llevado la peor parte del desempleo durante la recesión”. Aunque efectivamente la tasa de desempleo ha aumentado entre los trabajadores de más de 55 años, la subida ha sido más fuerte entre los jóvenes, y especialmente entre los de 20 a 24 años. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, en febrero de 2013 el desempleo entre los jóvenes de 16 a 25 años llegaba al 16,3%, mientras que el de los mayores de 25 estaba en el 6,3%.
Los que se jubilan hoy en día son más ricos que lo fueron sus padres en ese momento; los jóvenes que fundan un hogar, más pobres
Contratos temporales eternos
Además del desempleo, los jóvenes son los que más están sufriendo el aumento (en proporción) de los contratos temporales. La temporalidad, que en otros tiempos funcionaba como trampolín para acceder a otros trabajos más estables y mejor remunerados, se ha convertido frecuentemente en un callejón sin salida. Muchos jóvenes norteamericanos van de contrato temporal en contrato temporal. Lo que ganan en estos empleos muchas veces no es suficiente para abonar la deuda contraída por los estudios universitarios, que asciende a una media de 27.000 dólares al acabar la carrera, según los datos del curso pasado.
La mala situación de los jóvenes en Estados Unidos se repite en gran parte del mundo. En algunas de las economías europeas más fuertes, como Italia, Francia o Alemania, entre 2009 y 2013 el desempleo juvenil ha crecido en mayor proporción (o ha decrecido menos, en el caso de Alemania) En Grecia y España la tasa general ha aumentado aún más, aunque también es cierto que estos países partían de un desempleo juvenil ya bastante alto en 2009.
Según la Organización Internacional del Trabajo, la tasa mundial de desempleo juvenil a finales del 2011 era del 12,6%, y sus previsiones es que se mantenga estable hasta por lo menos 2016. Por regiones, el norte de África y Oriente Medio son las peor paradas, y Asia la mejor.
Como los pensionistas son un grupo cada vez más numeroso los políticos se lo piensan mucho antes de adoptar medidas que les afecten
Más pobres que sus padres
La sociología moderna ha acuñado un término para cada generación: los nacidos desde el final de la segunda guerra mundial hasta finales de los 60 son los baby boomers; los nacidos entre esa fecha y los primeros 80 son la Generación X; por último, los nacidos desde entonces reciben el nombre de Generación Y o millennials.
La generación del milenio está accediendo o va a acceder a un mercado laboral que nunca antes ha sido tan hostil para los jóvenes. Además, según un estudio aparecido en enero en el American Economic Journal: Applied Economics, graduarse en la universidad durante una época de recesión deja una huella negativa en los ingresos que dura al menos los diez primeros años de trabajo. De ahí que todas las previsiones apunten a que esta generación será la primera en ser más pobre que la de sus padres durante toda su etapa profesional.
La falta de progreso económico se nota ya actualmente. De acuerdo con un informe del Pew Research Center, las personas que se jubilan hoy en día son más ricas que lo fueron sus padres en ese momento; las jóvenes que fundan un hogar, más pobres.
Como señala un trabajo del Urban Institute, esta situación puede degenerar en un círculo vicioso para toda la economía, “dado que la actividad emprendedora, los ahorros y la inversión progresan por la confianza en el crecimiento de la riqueza”. Por ello el estudio exige cambios en las prioridades políticas. Según los autores, la educación ha perdido importancia en los presupuestos del gobierno, las políticas inmobiliarias han desincentivado la compra de casas, y los planes de pensiones para la jubilación todavía son inadecuados para una gran parte de la población.
¿Qué hay de lo mío?
En un artículo publicado en The Atlantic, se compara la situación de las tres generaciones mencionadas respecto a los ingresos, el empleo y las perspectivas de futuro. Los datos se ciñen a la población estadounidense, y tienen en cuenta factores específicos de ese país (por ejemplo, la elevada deuda universitaria), pero en general pueden aplicarse a otros territorios de Occidente que están sufriendo la crisis. De la comparación se puede deducir que los millennials no son los únicos en una situación difícil.
En términos estrictos de riqueza, el sector social que (según el estudio del Urban Institute) más ha empeorado respecto a sus padres es el de los que ahora tienen entre 29 y 37 años, pertenecientes a la Generación X. Muchos de ellos se enfrentan al precario mercado laboral cargados con otros agravantes: la deuda hipotecaria, la pérdida de valor de sus principales activos (financieros pero sobre todo inmobiliarios) y el cuidado de sus padres. Y no es que estén trabajando menos: un padre con dos hijos de la Generación X trabaja de media un 26% más (en horas semanales) que otro en la misma situación en 1975, y gana 5.000 dólares menos.
En cuanto a los mayores, la situación tampoco es halagüeña. A pesar de que la renta media ha subido, la crisis económica ha hecho que muchos gastaran gran parte de lo que tenían ahorrado para su plan de jubilación. Según cuenta Edward “Ted” Siedler en Forbes, se avecina una generación de trabajadores mayores demasiado frágiles para trabajar pero demasiado pobres para retirarse.
La edad de jubilación es precisamente uno de los objetos de reforma predilectos en los países en crisis. Algunos, como España, ya han aprobado elevar progresivamente la edad de jubilación de los 65 a los 67 años; otros lo hicieron antes o lo están considerando.
Según un estudio cuyas conclusiones publicó el Washington Post, un 36% de los trabajadores estadounidenses encuestados manifestó que tenía intención de retrasar su jubilación más allá de los 65. El autor comentaba irónicamente que más que una preferencia personal se trata de una necesidad para ahorrar lo suficiente. Sin embargo, el mismo estudio señalaba que casi la mitad de las jubilaciones se acaban produciendo por un motivo no planeado, fundamentalmente una enfermedad o la sensación de debilidad.
No tocar al pensionista
El debate sobre la protección a los mayores tiene una vertiente política que no conviene olvidar: los votos de un colectivo cada vez más numeroso. Así lo explicaba Eduardo Porter en un artículo del New York Times.
Porter argumentaba que la falta de acuerdo entre republicanos y demócratas para abordar el déficit nacional se debe fundamentalmente al miedo de unos y otros a “molestar” al colectivo de los mayores. A pesar de que los gastos en pensiones, seguridad social y Medicare (un seguro público para personas de más de 65 años) supondrán el 38% del presupuesto del gobierno en 2023 –según las estadísticas de la propia Oficina del Presupuesto–, ninguno de los dos partidos se ha atrevido a asumir el coste político de las medidas para atajar este gasto. Unas medidas que ambos partidos manejaban, y que hubieran estado de acuerdo con sus respectivos enfoques.
El partido republicano, comenta Porter, se había planteado promover una reforma para convertir las prestaciones a los mayores en una especie de cheque con un límite de gasto según los ingresos. Sin embargo, no se atrevió a llevarlo a las negociaciones. Por su parte, los demócratas han traicionado sus convicciones al mantener los beneficios a los mayores a costa de más impuestos a la clase media y baja.