Los habitantes de Puerto Príncipe siguen sin ver grandes operativos de ayuda y rescate organizados en la ciudad. El mal estado de las infraestructuras básicas para que llegue la cooperación internacional lo hace prácticamente imposible.
Caos en Puerto Príncipe
Según los relatos que llegan del país caribeño, en aguas cercanas esperan barcos sobre la marea negra causada por la destrucción de un depósito de combustible. El puerto de Jacmel, a 40 kilómetros de la Puerto Príncipe, no es una opción. Esta ciudad de 40.000 habitantes ha desaparecido al mapa y sustituida por ruinas. Entre el 60 y el 80% de la localidad ha sido destruido por el terremoto y los muertos en ellas se cuentan por "muchas docenas" según los medios locales.
La única pista operativa en el pequeño aeropuerto de la ciudad no da abasto y la frontera entre Haití y la República Dominicana está colapsada. En la ciudad fronteriza de Jimaní informan a los medios de que la ayuda se acumula en ese lugar por las dificultades para llegar a Puerto Príncipe y por la falta de almacenes en esa ciudad. Mientras todos estos problemas no se solucionen, la ayuda internacional no podrá resultar todo lo efectiva que desearían quienes participan en ella.
El cielo sobre los parques fue el único techo para miles de habitantes de Puerto Príncipe que viven temerosos a una nueva réplica. El único hospital que se mantiene en pie en la ciudad, el castrense de los cascos azules argentinos atendió en 24 horas a 800 personas, el resto de médicos de la ciudad apenas cuentan con medios para tratar a los heridos y miles de cadáveres se amontonan en el suelo de las calles, en los remolques de camiones y bajo los escombros.
Los equipos materiales y humanos enviados desde todo el mundo o no logran llegar o no consiguen coordinarse. Los habitantes de un Puerto Príncipe devastado levantan escombros con sus manos y tratan de rescatar bajo los restos de los edificios a vivos y muerto a la espera de que se perciban misiones de rescate y ayuda organizadas. Los efectos del terremoto dificultan la puesta en marcha de estas. Las comunicaciones son prácticamente inexistentes al resultar muy dañadas sus infraestructuras, la misión militar de la ONU podría jugar un importante papel en estos momentos pero ha resultado tan golpeada como el resto de la población. El número de bajas mortales que ha sufrido oscila, según las fuentes, entre las 16 y las varias docenas, a las que hay que sumar una gran cantidad de heridos. Sus instalaciones han resultado destruidas.
Los supervivientes tienen miedo a regresar a sus misérrimas viviendas y prefieren dormir en los parques, donde las mujeres entonan cantos religiosos tradicionales y rezan por sus muertos, según informa Europa Press. "Está muriendo demasiada gente, necesitamos la ayuda internacional, no hay servicios de emergencias, ni alimentos, ni teléfono, ni agua, no tenemos nada", declaró un joven a los periodistas. Según Haiti Press Network, "la ciudad está muerta y una parte de Haití ha quedado destruida". Añade: "Las escuelas se han hundido, cientos de estudiantes están atrapados entre los escombros, se han derrumbado la catedral de Puerto Príncipe, el Palacio Presidencial, las oficinas del Estado".
Asimismo, la local Radio Kiskeya afirmó que "los cadáveres cubren las calles y las morgues no dan abasto para aceptarlos". "Los problemas graves de insalubridad parecen inevitables. La emisora también destacó que el terremoto no ha diferenciado por "sexo, edad y condición" y ha causado la muerte o la desaparición de "decenas de personalidades", lo cual ha dejado al país "en un estado de casi vacío en la toma de decisiones". Al respecto, recordó que entre los muertos o desaparecidos figuran el jefe de la misión de la ONU (MINUSTAH), Hedi Anabi; su "número dos", Luis Dacosta; el arzobispo de la ciudad, Serge Miot; el decano del Tribunal Civil, el juez Roc Cadet; dos senadores y dos directores generales, entre otros.
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