Los Estados Unidos acaban de incrementar sensiblemente sus sanciones económicas al régimen dictatorial del venezolano Nicolás Maduro.
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Viernes, 09 de octubre 2026

Los Estados Unidos acaban de incrementar sensiblemente sus sanciones económicas al régimen dictatorial del venezolano Nicolás Maduro.
Las razones para hacerlo realmente sobran. Basta apenas recordar que el reciente informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación en ese país denuncia que las fuerzas de seguridad venezolanas utilizan sistemáticamente la tortura contra los detenidos por razones políticas, esto es contra los opositores al régimen de Maduro para el que hoy trabajan en suelo venezolano nada menos que unos dos mil quinientos agentes de seguridad cubanos, que residen permanentemente en Venezuela.
Cuba, por lo demás, se ha transformado en el verdadero poder imperial en Venezuela, de cuyos recursos económicos la isla hoy vive descaradamente, como lo hiciera hasta hace muy pocos años con la felizmente desaparecida Unión Soviética.
Para sobrevivir, Nicolás Maduro ha recurrido a sus militares, a los que paga generosamente. Hoy, en rigor, Venezuela es en realidad una dictadura militar. Más de dos mil generales que están en “servicio activo” insertados en las más diversas posiciones de gobierno se han enriquecido inmensamente. Y lo siguen haciendo. Se trata nada menos que de un general por cada 75 soldados, aproximadamente, lo que obviamente no tiene parangón en el mundo. Así Maduro ha comprado con dinero sus lealtades, transformándolos en una “élite” privilegiada que ordeña abiertamente a su país en beneficio propio y que hasta tiene vinculaciones -íntimas y ostensibles- con el narcotráfico, especialmente en materia de cocaína.
Ese perverso sistema, heredado ciertamente de Hugo Chávez, que en su momento lo concibiera, funciona muy eficazmente y habiendo -de hecho- criminalizado a quienes forman parte del mismo, aleja aparentemente la posibilidad de que quienes comandan las fuerzas armadas venezolanas de pronto “traicionen” a Maduro.
Una tarjeta identificatoria, diseñada y administrada por los chinos, es de tenencia obligatoria para los venezolanos. Sin ella no se tiene acceso a los alimentos que distribuye el Estado, ni a los servicios sociales, como sucede concretamente con los que tienen que ver conla salud. Con ella, el Estado venezolano, en los hechos, como sucede también en Cuba, obtiene diariamente valiosa información personal sobre el quehacer y la vida de sus respectivos titulares.
A lo que se suma haber conchabado a peligrosas bandas criminales con las que se conforman los llamados “colectivos”, que son los grupos de represión con los que se disuelven –a palos, violenta e impunemente- las protestas contra el régimen marxista venezolano y se identifica y persigue duramente a los disidentes. Algunas de ellas explotan ilegalmente los importantes yacimientos de oro que Venezuela tiene en el sur del país, incluyendo entre las mismas al conocido movimiento guerrillero colombiano denominado ELN.
En los últimos nueve meses solamente un nuevo millón de venezolanos se ha exiliado, llevando así la cifra total de emigrados a unos cuatro millones de personas que han abandonado, claramente desesperanzadas, a su propio país y alimentado el éxodo venezolano.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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