Lo cierto es que las negociaciones con la Unión Europea se han demorado ya por espacio de dos décadas y que la paciencia de nuestros socios -y de la propia Unión Europea- tiene sus límites, los que aparentemente son ya estrechos.
En la reciente frustrante reunión entre el CELAC y la Unión Europea –en el capítulo del diálogo que tuvo que ver con las demoradas relaciones comerciales entre ambos bloques-.las dos partes convinieron en preparar las respectivas ofertas de productos que están dispuestas a intercambiar y definir sus procesos de desgravación arancelaria.
Hablamos de más de 10.000 productos y de sus respectivas posiciones arancelarias. La idea es que ese intercambio de listas se realice durante el último trimestre del año en curso, identificando –en cada caso- los productos objeto del acuerdo, de modo individual y definiendo asimismo en cada caso, el respectivo proceso de desgravación arancelaria. Se estima que el 82% de los productos del MERCOSUR integrarán su lista.
La idea de desgravar “a distintas velocidades” (por la constante renuencia argentina) quedó aparentemente de lado, desde que finalmente Argentina aceptó incluir a sus productos dentro de la lista “común” del MERCOSUR, que quedaría entonces integrada por los productos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Y el acuerdo de la Unión Europea será sellado con el MERCOSUR y no con sus socios por separado. Los socios de nuestro país, ello no obstante, no ocultan para nada sus serias dudas acerca de cual es nuestra verdadera estrategia y de cuan sinceros estamos realmente siendo. Esas dudas han crecido a la luz de nuestra lamentable conducta en los últimos doce años.
Por ello, si nuestro país –pese a todo- sigue con sus dilaciones no sería extraño que nuestros socios decidieran, de pronto- dejarnos de lado. Como piedra en el camino -siempre llenos de objeciones- hemos acumulado ya una alta cuota de antipatía. Lo que es lamentable.
El temor es que nuestro país presente una larga lista de productos en la que incluya a demasiados que -se sabe ex ante– no puedan ser aceptados por la contraparte y que esa sea nuestra estrategia, siempre aislacionista y dilatoria. Hay quienes piensan que siendo éste un año electoral, nuestro país no estará en condiciones de cerrar un acuerdo, salvo que las urnas de pronto consagren la “continuidad” del obviamente fracasado “modelo” del Frente para la Victoria que nos ha arrastrado a dos años de recesión.
Lo cierto es que las negociaciones con la Unión Europea se han demorado ya por espacio de dos décadas y que la paciencia de nuestros socios -y de la propia Unión Europea- tiene sus límites, los que aparentemente son ya estrechos. Sin demasiado espacio para más maniobras engañosas, de las que han caracterizado a nuestro país y generado –en todos- una alta cuota de mal humor.
Si esa conducta continúa, pese a todo, la alternativa de seguir adelante, pero a “distintas velocidades”, podría ser la única posible para dejar atrás el estancamiento que nuestro país ha provocado. Mal que nos pese. Presumiblemente nuestro gobierno seguirá con su teoría de que el MERCOSUR sólo puede avanzar “en bloque”. Pero nuestros socios, hartos, podrían dejarnos de lado.
Es nuestra elección, la de elegir atrincherarnos en nuestra propia “torre de marfil” ideológica. Pero los tiempos están vencidos y seguramente no podremos seguir siendo un ancla o lastra que no sólo nos empantana a nosotros, sino también a los demás. A los que hemos agobiado con nuestras reiteradas negociaciones con matices y posturas que –francamente- lucen de mala fe. El derecho a suicidarnos es, quizás, nuestro. El de paralizar a los demás, simplemente no existe.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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