La Iglesia Católica colombiana instó hoy a la guerrilla de las FARC a que escuche el clamor nacional e internacional por las personas que tiene secuestradas y acepte la propuesta para concertar una zona de encuentro que posibilite negociar un acuerdo sobre rehenes. “Nos duele particularmente la situación de los secuestrados”, dijo el titular de la Conferencia Episcopal de Colombia, Luis Augusto Castro, autorizado en diciembre pore el gobierno a realizar esta gestión.
Busca crear “zona de encuentro”
El caso de los cautivos centró la declaración con la cual Castro informó de las conclusiones del pleno de la Conferencia Episcopal Colombiana (CEC), que la semana pasada reunió en Bogotá a los casi noventa arzobispos y obispos del país.
Castro expresó que “además de ser privados injustamente de la libertad, (los rehenes) son sometidos a tratos inhumanos y a condiciones de vida que riñen con las más elementales exigencias de los derechos humanos”.
“En consecuencia, la Iglesia se une al clamor del pueblo colombiano y de la comunidad internacional para exigir la liberación de todos los secuestrados y secuestradas”, agregó el prelado, quien también ejerce como arzobispo de Tunja (nordeste).
El llamamiento del arzobispo se corresponde con una iniciativa que la CEC entregó a comienzos del pasado diciembre al presidente colombiano, Álvaro Uribe, para la concertación con las FARC de una zona en la que el Gobierno y los rebeldes puedan asumir la negociación de un acuerdo humanitario.
Uribe autorizó al Episcopado a reunirse con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y buscar con ellas un consenso sobre el lugar donde se negociará el acuerdo al que éstos condicionan la puesta en libertad de 44 rehenes, a cambio de medio millar de guerrilleros presos.
Con esta gestión se busca superar el obstáculo básico que les ha impedido a las partes sentarse a la mesa, que es el de una “zona de encuentro”.
Las FARC exigen como tal la retirada de tropas de Florida y Pradera, localidades cercanas a Cali (suroeste), lo que Uribe no acepta.
A cambio, el gobernante ha aceptado como sede de negociación un territorio rural de unos 150 kilómetros cuadrados en el que no estén acantonadas fuerzas militares y policiales, y con poca población civil o sin ella.
En la misma declaración, el presidente de la CEC recordó que en la apertura del pleno de obispos dijo que “la Iglesia Católica, con autonomía e independencia, ha estado y estará siempre dispuesta a promover, facilitar y acompañar todos los procesos que puedan conducir a la construcción de una Colombia reconciliada, en paz y con justicia social”.
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