Uncategorized

La vida (por Juan Pablo II) y la muerte (por Obama)

la autoridad real es el “liderazgo por influencia” y nunca la coacción, la violencia siempre destructiva


 

El contraste en las primeras planas del lunes 2 de mayo era impresionante. Muchas anteponían la muerte del terrorista, más salvaje y cruel que se recuerde, al acto
de beatificación de Juan Pablo II.

Aquel chico huérfano y solitario que ni padres, ni tíos, ni primos tenía terminó siendo el hombre más acompañado y querido de todos los tiempos. La vigilia durante su agonía y su muerte, en el Vaticano, fue el acontecimiento más televisado en la historia. Mijaíl Gorbachov, dijo que era “un hombre de libertad, de fe, que sufre siempre
que la Iglesia, o el hombre, es oprimido”. En mi opinión, Juan Pablo II en vida ya obró “milagros” suficientes y, quizás, el más importante sea la demolición de la URSS
mostrando cuán inútiles son las guerras, las armas y la violencia y cuánto más eficiente, para el logro de objetivos, es la autoridad moral.

Confirmando a la ciencia que asegura que la autoridad real es el “liderazgo por influencia” y nunca la coacción, la violencia siempre destructiva. Cuántos hablaron de guerras nucleares y galácticas, marcianos y ataques extraterrestres y no sé cuántas estupideces, para terminar con la URSS y no pudieron o no quisieron: al fin de cuentas se habían repartido el mundo en Yalta. Y este “humilde pastor” lo logró solo y con la paz como el mejor “arma”. Y el ex mundo soviético, aunque todavía muy lejos de la perfección, progresó notoriamente.

En fuerte contraste, Bush aprovechó los salvajes ataques a las Torres Gemelas para atemorizar al mundo y así justificar acciones militares en Irak y Afganistán, un
descomunal aumento en los gastos y otros actos liberticidas como el “Patriot Act” que, no solo fracasaron en derrotar al terrorismo, sino que consolidaron en la región un estatismo anti mercado que mantiene en la peor de las miserias a los árabes, lo que constituye un excelente caldo de cultivo para el terrorismo.

Violencia y estatismo, que van de la mano, que son inseparables porque son la misma cosa, fue lo que trajo Bush a los árabes. Pero ¿cuál es el origen de la violencia? Precisamente el miedo. “¡No tengáis miedo!”, pronunció Juan Pablo en la primera homilía de su pontificado y lo repitió al llegar por primera vez a Polonia, cuando su país natal estaba sojuzgado por el marxismo materialista (que cree que la autoridad no puede ser tal si no está respaldada por material: armas).

Dijo Benedicto XVI durante la Homilía de su beatificación que congregó a más de millón y medio de personas: “ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la
verdad es garantía de libertad”. De qué sirve, por caso, una policía altamente represiva si los ciudadanos pueden conocer, anticipar sus movimientos y escapar. Por eso la
tendencia actual del gobierno de EE.UU. a desinformar y coartar la libertad de prensa como en el caso Wikileaks.

El final de esta historia no podía ser peor. Una “ejecución” de Bin Laden que deja claro que la “seguridad jurídica” hoy para Washington es una ficción, en los hechos, imposible de realizar. Obama pasará a la historia (mejor dicho, lo olvidará la historia porque es sabido que el hombre tiende a olvidar los actos inmorales) como el que terminó de sepultar al “Estado de Derecho”.

Juan Pablo II, que perdonó y abrazó al turco que intentó matarlo, resonará cada vez más fuerte “No tengáis miedo” y el mundo, cada vez más cerca de la Verdad y más lejos de la “autoridad coactiva”, de la violencia, progresará sabiendo que el mal no tiene ninguna posibilidad de triunfar.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú