¿Y qué hay de la bomba norcoreana? Esa sincronización es también bastante sospechosa. Y de esa ridícula guisa, Kim Jong Il parece un poco un becario adolescente del Congreso en una fiesta de pijamas. Bien, desde cierta distancia y con poca luz, y si llevas un par de copas.
Mark Steyn
¿Quién es James Vicini? Bien, trabaja para Reuters, la legendaria agencia de noticias. Por “legendaria” no me refiero en el sentido Hans Christian Andersen, aunque estos días es difícil de decir. Pero tienen un ilustre historial y son globalmente respetados, y lo que haga falta. Y la semana pasada, al agresivo periodista Vicini le fue asignada toda una noticia interesante:
“WASHINGTON (Reuters) — Un converso al Islam natural de California, acusado de realizar una serie de videos propagandísticos de al-Qaida, se convirtió el miércoles en el primer americano acusado de traición desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, dijeron funcionarios del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
“El prófugo Adam Gadahn, de 28 años de edad, que se presume que está en Pakistán, fue acusado de traición, lo que conlleva la pena capital como máximo…”
¡Guao! ¡Traición! Por primera vez en medio siglo, desde los días de Tokyo Rose. Desde entonces, por supuesto, la palabra misma de “traición” ha cobrado apariencia de arcaica, por no decir obsoleta, como algo con lo que algún colega de casaca y leotardos acusaría a alguien en “Masterpiece Theatre” pero de otro modo nada terriblemente relevante y francamente nada importante: en la práctica, la izquierda universitaria normalmente da la impresión de que “traición” es poco más que un estilo de vida alternativo, como la doble vida del travesti.
Pero el Departamento de Justicia buscará este tipo allá en Pakistán por traición. Bien, ¿por qué harían tal cosa? Después de dar tumbos a través de las diversas acusaciones, Vicini llega al corazón de su noticia: “Funcionarios del Departamento de Justicia negaron que el caso estuviera programado para desviar la atención del producto de los lujuriosos mensajes de ordenador enviados por un ex congresista Republicano a ayudantes varones jóvenes, una escándalo que podría ayudar a los Demócratas a hacerse con el control del Congreso en las elecciones del 7 de noviembre”.
Recorte ese párrafo y hágalo enmarcar. O ahora que las noches se alargan, si usted se encuentra al final del trabajo de una tarde, cósalo a un tapete bonito y cuélguelo en su salón. En los próximos años, pasará muchos preciosos momentos atesorándolo como el perfecto resumen de las elecciones americanas del 2006.
“Funcionarios del Departamento de Justicia negaron…” Lo que quiere decir Reuters con estas palabras es que un reportero — el gran Vicini en persona probablemente o su colega (” Información adicional de Rick Cowan”) — recibe la circular acerca de esto de la traición de una vez cada medio siglo y le dice a los federales relevantes, “Vamos, tíos simplemente buscáis a este tipo en Pakistán para distraer de lo de Mark Foley, ¿correcto?”
Y sin duda, el tipo del Departamento de Justicia responde, “¿Mark qué?”
Y Cowan (o Vicini) sigue, “El ex congresista. Becarios adolescentes. Merodeadores homosexuales Republicanos salidos. El notorio círculo pedófilo de Hastert. Tienes que haber leído acerca de ello. Ha estado en todos los periódicos”. Y el tío de Justicia dice, “Lo siento, llevo toda la semana funcionando con el fax a Pakistán, redactando las condenas relevantes por triplicado, y demás”.
Originalmente, solamente el Congreso Republicano estaba encubriendo a Foley. Pero tal como Vicini y Cowan lo ven, la conspiración se extiende ahora al Departamento de Justicia. Deberíamos estar agradecidos de que Reuters achaque solamente “la sincronización” de la condena por traición al escándalo de los “lujuriosos mensajes de ordenador”, no a la propia condena. Después de todo, ¿por qué habría marcado la administración Bush a algún don nadie en Pakistán con una estúpida acusación de “traición” si no fuera precisamente por una eventualidad como esta? Asimismo, observe el modo en el que la mayor parte de los “mensajes lujuriosos de ordenador” más perjudiciales y el derrocamiento de Saddam Hussein, ambas cosas tuvieron lugar en el 2003: ¿representaron los neocon toda la guerra de Irak con el fin de dotar a Foley de un suministro sin fin de captación de jóvenes acompañantes árabes? Como le gustaba cantar a Al Jolson, siéntate en mi rodilla, sunní boy.
