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Hablando de farlopa…

La inclusión de la palabra farlopa por parte de la RAE coincidió, pocos días atrás, con que las acciones de cannabis se dispararon tras conocerse que Donald Trump está considerando reclasificar la marihuana como una droga menos peligrosa, lo que significaría un cambio importante en la política de los EE.UU.

Inmediatamente Tilray Brands (NASDAQ:TLRY) subió un 28%, mientras que Aurora Cannabis (NASDAQ:ACB) se disparó un 15%, Canopy Growth (NASDAQ:CGC) ganó un 20%, SNDL Inc (NASDAQ:SNDL) avanzó un 19%, y Cronos Group (NASDAQ:CRON) subió un 14%.

Hoy el cannabis está clasificado como droga de Categoría I, en la misma que la heroína y el LSD – sustancias consideradas sin uso médico y con alto potencial de abuso. Una reclasificación a Categoría III agruparía a la marihuana con otras consideradas de menor potencial de dependencia, como la ketamina y el Tylenol con codeína, y aliviaría las restricciones para su compra y venta, representando una gran victoria para la industria, los inversores y los pacientes de cannabis medicinal.

Hablando de drogas, recordemos que entre 1920 y 1933, el puritanismo americano –e intereses creados- decidieron prohibir una droga altamente dañina, el alcohol. En su soberbia, “los buenos” creyeron que debían forzar el bien y se estableció la “ley seca”. No cayó el consumo y sí aumentó la violencia al punto que apareció un modus delictivo hasta entonces desconocido: la mafia. Luego Nixon se inventó “La Guerra contra las drogas”, liderada por EE.UU. para “acabar” con la producción, comercio y consumo de ciertas sustancias psicoactivas, no medicinales.

Al igual que en el caso de la “ley seca”, la represión violenta de la actividad relacionada con estas drogas, altamente dañinas, ha provocado un aumento descomunal en la violencia creando un nuevo tipo de delito feroz: el narco. Y, como consecuencia de la “guerra contra las drogas”, inhumana y cruel como pocas, desde que comenzó fueron encarceladas más de 40 millones de personas y, solo en México, desde 2006, murieron más de 120.000.

Esta es la consecuencia de la represión, al establecerse la prohibición que pareciera ser solo un negocio monopólico dirigido por políticos y burócratas, en donde se castiga y persigue a los que intentan operar por fuera de este monopolio.

Cómo se explica, sino que, en EEUU, el país con las fuerzas de seguridad mejor equipadas del mundo, sea donde más consumidores existen aun cuando no es un país productor, es decir, donde más tráfico hay siendo que prácticamente toda la droga ingresa por las fronteras. ¿Son tan ineficientes estas fuerzas o existe connivencia entre traficantes, políticos y policías? De nada sirven los radares para controlar vuelos ilegales cuando está probado que la mayor parte de la droga ingresa por canales completamente legales.

En rigor, la “prohibición” funciona como un monopolio altamente rentable para quienes sobornan adecuadamente a los funcionarios, de modo que más bien debería de llamarse la “Guerra por el control de las Drogas”. Así se criminaliza al consumidor y al narco se le dan altas ganancias para incentivar su ferocidad y búsqueda de clientes.

Además, ¿son drogas tan nocivas? Sin dudas, pero curiosamente otras que son “legales” están causando más daño. De acuerdo con la Comisión Europea, mueren 8.000 personas cada año en la Unión Europea por el consumo de drogas prohibidas e, indirectamente, otras 20.000. Son muchas, una sola muerte es injustificable, pero muchos más mueren por alcohol -unas 800.000 en Europa, la región del mundo con mayor consumo según Eurostat- o por fumar o debido a accidentes de tránsito.

Hasta 1918 no había prohibición de drogas en España. Su uso se regulaba como fármacos y se dispensaban en farmacias. Durante ese año con la aplicación del Convenio Internacional sobre restricción en el empleo y tráfico de opio, morfina, cocaína y sus sales se empezó a controlar el uso de algunas drogas requiriendo receta médica para su obtención. Esto dio lugar al inicio de un mercado negro asociado a farmacéuticos y médicos.

El mayor impacto de mortalidad por sobredosis en España se dio en 1991 y 1992 con aproximadamente 2000 muertes anuales. Según el Informe Europeo sobre Drogas 2025, un 13,3% de españoles entre 15 y 64 años ha tomado cocaína al menos una vez en su vida, la cifra más alta de la UE por encima del 8% de Países Bajos. Fuera del bloque europeo, Reino Unido, Australia y EE.UU. suelen acompañar a España en los rankings de los mayores consumidores de esta droga.

Pero el alcohol, en España, está relacionado con aproximadamente 14.000 a 20.000 muertes anuales. El 20,8% de los estudiantes de 14 a 18 años declara haberse emborrachado durante el último mes de realizada la encuesta, según el Ministerio de Sanidad de España.

Otro argumento para criminalizar a los drogadictos es que se trataría del derecho a la legítima defensa ya que serían personas peligrosas para la sociedad. Pero no está claro que sean de suyo peligrosos (salvo cuando consumen mezclas tóxicas, dada la mala calidad de lo ilegal), más bien parecen disminuidos físicos y mentales; en cambio, sí es creíble que, una vez criminalizados por el Estado -en lugar de quedar visibles para ayudarlos- se conviertan en delincuentes ante la imposibilidad de conseguir calmar su adicción por vías normales y a precios no monopólicos.

Pero, aun en el caso de la legítima defensa los métodos moralmente aceptables de control son los pacíficos ya que son los eficientes. Por otro lado, ¿es lícito utilizar la violencia -implícita en la prohibición, en la guerra contra las drogas- para evitar que alguien se suicide? No lo es, no es lícita la teoría del mal menor como claramente lo dijo Juan Pablo II en su Encíclica “Veritatis Splendor”.

La disyuntiva, al fin de cuentas, es monopolio de narcos asociados con funcionarios a precios elevadísimos que lo convierten en un gran negocio y muy corruptor o regulación natural del mercado. En contraposición con lo que ocurre en países represores, en Portugal -el país de mayor calidad de vida de Europa, según InterNations- donde la droga es más libre, el número de delitos y drogadictos es menor.

Según la ONUDD (Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito), en Portugal ocurren 0.5 homicidios anuales por cada 100.000 habitantes mientras que en EEUU son 4.7. El famoso Red-Light District, donde hay varios coffee shops legales que venden marihuana y prostitución, es un barrio desaconsejable de la muy bonita Ámsterdam, sin embargo, es más seguro y pacífico que muchas ciudades estadounidenses y europeas.

La guerra contra las drogas es un verdadero círculo vicioso. Cuanto más fuerte es la represión, más se encarece la droga y, entonces, más dinero hay para corromper a los funcionarios que sostienen el tráfico. No se trata de «legalizar» en el sentido de dejar de condenar moralmente tanto el consumo como el tráfico de drogas, sino de comprender que, con la violencia y la represión estatal, lejos de resolverse el problema, se está agravando severamente. De hecho, tras más de 50 años de guerra, todo ha empeorado.

De levantarse las prohibiciones, respetando el primer derecho humano, el de la libertad personal, de vivir la propia vida, las drogas quedarían a la vista de todos, como el alcohol, desapareciendo de inmediato el narcotráfico y los delitos asociados y, en consecuencia, serían más fácilmente conocidas y controlables.

 

Por Alejandro A. Tagliavini*

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

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