Para asegurarse el triunfo Ortega usará (como seguramente también lo hará Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina) todo el aparato estatal a su disposición
En una reciente alocución pronunciada en su carácter de presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Baja norteamericana, la activa representante de Florida, Ileana Ros-Lehtinen, señaló que su país no debe permanecer callado ante la abierta ilegalidad de la candidatura con la que Daniel Ortega pretende perpetuarse como presidente de Nicaragua. Como hemos señalado ya desde estas columnas, con ella se violan dos normas explícitas de la Constitución de ese país. Según la legisladora, ella “subvierte la democracia”. Tiene toda la razón, es obvio.
Pero las cosas siguen su curso en Nicaragua y el proceso electoral presidencial seguramente culminará el próximo 6 de noviembre, fecha en la que se elegirán también diputados.
Para asegurarse el triunfo Ortega usará (como seguramente también lo hará Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina) todo el aparato estatal a su disposición. Todo. Sin límites. Pero Ortega tiene a su disposición, abiertamente, unos 500 millones de dólares anuales que le llegan como “cooperación venezolana”. Cristina, en cambio, seguramente no podrá recibir más valijas venezolanas con dinero en efectivo, como las que llegaran en la elección presidencial anterior, de la mano de un personaje llamado Antonini Wilson. Porque todos estamos ahora alertas. No es, sin embargo, improbable que se usen otros métodos alternativos. Pese a que el reciente estallido de corrupción fenomenal que inunda a las “Madres de Plaza de Mayo” podría eventualmente cerrar algunas otras vías que, en el pasado, pudieron haber estado disponibles para el movimiento clandestino de fondos.
Como si la ayuda monetaria bolivariana no fuera suficiente, Ortega contará con un sumiso Consejo Supremo Electoral, que no puede presumirse que actuará con independencia, sino lo contrario.
Para hacer las cosas más complejas, Ortega y los suyos están generando desconfianza en el sistema de conteo de los votos, procurando que crezca la abstención.
Como todos los populistas, siguiendo -una vez más- el ejemplo argentino, entre otros, Ortega recurre abiertamente al “asistencialismo” para conformar un tsunami de acciones demagógicas. Especialmente cuando éste se logra financiar con opacos recursos venezolanos. Así reparten, sin cesar, las más diversas cosas entre los más pobres, con la esperanza de comprar de esa manera lealtades al tiempo de votar: gallinas, cerdos, chapas de zinc, y dinero en efectivo, naturalmente.
A todo lo anterior Ortega suma el control de lo sustancial de los medios de comunicación de su país, en lo que podríamos calificar de otra de las conocidas técnicas electorales de corte “kirchnerista”. Tiene tres canales de televisión a su entero servicio y opera varias emisoras de radio de alcance nacional. Y cuenta con un verdadero mar de dinero para inundar todo con su propaganda.
Explicando que todo lo que ocurre en su país está perfectamente bien, el vice-presidente de Nicaragua acaba de hacer una declaración sin antifaz: “En ningún lado del mundo -dijo, suelto de cuerpo- se dan campañas en las que todos los candidatos son iguales”. Increíble. Más aún, a confesión de parte, relevo de prueba.
De no creer, pero ésta es la realidad en algunos rincones de nuestro hemisferio. Por esto Ileana Ros-Lehtinen parece tener razón cuando dice: “algunos -en nuestra región- están desmantelando las estructuras de la misma democracia que les permitieran acceder al poder”. Es claramente así. Lo que ha sido recientemente ratificado por el candidato de la oposición ante el Centro Carter, detallando como en Nicaragua se entregan cédulas de identidad a los menores (en la Argentina sucede con los extranjeros) y como se falsifican partidas de nacimiento, describiendo gráficamente su situación electoral como: “una lucha de tigre suelto con burro amarrado”.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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