América, Política

La virtud de la prudencia y el movimiento conservador

El conservador entiende que el ser humano es complejo, impredecible, egoísta, entre muchos otros aspectos que determinan nuestra visión sobre la condición humana.


Por esta razón el verdadero conservador rechaza el populismo, no cree en políticas públicas abstractas para resolver problemas de la sociedad y no tiene mucha confianza en la democracia. Esta teoría del ser humano establece la virtud esencial que debe tener un conservador.

Para los grandes filósofos de la Grecia antigua y del cristianismo como Platón y Santo Tomas de Aquino, la prudencia era la más importante de todas las virtudes. Esta virtud es reconocida por Russell Kirk como uno de los principios que definen el pensamiento conservador. Este principio estipula que cada política pública se tiene que guiar y analizar por las posibles consecuencias a largo plazo. Cada acción política que se toma tiene que ser prudente en el cambio que propone considerando que cada ser humanos es imperfecto, diferente y con costumbres y tradiciones particulares a cada pueblo. Además esta prudencia debe fomentar la permanencia de instituciones y tradiciones de suma importancia para nuestro pueblo. Es bajo este principio de prudencia que debemos basar la agenda del movimiento conservador después de la presidencia de Barack Obama.

Para que la agenda conservadora para el futuro sea exitosa, es importante entender y aplicar este principio, para que sea una agenda de cambio y permanencia regida por la prudencia, gradual y viable. Sin embargo muchos supuestos conservadores han puesto de lado este principio para sustituirlo por populismo, cambios radicales y políticas públicas no viables, llevando así a la frustración a un pueblo conservador que ve con mucha preocupación la dirección por la que va el país.

Muchos cuestionarán la idea de ser prudente en el poder, que Estados Unidos necesita una revolución conservadora mientras exaltan el documento más conservador y prudente de la historia de nuestra nación, la Constitución federal. Este documento ha servido a la nación con notable éxito por muchos años. Mientras otras democracias occidentales han hecho cambios parciales y totales de sus constituciones, la nuestra ha sobrevivido porque en su naturaleza es un documento conservador y prudente.

La Constitución de EE.UU. tiene restricciones prudentes para el poder del gobierno y restricciones a través de la Carta de Derechos para las pasiones del ser humano que pueden ser impuestas por el gobierno. No tiene confianza en la mayoría ni en la democracia, permite el cambio pero hace difícil el cambio. Así que el movimiento conservador debe mirar con mucha desconfianza y quizás rechazar argumentos para enmendar la Constitución en busca de objetivos que se pueden alcanzar a través de la política pública.

Si no actuamos prudentemente en el poder y buscamos implementar una agenda conservadora de cambio gradual, el movimiento no logrará nada. Un ejemplo de cómo la falta de prudencia puede acabar con una agenda política e ideológica es la aprobación e implementación de “Obamacare” por parte del presidente Obama y el Partido Demócrata. Fue una ley que pasó las cámaras legislativas sin apoyo del pueblo americano y sin ningún voto a favor  del Partido Republicano. Sus efectos han sido devastadores para el Partido Demócrata que por ello perdió su poder en el Congreso. La agenda de “cambio” con la que se presentó Barack Obama se ha quedado en todo un fracaso de política pública.

El ejemplo de Obamacare es una ilustración para el movimiento conservador si llegara a tomar el poder en la Casa Blanca. En ella, la virtud de la prudencia deberá reinar. Grandes líderes conservadores como Ronald Reagan y Margaret Thatcher entendieron esta virtud para poder implementar el cambio. Buscaron el cambio en áreas donde el movimiento podía triunfar. En otras áreas de política doméstica, buscaron cambios graduales.

Pero actuar prudentemente en el sentido conservador no se puede confundir con un marco utilitario, sino con un marco histórico y moral. Actuar prudentemente no puede estar determinado por la utilidad, la popularidad de la acción o política pública. Actuar prudentemente significa adoptar normas morales y tomar en consideración asuntos que definen nuestra sociedad como la historia, religión, geografía, prejuicios, nacionalidades, etc. así como la necesidad de evitar políticas abstractas a la realidad de la nación.

Sin embargo, la prudencia en la política no es sólo sinónimo de cambio, también esta virtud ayuda a conservar instituciones, tradiciones y costumbres que sostienen a una sociedad. La agenda del movimiento conservador tiene que articular la importancia de la permanencia y del cambio, explicando cómo éstas tienen que reconciliarse en la sociedad.

También debemos evitar caminar por la misma senda de los progresistas, que por la sed de poder han hecho daño a instituciones como el Senado federal. Las reglas del Senado permitían a senadores de la oposición impedir ciertas legislaciones y nombramientos, pero los demócratas cambiaron las reglas para facilitar la aprobación de sus leyes. Su actitud revanchista violó todos los principios de prudencia por el cortoplacismo y será perjudicial para su movimiento a largo plazo.

La prudencia de la permanencia y el cambio deben ser centrales para el movimiento conservador porque aprecia la continuidad, la tradición y costumbre pero entiende que sin una teoría de cambio, el movimiento no prospera. Si no seguimos estas bases de una agenda de cambio y permanencia de forma gradual y prudente, no podremos mantener el poder ni lograremos implementar la agenda conservadora que necesita Estados Unidos y nuestro pueblo.

© Libertad.org

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