Según comenta Kevin A. Hasset en la web del American Enterprise Institute, Estados Unidos fue el tercer país en 2010, entre los 20 más ricos del mundo, que menos inmigrantes admitió en proporción a su población, lo que estaría dificultando la “caza de talentos” de la que el país siempre se ha enorgullecido.
Hasset opina que la política migratoria estadounidense, restrictiva en general, da prioridad además a la existencia de lazos familiares sobre la capacidad de los posibles inmigrantes para trabajar y aportar productividad a la economía nacional. Del millón de inmigrantes que Estados Unidos aceptó en 2010, solo 150.000 entraron con una perspectiva real de trabajo.
Hasset propone que la reforma de la legislación estadounidense se fije en la política migratoria australiana. El año pasado, las autoridades aprobaron una ley por la que los extranjeros graduados en universidades del país podrán quedarse entre dos y cuatro años –depende del nivel de estudios terminados– para buscar trabajo. Además, también se ha aumentado el límite de tarjetas de residencia para trabajadores extranjeros, con muchas de ellas reservadas para algunos campos específicos.
También en AEI, Michael R. Strain señalaba el pasado junio la necesidad de que la legislación norteamericana incentive a los talentos universitarios extranjeros a quedarse en el país. Incluso llega a proponer que se conceda automáticamente el permiso de residencia permanente a los inmigrantes que consigan un doctorado en alguna universidad norteamericana.
Según Strain, la inmigración estudiantil altamente capacitada está siendo ya de gran valor para uno de los sectores más importantes de la economía norteamericana, el llamado STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas). En 2009, más de la mitad de los doctorados concedidos en ingenierías, informática, física o economía fueron a parar a manos de un inmigrante. Además, una de cada cuatro empresas creadas de 1995 a 2005 en el campo STEM fue iniciativa de un estadounidense de adopción.
Para Giovanni Peri, del Wall Street Journal, la reforma migratoria debería simplificar los distintos tipos de tarjetas de residencia, y los requisitos para conseguirlos (algunos poco eficientes, como las cuotas máximas por nacionalidad). Además, habría que buscar la forma de ligar la oferta de permisos a la demanda de trabajadores, lo que se podría conseguir si el Estado subastara los visados entre las empresas.
En lo que parecen estar de acuerdo todos, también los dos principales partidos, es que el dominio del inglés debe ser un requisito indispensable para conseguir la nacionalidad. En realidad, ya lo es: actualmente se exige superar un examen sobre la historia, cultura y valores estadounidenses, además de una entrevista personal, y todo en inglés. No obstante, varios estados han establecido sus propias medidas para asegurar que realmente los inmigrantes conocen el idioma, como restringir la enseñanza bilingüe en la enseñanza pública.
Algunos de los que critican la excesiva laxitud de los requisitos señalan el poco interés que muestran muchos de los inmigrantes en conseguir la nacionalidad. Algunos estudios han señalado, en concreto, que solo uno de cada tres mexicanos que residen legalmente en Estados Unidos ha comenzado el proceso para conseguir la ciudadanía. En total, cerca de 8,5 millones de personas residen legalmente en Estados Unidos pero sin pasaporte, lo que les impide votar y acceder a muchas de las subvenciones públicas.
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