¿Y qué hay de la bomba norcoreana? Esa sincronización es también bastante sospechosa. Y de esa ridícula guisa, Kim Jong Il parece un poco un becario adolescente del Congreso en una fiesta de pijamas. Bien, desde cierta distancia y con poca luz, y si llevas un par de copas.
¿Y qué hay de esto como sincronización conveniente? De la BBC el jueves:
“Un hombre se ha declarado culpable de conspiración para matar gente en una serie de atentados contra objetivos británicos y norteamericanos. Dhiren Barot, del norte de Londres, planeaba utilizar una ´bomba sucia´ radiactiva en uno de una serie de ataques en el Reino Unido, escuchó el juzgado de Woolwich Crown…”
En mi nuevo libro (sale esta semana, amigos: lo encontraréis al final de la tienda pasada la sección de Conspiraciones del 11 de Septiembre y la sección de Toma de Control Teócrata Cristiano de América y el despliegue en torre de la nueva caja de seis CD de canciones de Dixie Chicks acerca de cómo son censurados), afirmo que algunos de nosotros vimos el 11 de Septiembre como la súbita revelación de la punta de un enorme iceberg, e intento tratar las 7/8 partes de ese iceberg bajo de la superficie — la globalización del Islam radical, el free-lancing de la tecnología nuclear, la debilidad demográfica de las democracias occidentales. Otros colegas, sin embargo, ven el iceberg al revés. El enorme peso de la historia — las grandes fuerzas geopolíticas dando caza a la sociedad — el enorme peso, todo haciendo equilibrios sobre el tonto de la semana: en este caso, Mark Foley.
Thomas Sowell dice que la cuestión de estas elecciones no es si usted o su candidato es Republicano o Demócrata, sino si usted es “serio” o “frívolo”. Un montón de americanos, y no solamente su lamentable simulacro de estamento profesional de prensa, están de humor para la frivolidad. Es como ir al teatro. ¿Realmente quiere soportar ese ardiente drama histórico de la Real Compañía de Shakespeare? ¿O preferiría ir a la comedia de sexo de al lado?
En los años 90, los americanos optaron por la comedia sexual — o eso pensaron. Pero en realidad, el ardiente drama histórico continuaba; siempre estuvo allí, oculto entre bambalinas, detrás del comediante narcisista sin gracia que se baja los pantalones sorprendiendo a las primeras filas. El humor de la época era reprimir lo serio de modo que pudiéramos volver al President Lounge Act ofreciendo sentir nuestro dolor. Con Corea del Norte, la gente que prefirió dejar colgando el asunto para dentro de unos cuantos años — Madeleine Albright, Jimmy Carter — han vuelto, redactando editoriales de auto bombo acerca de su inteligencia y previsión. En absoluto. El tan cacareado “acuerdo” de Albright fue un arreglo en el que Washington acordaba impulsar un estado errático dependiente de la ayuda con el fin de permitirle comprar suficiente tiempo para convertirse en una amenaza desestabilizadora seria para sus vecinos y más allá. Muchos de nuestros enemigos presentes — no menos que Irán — se derivan explícitamente de los años en que Carter representaba la “superpotencia” americana como un eunuco sonriente.
Gracias en parte a las vacaciones de la historia durante la última década, Irán y Corea del Norte no tienen que ganar más tiempo. Tienen todo el que necesitan. La vida no es una noche en Broadway, donde puedes decidir que no estás de humor para “Enrique V” y todo el mundo parece estar pasándolo mejor en “La Cage Aux Foley” Olvide a los Republicanos durante un momento. En Connecticut, la competición es entre un frívolo progresista que gestiona un grupo de minucias miopes parroquianas y un progresista serio a la altura de los tiempos y que por tanto ha sido sacado a la fuerza por el Partido Demócrata. Sus votantes estatales no parecen inclinados a aprobar el abrazo incondicional de los Demócratas oficiales a las trivialidades y la miopía. El electorado en general debería hacer lo mismo.
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MARK STEYN es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto.
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